Banksy

ilustración Banski

A estas alturas aún no hay quién tenga clara la identidad de Banksy. Por eso, después de una exhaustiva y sesuda investigación, horas y horas de durísimas pesquisas, noches y días sin dormir, desde ‘el cine que llevamos dentro’ nos congratulamos de poder traemos la respuesta definitiva a todas vuestras plegarías -EN EXCLUSIVA- la resolución de nuestro profundo cálculo…

Tenemos la solución con nombre, apellido e incluso con un posible retrato robot del aspecto que podría tener actualmente Banksy.

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Después de haberse especulado y descartado identidades tan dispares como la del estudiante de arte Robin Gunningham -quién habría sido descubierto por la policía científica británica después de que aquella hubiese puesto en marcha un laborioso dispositivo a través de un complejo algoritmo para detectar terroristas- o en la casi evidente figura de Robert del Naja a.k.a. 3D, miembro fundador del grupo de trip-hop Massive Attack -hipótesis avalada por el intrépido e inteligentísimo periodista Craig Williams, quién aportaría riquísimos y fehacientes datos que determinando las fechas concretas de los conciertos producidos por la banda de Bristol -a raíz de su tour mundial- coincidirían exactamente con la eclosión de nuevos murales de Banksy en sitios estratégicos de las ciudades visitadas por el grupo…

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Después de haber descartado todas aquellas descabelladas hipótesis que incrementarían durante décadas las ganas irrefrenables de descubrir la misteriosa identidad del comprometido y rentable grafitero, finalmente pudimos llegar a la conclusión de que Banksy es… -sujetaros bien fuerte que esto es un escándalo-…

Banksy no es otro que Robin Banks.

-Me tomáis el pelo: diréis algunos de los más escépticos de entre vosotros. Pero calma, os pedimos paciencia y que atendáis. Si os explicamos nuestro racional, lógico y profundo método de indagación y análisis llegaréis vosotros mismos a las mismas conclusiones que nosotros… incluso sin necesidad de conocer las ineluctables leyes de deducción, inducción y abducción que hemos estado empleando.

Antes de nada esclarecemos que no nos referimos al rapero del mismo nombre:

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Nuestro concluyente hallazgo se fundamenta en el hecho incontestable de que las cuentas bancarias de los magnates que han venido adquiriendo la obra de Banksy a lo largo del tiempo, ya no son las mismas después de haber pagado exorbitantes precios por ella. Con ello tendría que desvanecerse de inmediato cualquier sombra de duda que aún pudiese existir respecto a la identidad de este consumado ladrón de bancos (Robin Banks). Sin embargo nuestro radical método investigador no es tan básico y lo podréis constatar más adelante. Antes tenemos que matizar que el propio Banksy tampoco es que se haya lucrado de sus propios asaltos, al menos en una primera instancia. Y para el caso, los beneficiarios inversores de su obra quizá hayan hecho un buen negocio y paradójicamente el desvalijado de sus cuentas les haya supuesto una fiable garantía de ganancias extras a mediano y largo plazo, sin que para tal, curiosamente, el seguro guarde cualquier relación con el crimen…

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Algunos seguiréis pensando que no pasa de un pobre argumento el que ofrecemos de acuerdo al escándalo proclamado, sin embargo quizá descuidéis el hecho de que cada vez sea más evidente la brecha legal abierta de par en par en todo este turbio asunto. Por lo pronto, consideremos que la adquisición de la obra de un supuesto rufián y criminal, un vándalo (según los más acreditados ciudadanos en puestos de poder y vigilancia del cumplimento de la ley) debería considerarse un crimen aún más grave e implicar sanciones aún más severas. No olvidemos que la negociación e inversión millonaria en la producción de la factoría Banksy lo que incrementa y promueve finalmente es el propio vandalismo…

Dar bombo y platillo a una acción que supuestamente está perseguida por ley y que luego la ley misma se quede de brazos cruzados respecto al propio bombo y platillo empleado en una evidente subversión de todos los cánones de la buena conducta ciudadana, no solamente nos deja perplejos, reflexivos e indignados, sino que verifica una vez más nuestro incontestable hallazgo. Banksy ha vuelto a la carga y esta vez no ha robado solamente el banco y sus cuentas más abultadas, sino que ha tomado las consciencias de todo el mundo… las nuestras incluidas.

Por otro lado, no podríamos más que poner en cuarentena los propios motivos vandálicos que llevan tanto a la expolición y destrucción de la obra pública realizada por el artista y su verdadera razón de ser -como obra de carácter público, desinteresada- como el hecho de que los negocios llevados a cabo en torno a esta -desde las más prestigiosas instituciones a los más descarados marchant- sean de hecho el verdadero motor que ha puesto a Bansky en el mapa arrojando todas estas interesantes cuestiones.

Finalmente, quizás esto no responda sino al síntoma de la más expansiva de las esquizofrenias que viene azotando nuestro precioso planeta en su inexplicable evolución. ¿Pero serán conscientes sus ricos adquiridores de los contradictorios mensajes de la obra del autor relativamente a sus interesadas normas de conducta? ¿Al final sus abultadas carteras ya no saben qué comprar y terminan así arrojando arena sobre sus propios tejados, abriendo los ojos a dispares realidades que nada tienen que ver con su mundo? ¿Les atraerá lo exótico? ¿Será consciente el propio Bansky de la paradoja en que se está convirtiendo su propia obra dadas las voraces circunstancias que la engullen?

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Cuestiones como esta no son más que la punta del iceberg de la reflexiva y comprometida obra de este creativo y sensacional prodigio que responde por el nombre de Bansky -o Robin Banks- y nosotros solo podemos aseverar que hace muchísimos años que no nos cruzamos con una obra suya por la calle. A todo ello, aún no tuvimos ocasión de explicar nuestro motivo, nuestro interés detrás de la exclusiva presentada y del tratamiento de tan peculiar, polémico e interesante artista en el contexto del cine que llevamos dentro:

Quizá no seáis del todo conscientes que desde 2009, todos los años ha salido al menos una película relacionada con el famoso grafitero. Instructivos, excitantes y combativos documentales y toda clase de aproximaciones han poblado nuestras pantallas, tanto de la mano del propio Banksy -dirigiendo él mismo algunos de estos títulos- como por parte de otros maestros de la ficción y sobre todo del cine documental. Uno de los más interesantes filones de la actualidad, que sin agotarse en sí mismo sigue imparable, produciendo nuevas cuestiones también a través del cine. Es probable que nosotros quizá no le tuviésemos tan presente de no ser por estas maravillosas joyas del séptimo arte. Tan solo de los títulos que mencionan explícitamente su nombre de marca, pudimos ver estos catorce:

‘The Man Who Stole Banksy’ (2017) de Marco Proserpio, ‘Saving Banksy’ (2017) de Colin M. Day, ‘I’m Banksy’ (2016) de Eddy Bell (interesante corto de 20 minutos), ‘The Banksy Job’ (2016) de Ian Roderick Gray y Dylan Harvey, ‘Chasing Banksy’ (2015) de Frank Henenlotter, ‘Banksy Does New York’ (2014) de Chris Moukarbel, ‘Keep it Real: Banksy NYC’ (2013) de Lizabeth Zindel, ‘How to Sell a Banksy’ (2012) de Christopher Thompson y Alper Cagatay, ‘DocoBANKSY’ (2012) de Dominic Wade ‘Graffiti Wars’ (2011) de Jane Preston, ‘The Antics Roadshow’ (2011), ‘Banksy’s Channel 4 Street Summer Hijack’ (2011) y ‘Exit Through the Gift Shop’ (2010) del propio Banksy. Y finalmente la propia visita del callejero artista a los opulentos mundos de ‘Dinastía’ en ‘Banksy’s Coming for Dinner’ (2009) de Ivan Massow.

Una de las cuestiones que trajo de cabeza a los seguidores del artista fue precisamente el hecho de tratar de mantener a rajatabla su anonimato. Empezaba a parecer una pose para seguir alimentando la especulación hacia su persona y así incrementar aún más su creciente popularidad. Estaría a punto de dejar de ser una simple cuestión pragmática -dada la ilegalidad de su trabajo- cuando su mensaje se hiciese masivo y una buena parte de la opinión pública se congraciara con sus serios mensajes de carácter político-social, altamente humanos. El propio panorama del mundo del grafiti cambiaría y a las pintadas que antes se pudieran considerar suciedad y vandalismo, algunos empezarían a mirar con ojos reflexivos… El político Banksy después de todo, parecía negarse a dar la cara por todo lo que decía defender. Parecía tirar la piedra sin que nunca nadie tan solo hubiese tenido la oportunidad de atisbar su mano.

En esta última película de la lista, la primera en aparecer el propio Bansky, podemos verificar una vez más la veracidad de nuestra conclusión respecto a la identidad que de él profesamos. En aquella ocasión, el ‘asalta bancos de consciencias’ callaría propios y extraños no dudando acudir -a pedido de su amigo Ivan Massow, director del documental- a una distinguida cena organizada en la mansión de Joan Collins y dando la cara -pixelizada, por supuesto- pero enseñándosela sin prejuicio ni obsesión a los distinguidos comensales de Joan. Asimismo, aseverando en sendos testimonios que se recogen en la película, los principios básicos de su lucha y la irrevocable necesidad de permanecer en el anonimato para poder seguir haciendo su trabajo.

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Pese al impagable tratamiento que le profesaría en todo momento al artista su maravillosa anfitriona Joan Collins, durante la pomposa cena destacaría la hipocresía de los ricos frente a las cuestiones levantadas en torno a la frivolidad del primer mundo, del pudiente entorno en el cual se encontrarían todos cenando.

Imaginaros a la célebre actriz británica, conocida internacionalmente por su memorable personaje en ‘Dinastía’ (1981-1989) -Alexis Carrington Colby- invitando a cenar a un conjunto de ilustres provenientes de varios extractos sociales y ponderando la hipótesis de que algo pudiese no salir del todo bien… y luego, a la cuestión de Banksy en torno a la extrema necesidad de denunciar el estado lamentable en el cual el mundo se desequilibra, ella sale de inmediato en su defensa explicando que antes su hija podía tener algunas muñecas pero que lo de su nieta ya es para llevarse las manos a la cabeza. No obstante Percy, el marido de Joan explica que el consumismo si te hace feliz no tiene porque ser nada malo. Evidentemente Joan, divina como ella misma, termina apaciguando los humos confesando que ella también es un poquito consumista. Evidentemente, el resultado de toda aquella experiencia no podría haber sido mejor. Todos disfrutarían de la velada y quizás Banksy, sería el único dándole vueltas a sus dilemas a la salida de la mansión, de vuelta a casa.

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Aunque dicho encuentro mucho tenga de capciosa realidad, aunque el aroma de lo espontaneo y natural no resuma por ninguna parte en esta artificial puesta en escena, el documental de Ivan Massow une dos mundos que parecen luchar perpetuamente en nuestro íntimo más arraigado. Solo con ver la divina Joan parece que se evaporan todos nuestros problemas y que hemos sido convocados a un recatado, selecto y muy exclusivo lugar en dónde pensar demasiado ha sido del todo interdicho. Es harto complicado no dejarse embrujar por todo aquél lujo y toda aquella belleza, el buen gusto y los disparatados ademanes… y no obstante seguimos aquí, convocando a uno de los artistas más sensibilizados con el estado ruinoso de nuestro mundo inmundo, uno de los seres socialmente más comprometidos de que tengamos memoria. Y qué ha tenido la suerte inmensa de ver logrado el sueño de tantos, el reconocimiento de su obra, tan importante.

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El gran Banksy, que no ha dudado en viajar al conocido ‘Muro de la vergüenza’ en Cisjordania para cubrirlo con sus sobrecogedoras y demoledoras críticas. El impacto de su obra ha sido tal que hoy día existe una ruta turística alternativa para visitarla.

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Banksy, que ha pintado las paredes de Nueva Orleans después del devastador efecto del Katrina.

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Que ha logrado colarse de incógnito (vaya si de incógnito) en los museos más famosos del mundo para plantar sus corrosivas y reflexivas obras. En el museo de Historia Natural de Londres:

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En el Museo Británico:

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En el Moma de Nueva York:

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Banksy también es el grafitero que no dudó en exponer de forma convencional en su ciudad natal, en Bristol. La muestra se llamó Banksy Versus Bristol Museum, e incluso se llegó a cerrar el centro durante tres días para poder montarla en secreto. Y así, por primera vez el dinero de los contribuyentes se utilizó para colgar sus obras en lugar de para borrarlas.

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Muchos de sus detractores dicen que no pasa de un hipócrita porque seguramente cenará más a menudo con Joan Collins de lo que nos hace creer. Qué a pesar del mensaje anticapitalista de sus obras trabaja para mastodónticas corporaciones como Puma y MTV y en Sothesby’s, en Bonhams y demás, sus obras alcanzan precios desorbitados. Pero lo cierto es que no deja de ser significativo el hecho de que haya probado abrir un puesto con sus obras firmadas en Central Park, al irrisorio precio de 60 dólares cada una, y solo se hayan podido vender 8. Seguramente también nosotros pasaríamos de largo sin dar crédito alguno a tal despropósito.

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Nominado a los Óscar, y premiado como mejor documental en los Independent Spirit, aparte de una importante cantidad de nominaciones en un montón de certámenes, en ‘Exit Through the Gift Shop’ (2010), Banksy cavila sobre el hecho de que el arte callejero se haya convertido en un producto más de consumo, un objeto de especulación que ahora acumulan las clases altas.

No deja de ser paradójico que la misma clase a la que satiriza Bansky en su obra, sea luego la que le consuma pagando elevadísimos precios por ella.

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Pero si nos llevamos la mano a la consciencia quizá de encontrarnos una de sus obras por la calle no nos resistiríamos. Aunque fuese algo peor que asaltar un banco, para qué venga otro y lo haga, mejor lo hago yo.

Quizá tan solo lo hiciésemos en el intuito de alardear como hace Joan. Como alardean los coleccionistas de su obra Brad y Angelina… porque por lo que viene siendo el dinero, mejor lo barreríamos, avergonzados, para detrás del muro.

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“El arte no será ni la belleza ni la novedad, el arte será la eficacia y la perturbación”

(Robin Banks)

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