En el cielo todo está bien

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La realidad es un lugar muy desprotegido dónde el viento azota constante, hiriente látigo con redoble chasquido como recordatorio de por qué vinimos a este mundo. El viento azota y es invisible, pero aún así damos buena cuenta de su acción demoledora. Quizá nada exista más presente a lo largo de nuestra corta existencia.

A menudo, la función del cine de ficción ha sido la de posibilitar vías de escape a la crueldad misma de la vida. No en vano se le considera al gran arte, el del entretenimiento. Opción que no es nuestra predilecta y que sin embargo seria totalmente absurdo tratar de obviar. Opción que puede incluso prefigurarse más allá de toda verosimilitud pero que ni así, deja de componer la propia estructura de nuestros más francos anhelos: viajar muy lejos de nuestra misma realidad, alzarnos a otras dimensiones olvidando por momentos los angelitos susurrantes en el hombro. Probar nuevos sentimientos nunca experimentados en primera persona y toda una amplia gama de sensaciones que –pese a estar atrapadas en la prisión de la pantalla- no dejan de guiñarnos e interpelarnos por nuestra propia condición, física, real. Despertándonos en medio del mundo de ensueño que propone y que virtualmente tendría que atraparnos en todo momento…

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No es una locura querer adentrarse en un libro para quedarse a vivir para siempre. Huyendo despavoridos de la vida… Deme el más gordo de la estantería por favor, que he escuchado que todo se termina al final, pero bueno, no pierdo nada si le saco el mayor provecho posible…

El cine de ficción no es como un libro en el que puedas perderte incontables semanas, sumergirte en tramas que formaran parte de ti y te acompañaran en tu necesaria evasión todo cuanto quieras. El cine de ficción -si no te empeñas en rebobinar mil veces la cinta y vuelves a empezar nada más llegar a los créditos- tan solo se limita a unas dos horas en las cuales desconectas como quién pone el modo avión durante un necesario sueño reparador, y no mucho más. En el mejor de los casos, puede que el espectro de la película te persiga unos cuantos días, desvaneciéndose gradualmente en los reductos de tu memoria. Acompañándote y susurrándote desde esa otra dimensión tan necesaria, pero que -como en todo sueño despierto- se evapora a la más mínima contrariedad. A veces -en muy raras ocasiones- al fantasma le gusta tu compañía y se queda a vivir para siempre. Pero bueno, eso casi nunca pasa.

No solamente existe cine de ficción escapista y para la evasión. La ficción rara vez procede de la nada, abstracta entelequia poblando mundos de ensueño, vagando más allá de toda lógica y comprensión. Aparte de sus objetivos concretos, en sus cuidados programas didácticos, lúdicos, filosóficos o de pura poesía liberadora, lo más habitual es que se genere partiendo de premisas reales -al menos que sean plausibles- y luego derive hacia hipótesis con mayor o menor grado de posibilidad. Casi posibles. Imposibles pero maravillosas…

Definitivamente no hablamos del mismo cine si nos referimos al cine de corte documental o si nos dejamos atrapar por el de ficción para especular más allá de la realidad. Aunque convengamos que lo de las etiquetas, géneros, subgéneros y otras restrictivas nomenclaturas sirven tan solo en la medida de sus propias subversiones, encuentros y desencuentros en el traspaso de sus supuestas fronteras. Olvidamos con facilidad que en gran medida la realidad es mucho más extraña que la ficción. La realidad es más dolorosa y también mucho más sorprendente, mientras que a la ficción, por serlo, se la acepta sin prejuicios ni mayor sorpresa -perfecta vía de escape-. Quizá lo olvidemos tan fácilmente precisamente porque la misma condición de la realidad es su proximidad, cercana encarnación de la propia existencia, mientras que la ficción vive en todo aquello que por definición supera la realidad y está fuera de nuestro alcance.

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Esta es la antigua dicotomía entre diégesis y mímesis -del que cuenta un cuento (y siempre acrecienta un punto conforme a sus propias reglas narrativas) y del que trata la fehaciente realidad sin intervenir para no mancillarla (tratando no intervenir). La presencia y la ausencia/lo real y lo ficticio. Ambas, parte indisociable de lo humano en sus más diversas formas a lo largo de los siglos y de los milenios. Ambos necesarios e imprescindibles para entender la propia condición humana, y por lo tanto, los dos totalmente imperfectos en sus logros…

Real y ficticio son las caras opuestas de una misma moneda que de ser posible verse sin trucos ni accesorios desde un mismo ángulo, devendría la misma imagen de Dios – organismo completo e indivisible.

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El cine-realidad a menudo plantea temas demasiado presente en nuestras vidas como para causar el más beneficioso de los efectos sobre nosotros, ciertamente nos pille demasiados entumecidos. Son ya muchos telediarios y la cosa no tiene pinta de ir a mejor. Por eso, para lograr una sensibilidad a flor de piel se requieren anzuelos muy especiales: como la meditación, la relajación, la hipnosis y otros trucos -garantías para elevarnos más allá del suelo- para dejarnos levitar cual cometa con la promesa de una visión impactante, sobrecogedora e inesperada.

A veces, la posibilidad que encierra la ficción cinematográfica, con todo su deje de pseudo-realidad -mantenida en tácito acuerdo- plantea grados de consciencia mucho más cercanos a la realidad que la realidad misma, descarnada. Más importante que toda opción verdadera, la magia que nos tantea adentrándose por todos nuestros poros y que nos aguarda al otro lado. En el más allá de toda hipótesis descartada… en el cielo.

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Hoy nos detenemos en un extraño limbo entre la vida y la muerte, entre las posibilidades de la muerte y las imposibilidades de la vida. ‘Heaven’ (2002) es la película que os sugerimos esta semana y que a nosotros nos impactó y nos sobrecogió y nos hizo cintilar la mirada en hipótesis totalmente absurdas.

A todo ello, varias realidades patentes:

  • La muerte de Krzysztof Kieślowski, quién junto a su guionista de cabecera Krzysztof Pieziewicz, habrá ideado un guion que solo sería terminado después de su muerte. De quién se habrá dicho que no pretendía rodar él mismo aquella historia -parte de una misteriosa trilogía- sino que su intención era precisamente la de que jóvenes directores se encargasen de darle forma.
  • Por supuesto, tenemos el hecho de que la historia de ‘Heaven’ forme parte de una supuesta trilogía de cuya segunda parte se habrá encargado el bosnio Danis Tanović: ‘El Infierno’ (2005) (autor sobre el cual versará nuestro 7 Rarezas de la próxima semana).
  • El hecho de que afirmemos que ‘Nadzieja’ (2007) de Sanislaw Mucha -como decíamos la semana pasada en nuestro vídeo- pertenezca a una segunda trilogía de la mano de Pieziewicz -Fé, Esperanza y Amor- de la cual aquella seria la única parte rodada hasta el momento- y que por tanto, definitivamente no tendría nada que ver con la última entrega de la trilogía original.
  • Siendo así, nos restaría preguntar dónde está la tercera parte de la trilogía ideada por el tándem polaco de los Krzysztof, la cual completaría su particular visión de la Divina Comedia y que llevaría por nombre ‘Purgatorio’…
  • Para más inri, parece ser que existe una reciente producción islandesa, ‘Wander and burn, the endless stars’ (2017) cuyo guion estaría firmado por Pieziewicz en un nuevo tándem formado entre él y Zsigmond James y que se trataría de una larga película de 3 horas -sin mención al director- y que recogería las tres partes integrales de la nueva trilogía de Pieziewicz -Fé, esperanza y amor-.
  • Por si todas estas realidades no fuesen ya suficientemente turbadoras, en la supervisión de la producción de ‘Heaven’ tenemos otro tándem más, el formado por los malogrados Anthony Minghella y Sydney Pollack y su productora Mirage Enterprises en asociación con Miramax films.
  • ‘Heaven’ fue rodada en Turín y en la Toscana por el director alemán Tom Tykwer, en pleno estado de gracia. Él es el autor de títulos tan contundentes como ‘Soñadores’ (1997), ‘Corre Lola Corra’ (1998), ‘La princesa y el guerrero’ (2000), o ‘3’ (2010). En sus recientes colaboraciones con los/las Wachowski en ‘El mapa de la nubes’ (2012) y en la genial serie ‘Sense8’ (2015-2018), o en su genial y más actual apuesta, la oscura y pré-nazi ‘Babylon Berlín’ (2017- )… Pero en ‘Heaven’ como decíamos, Tykwer lograría recoger al más ínfimo pormenor las magistrales y arrebatadoras actuaciones de Cate Blanchett y Giovanni Ribisi, sus dos protagonistas.
  • A pesar de ser músico y haber compuesto casi todas las bandas sonoras originales de todas sus películas, en esta ocasión el director alemán recurriría al maravilloso trabajo del músico estonio, Arvo Pärt.
  • El año del estreno de ‘Heaven’, el 2002, el mundo seguía profundamente conmocionado por los atentados producidos en las torres gemelas en año anterior. Nada más empezar la película se ve a:

Phillipa (Cate Blanchett) preparando una bomba en su casa. Tocando madera antes de salir a la calle. Volátil y algo distraída -visiblemente nerviosa pero determinada a un tiempo- caminando por la calle se acerca a un enorme edificio de cristal. Sube en el ascensor más allá de la decimonovena planta. Mientras tanto, vemos como un papá con sus dos niñas se dirigen al mismo edificio. Las niñas están entusiasmadas por poder ir en el ascensor de cristal hasta tan arriba. Papá les promete subir hasta lo más alto del edificio. Mientras tanto -con cierto humor- Phillipa logra convencer a la secretaria de un alto cargo al que pretende ver sin cita previa pero con impaciente urgencia -se trata de un problema erótico- le espeta. La secretaria que no da crédito, acude al interior del despecho a ver qué puede hacer al respecto… Por la puerta entreabierta, Phillipa logra plantar su bomba dentro de un cubito de basura negro sin que nadie se de cuenta.

Sale corriendo… para, una vez en la calle, llamar enseguida por teléfono a la secretaria y avisarla que baje de prisa, la escusa es que la alarma de su coche se ha activado y es demasiado molesta.

Mientras tanto, el papá y las dos niñas siguen en el ascensor apreciando las vistas desde las alturas. La mujer de la limpieza se pasa por el despacho y vacía el pequeño cubo de basura negro en su carrito. Se encamina al ascensor cuyas puertas se abren en ese momento. Aún llega a decirles al papá y a las niñas que se espera al siguiente, pero el amable papá le dice que pase, que hay sitio suficiente para los cuatro y para el carrito…

El ascensor explota, pero para entonces Phillipa ya está de regreso a casa.

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A la mañana siguiente los carabinieri la despiertan tirando abajo la puerta de su apartamento y ordenándole que les acompañe a comisaría. Phillipa conoce sus derechos, y a pesar de hablar italiano, durante el interrogatorio exige la presencia de un intérprete. Los policías no dan crédito a la desfachatez de la terrorista, pero uno de los carabinieri, Filippo (Giovanni Ribisi) dice estar cualificado y se ofrece para traducirla.

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Entonces en inglés, Phillipa explica que es de nacionalidad inglesa y que trabaja como profesora de inglés en Italia, sin embargo no sabe cual es su estado civil. Al parecer estaba en trámites de divorcio cuando su marido murió de una sobredosis. El responsable por su muerte y la de muchos de sus alumnos era el hombre del despacho al que iba dirigida la bomba. Phillipa dice haber enviado muchas cartas a los carabinieri alertando de quien se trataba realmente aquel hombre en un puesto de poder tan importante, pero explica que no le hicieron ningún caso. Cuando el comisario niega haber recibido dichas cartas, Phillipa les dice que tiene copias y resguardos de como aquellas habían sido recibidas por ellos, pero también les dice de la cajita dónde guarda todas sus cartas… -Por supuesto, al día siguiente los carabinieri negarán haber encontrado dichas copias en su cajita y seguirán tratando de averiguar a qué célula terrorista pertenece y como consiguió la bomba etc.- Pero aún durante el primer interrogatorio, bajo la mirada atenta de Fillipo, le dicen que ella es la responsable de la muerte de dos niñas, su papá y una mujer de 50 años.

En ese instante la piel de gallina no es suficiente para describir todas las emociones, toda la estupefacción, todo lo que le pasa por la cabeza a Phillipa. No puede ser! Ella estaba convencida de haber matado al mafioso responsable por tantas muertes y en su lugar…

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A partir de aquí la película se transforma radicalmente en algo completamente distinto. Fillipo se enamora de Phillipa y en su huida sin fundamento -a la cual ella solo accede contemplar porque sigue queriendo matar al mafioso- sucede un doloroso brote de agonía en lo que les depara el futuro a estos dos bellísimos personajes.

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Fillipo, con su carita de niño destruyendo toda su vida -pero por amor a Phillipa- quién habiendo tratado de hacer justicia por sus propias manos -más importante que cualquier posible consecuencia- ahora se siente como muerta en vida por el rumbo que tomó su decisión.

No obstante se dan a la fuga ¿pero hacia dónde pueden huir?

El amor mueve montañas, sobrevuela precipicios y todo lo logra, ¿pero qué clase de vida les espera?

Mucho se ha especulado acerca de la procedencia real de este relato maravilloso del cual aquí solo os desvelamos un trocito. No se sabe cuánto tiene de Kieślowski, cuánto de Pieziewicz. No se sabe hasta que punto la visión de Tykwer respecto al guion original y su procedencia le habrá condicionado por un casi inevitable homenaje/tributo rendido a Krzysztof Kieślowski. Si barajando hipotéticas decisiones que hubiese tomado el polaco, su propia visión no se habrá mermado o si por otro lado, se habrá desarrollado más allá de toda razón y lógica en una comunicación imposible con el más allá…

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A la realidad quizá le importe un bledo lo expuesto aquí. La realidad ofrece demasiado pocas garantías como para evocarla en esta clase de dilema moral que transcurre a las puertas de la vida. Hay entidades ficticias que tienen la patente del otro mundo, del más allá, pero la realidad jamás podrá tener la veleidad de otorgárselas a si misma, de hacer gala de algo que no le pertenece.

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Lo cierto es que a Phillipa y a Fillipo les aguarda una dimensión en la cual entraran como ángeles por el portón. Y la suya será recordada como una de más bellas e imposibles historias de amor, porque en el cielo todo está bien.

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