Guía práctica para encontrar a Laura Palmer

ilustración Lynch

Sería totalmente imprudente pensar que Laura sigue viva en alguna parte. De hecho sería una imprudencia magnifica porque rompería absolutamente todo lo que creemos creer. Probablemente se nos rajaría la cabeza en dos si volviésemos sobre ello. Por eso, ¡Basta ya!

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Cuando hace poco más de 25 años Laura le dijo al agente Cooper que le volvería a ver dentro de 25 años, estaba claro que el escrupuloso y concienzudo agente del FBI había resuelto ya el extraño y enrevesado caso del asesinato de la joven Laura y no quedaban dudas respecto a su estado y a quién la había asesinado. Caso cerrado, terminó ‘Twin Peaks’ (1990-1991)… se trató de un sueño imposible al que asistimos maravillados, excepcional divagación por territorios inexplorados que no volvería a darse salvo en contadas ocasiones, sin embargo, justo ahí residiría la suma de todo lo que realmente importa. Inexorablemente abandonada, aplazada durante un enorme e infinito hiato que persistiría revoloteando en nuestros corazones sin encontrar asidero.

Desde que Jack Nance (actor que daría vida al afligido protagonista de la crepitante ‘Cabeza borradora’ (1977) de David Lynch) descubriese el cuerpo sin vida de Laura -envuelto en plástico- a la orilla del río cerca de la cascada… todo lo ocurrido en la primera y segunda temporada, e incluso en la extraña precuela “Fuego camina conmigo” (1992) -que cuenta del último día de Laura en la tierra- todo ello expondría los signos exactos de un caso tipo, propio para ser resuelto por inteligencia y por el FBI. En aquellos pequeños pueblos de 5.201 habitantes, la policía local suele andar escasa de recursos y ciertas materias insisten en resistírseles. Para casos más complejos está el cuerpo de elite, agentes previamente preparados en cuestiones ciertamente desconcertantes para la mayoría de los mortales. Cierto que aún repleta de extravagantes e incomprensibles ramificaciones, estrambóticos y adorables personajes, Twin Peaks no dejaba de ser una serie policiaca, –sui generis- profunda y extrañamente entrañable y totalmente revolucionaria dentro del panorama televisivo comprendido hasta entonces. Pero pasados 25 años, el vaticinio de Laura se cumplió a través de la pluma y las capacidades meditativas de David, quién pasado todo este tiempo volvió a algunos de los personajes de entonces y a otros nuevos -algunos que ya salían entonces y que aún no conocíamos en persona-.

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Como en la vida misma, en Twin Peaks el tiempo no pasa en balde… por eso, nos huele que mucho ocurrió durante este durmiente cuarto de siglo que no viene a cuento explicar ahora, y que sin embargo, deberíamos tener en cuenta a la hora de abordar la nueva temporada. La tercera es aún más brillante, increíble y maravillosa que sus antecesoras de hace 25 años, y esto sí que nadie se lo esperaba. Que se te abra la boca pero que ya no la puedas volver a cerrar es algo realmente insólito, nos sorprenden muchas cosas pero que se queden sorprendiéndote ad infinitum… ufff, no es nada fácil de creer.

Twin Peaks siempre fue una apuesta surreal que nadie con dos dedos de frente admitiría de buenas a primeras si se lo hubiesen contado. Una delicia de exquisitas sensaciones que se van sentando en nosotros para hacernos partícipes de un presente -sofá y mantita- que está realmente distante de todo aquél mundo, aparentemente improbable, pero que aún así, nos alerta vehementemente para el hecho que de un segundo al otro todo pueda volverse del revés. Nuestra mente es la puerta a esos mundos que siempre temimos visitar pero que nunca logramos evitar. Caemos en la tentación y terminamos cayendo en ellos, sin tan siquiera tener que quitarnos la mantita ni nada.

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Ya desde sus comienzos nació como mucho más que un simple producto televisivo. De hecho entendemos que no guarda cualquier relación con la industria del entretenimiento como tal. Prodigiosa aventura del inconsciente de su autor, tan potente e invasiva como los máximos exponentes de su lustrosa filmografía, incluido ‘Terciopelo Azul’ (1986), ‘Carretera perdida’ (1997) o ‘Mulholand Drive’ (2001). Siempre experimental como su atípica ‘Una historia verdadera’ (1999), siempre híper-estilizada como ‘Corazón Salvaje’ (1990). Twin Peaks contiene y patenta su indiscutible sello -condensado y expandido- como exhibicionista mostraba en su obra cumbre -la cual ya no era simplemente cine- ‘Inland Empire’ (2006). Puro Lynch, adentrándose en esta nuestra dimensión, tan plana la mayor parte del tiempo en lo que a cine, series de televisión y otros avatares del audio-visual se refiere.

La suya ha sido una dura e intensa batalla a la lógica que sin tregua avanzó de manera a cambiar nuestra percepción a cerca de las posibilidades del medio y de paso, nos puso en cuarentena todo lo creíamos saber a cerca de todo y de nada.

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Sin embargo, la entrega de uno no siempre concuerda con la capacidad del otro: ¿Da dios dientes a quién quiere nueces? Bah!!! Una historia tan arriesgada como pionera, inusual y compleja… evidentemente tenía que tener los días contados. Hace 25 años no los tenía más que hoy día. Nos atreveríamos a aseverar que hoy tiene aún menos posibilidades de florecer que lo tuvo a principios de los noventa del siglo anterior. ¡La filosofía ha muerto! Poesía!!! ¿Eso qué es? Y no nos cabe duda que cuenta con una envidiable legión de fans… (a saber cuantos de ellos con falsos carnets, cuantos verdaderos y entregados devotos).

La eclosión del culto por la rareza prolifera como jamás habíamos imaginado, la expansión de la mitomanía y la asunción del mundo freak -que hoy día se asuma como algo digno de declarar a viva voz cuando hasta hace nada era considerado propio de empollones carentes de contacto físico, toda una vergüenza– es prueba fehaciente de que hay mercados bizarros que no cesan su imparable ascensión. Pero ni aún así… si nos fijamos con atención, en realidad los graciosos y estereotípicos nerds de ‘The Big Bang Theory’ (2007- ) por ejemplo, no dejan de profesarle su adoración a estupendos superhéroes, de mostrar su devoción por series tan geniales como las de la franquicia Star Trek, de hacerle sugerentes guiños a personajes que han invadido nuestra memoria colectiva como los de Star Wars, Indiana Jones o Harry Potter. Block Busters ilustrativos de nuestra reluciente riqueza cultural, bastiones imprescindibles para el chiste fácil -aún inteligente- porque difícil ya es la vida real, con nuestros dramas, trágicos y horripilantes sucesos.

Sin embargo, aquellas no pasan de rarezas de coletilla… Al fin al cabo, para eso está Sheldon Cooper y su troup… vanguardia académica de las teorías físicas más punteras dentro de los derroteros de lo último en conocimiento. Aquellos doctores e ingenieros son la representación ideal del concepto ‘freak’, y aunque por un golpe del destino el doctor Cooper conociese al agente Cooper -con todo lo que sabe el sabiondo doctor de mundos paralelos, de la inmensidad cósmica y de la necesaria creatividad intrínseca a toda ciencia- aún así, dudamos que incluso él pudiese ayudarnos a encontrar a Laura Palmer. Quién a este mundo ya no pertenece hace más de 25 años. Lo cual claramente no es motivo de risa.

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Pero ojo, no queremos darnos a la malinterpretación: La risa no deja de ser el mejor resultado de la inteligencia misma y quizá sea esta una de las razones más contundentes para no perder la fe en la humanidad. Además Twin Peaks siempre se prodigó en geniales golpes de humor que no dejarían de ser parte de sus eclécticas y exponenciales señas de identidad, aquí no insistimos en la innecesaria paradoja. Simplemente afirmamos que la esencial serie de David Lynch y Marc Frost siempre fue mucho más que risa.

Su apurado sentido del rescate etnográfico norteamericano, el terror verdadero, el horror más escabroso y lo macabro más retorcido penetrando la vida real. Estados de consciencia alterados y otros exiguos accesos a insondables dimensiones. Su radical falta de prejuicios. El rigor de un cuerpo policial capaz de lidiar plenamente con lo paranormal. Arte, ruralidad, teoría, secreto, locura y superstición -todo ello de la mano- veloz alejamiento radical de toda lógica en su sistemático laberinto de posibilidades… ello conforma, forma y deviene fuerza de mayor inquietud y desconcierto, pero también, jugoso manjar onírico tan solo equiparable a la compleja vida real -aún hiendo más allá de toda posibilidad-. Porque si atrapados en estas complicadas tramas no podemos más que reaccionar con la típica carcajada nerviosa, expresión de ‘me estás tomando el pelo’, quizá no por ello deberíamos abstenernos de considerar con seriedad lo que aquí realmente importa: David no nos toma el pelo, hace tiempo que ha tomado nuestro cerebro entero. Y además, somos totalmente conscientes de ello y orgullosos nos congratulamos de afirmarlo.

Por si pudiesen quedar dudas al respecto, esta tercera temporada nos lo termina confirmando del todo. Se cohesiona tan perfectamente en la inmensidad cósmica y es todo tan explicito, visceral y auténtico… todas sus piezas -aparentemente no pasibles de encajar por no guardar relación entre sí- conforman un todo holístico, panteísta y tan real que solo su prodigioso corazón central nos permite atisbar algo comprensible a nuestra modesta escala, inmediata pequeñez insertada en la totalidad. Latiendo en su mismísimo centro, del octavo capítulo bombean los fluidos del universo entero, inentendible y mucho más verdadero que la mundana nimiedad que suele ocuparnos: Nebulosas, enanas morrones y galaxias enteras tomando todo el protagonismo, las creaciones prodigiosas de los hombres como el implacable hongo nuboso atómico interviniendo en el centro de una confusión láctea inabordable… y no obstante, justificando absolutamente toda paradoja, hiendo al mismísimo entorno de la discusión que rige la existencia misma. El centro neurálgico de nuestras máximas inquietudes y dudas permanentes.

Probablemente nuestro pobre y escaso conocimiento no encuentre leyes que puedan aplicarse al desconcierto así generado. Insistiendo -acto-reflejo- en la aplicación de la trivial horma, la norma y la ley. La dictadura de la lógica, al evocar eso que realmente importa, nos aleja años luz de lo que vamos persiguiendo sin darnos ni cuenta y si encima le aplicamos cierta seriedad, necesariamente la cabeza acabará fisurándose por la mitad, lentamente… O entonces simplemente se desprende, elevándose y alejándose de su eje o cuello.

Con tal cuadro y si a pesar de haber sido avisados de lo que os espera -en caso de aún no haber iniciado esta realidad in extremis que es Twin Peaks- si a pesar de todo aún tenéis ganas de encontraros a Laura Palmer estáis a tiempo pero os avisamos que no será coser y cantar… para lograrlo deberéis seguir escrupulosamente nuestras indicaciones y a rajatabla no dejar de completar las medidas y preparativos que requiere algo de las dimensiones propuestas.

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Esta es el guía práctica -en diez pasos- para encontrar a Laura Palmer:

  1. Lo primero que debéis tener en consideración es que al abrazar los estados alterados de consciencia que en la serie se proponen es posible que sintáis náuseas, mareos y tengáis la típica sensación de taponamiento en los oídos como cuando estáis a punto de aterrizar… Por eso es imprescindible que no apretéis excesivamente. Es preferible el abrazo suave y sincero de quién aún no conoce a su interlocutor antes que lanzarse de cabeza al amor incondicional. La hechizante cabecera con la música de Angelo Badalamenti es probable que os camele más de lo que os creeríais. Por eso id despacito.
  2. Cuando el desconcierto os tome de la mano hacia límites completamente subvertidos debéis deciros a vosotros mismos: Estoy curado de espanto, estoy curado de espanto. Nada me sorprende, nada me asusta. Si notáis pálpitos demasiado descontrolados bajo vuestra prisión torácica repetir la letanía en voz baja. Y si veis que la cosa pueda ir a más, detened la visualización un momento y repetidlo en voz alta.
  3. En todo momento pensad que por muy creativos que os creáis ser en vuestra vida real siempre habrá quien os pueda superar. La creatividad es una fuerza demasiado ilimitada que nadie puede controlar del todo. Por eso debéis apartad posibles posturas de pedantería y manteneros receptivos a todo cuanto discurra delante de vuestros ojos. Quizá tengáis llagas por curar disimuladas con cicatrices o tatuajes por el espanto en persona.
  4. Nunca jamás de los jamáses acertéis conclusiones en precipitados ademanes. Os frustrará imaginar desenlaces, caminos y posibles vías… Así que cerraros completa y totalmente a vuestra propia imaginación. Si por alguna suerte del destino no lograseis cumplimentar este requisito fundamental, no dejéis de visitar cuanto antes vuestro médico de cabecera, neurólogo, psicólogo, psiquiatra, ufólogo, pitoniza o a vuestro párroco, que para el caso serviría igualmente. Puede que algún ente extraño se haya colado en vuestro interior habiendo sido abducidos o visitados por el demonio. Quizá no os venga mal un pequeño exorcismo o algo…
  5. Una de las exigencias fundamentales para adentrarse y lograr un visionado cabal del universo Twin Peaks, para penetrar en todos sus universos, dimensiones y recovecos… es la inmersión total y una enajenación gradual del mundo exterior. Para ello no solamente es necesario sino fundamental, saber esperar. En la hora escasa que dura cada episodio no debéis ni por un instante perder la concentración, ni respirar, ni suspirar ni perder la paciencia en ningún momento… se podría echar a perder todo lo logrado.
  6. Importante asunto es el de la tolerancia. Ni si os ocurra prejuzgar, juzgar o apuntar el dedo a ninguno de los extraños personajes que transiten por vuestras pantallas. Pensad que sus taras, manías y particularidades no son tan desviadas como algunas de las que a cal y canto mantenéis alejadas de la mirada ajena. Cada uno de nosotros tenemos nuestras cosas, y son íntimas y nadie tiene por qué enterarse. La serie se prodiga en esta clase de excentricidades con las cuales no deja de ser fácil identificarse -aunque quizá de forma diagonal- así que si hacéis un esfuerzo seréis gratamente recompensados.
  7. Nunca en ningún momento os desesperéis ni perdáis los nervios ante lo absurdo que os pueda estar resultando alguno de sus abordajes más crípticos. No hay nada más absurdo que la vida real misma y la bandera de Twin Peaks en ningún momento deja de ondear ante este hecho ineluctable. Todo lo que ocurre en la serie se basa en hechos reales del imaginario humano y David jamás consultó extraterrestres para escribir sus guiones.
  8. Es natural que al cabo de cada capítulo no sepáis como reaccionar. ¿Olvidabais que las palabras no son suficientes para contener lo que aún no se asimiló? ¿Qué en todo caso, sobran en regiones nunca exploradas e inexplicables? Si al final de cada episodio no encontráis la manera de explicar vuestro encogimiento es que encontrasteis el sendero.
  9. Quizá muchas de las actuaciones que veáis en la serie os pongan los pelos de punta sin saber porqué. Siempre queremos saber demasiado de las cosas, encontrarles significados y lógicos sentidos pero finalmente eso es lo que realmente carece de sentido. David no le da demasiadas vueltas a las cosas, como deberían ser o dejar de ser son cuestiones propias de la psicología, la perfecta asesina del misterio. Ir sobre las causas y los síntomas cuartaría totalmente la espontaneidad levantando estúpidas barreras a la hora de explorar nuestras ilimitadas capacidades. La sobreactuación es ley de vida y apremia saber a dónde podrá llevarnos, para ello debemos dejarla suelta y sin bozal… aunque el cliché dicte que es algo propio de actores intentando lucirse más de la cuenta. No prejuzguéis los histrionismos de estos personajes, simplemente dejaros llevar.
  10. Si diera el caso de que pudieseis estar pensando en el tipo de drogas que David haya consumido para lograr ciertos golpes de inspiración sino la totalidad de su producto, podemos perjuraros que jamás se propuso tan siquiera dejar el buen café, que es un fumador empedernido -de cigarrillos sin otros adictivos- entiéndase. Y que su única excentricidad destacable reside en el consumo exagerado de masivas dosis de azúcar. Consideremos que una buena taza de café sabe mejor con un trozo de tarta de cereza y que quizá no exista nada mejor en el mundo. Nadie lo podría negar. Pero sin la exagerada expresión de deleite que conlleva un buen sorbo de café en una lluviosa tarde de invierno, probablemente no dejaríamos nuestra mantita para calentar un poco en el micro-ondas.

La vida es muy confusa. Nadie sabe a qué se debe ni para qué sirve… Y esa es toda la cuestión.

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Allá por los años treinta, cuando -hijo del dadaísmo- se formó el grupo surrealista de André Breton para dar cuenta y visibilidad a una realidad que siempre formó parte de la existencia humana, se incluirían entre sus filas algunos de sus máximos exponentes del pasado reciente y no tan reciente. Entre ellos figuraban surrealistas (mal llamados pre-surrealistas) de la talla de Alfred Jarry, Fiódor Dostoyevski, Giuseppe Archimboldo, El conde de Lautreamont o El Bosco. El surrealismo nunca fue otro de tantos movimientos artísticos, siempre formó parte de nuestra especie y no es una mera conjetura el hecho de que ya los neandertales tratarían de dar expresión a sus inquietudes más hondas y subterráneas, de que haya estado en el origen de la formación de las religiones y en todos los profundos recovecos de nuestro espíritu. La cuestión que se coloca por tanto, sería si una serie tan intensa como comprometida como es Twin Peaks, debería ceñirse al ámbito del museo o seguir rindiéndole cuentas a las exigentes y mundanas esquizofrenias capitalistas, como uno más entre sus narcóticos entretenimientos.

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Los propósitos de la vida en la tierra están sujetos a la interpretación de cada uno de nosotros, y sin embargo no dejan de rondarnos los motivos reales y exactos de todo esto. Diría David que:

‘No creo que las personas acepten el hecho de que la vida no tiene sentido. Pienso que esto les hace sentir profundamente incómodas. Parece ser que la religión y el mito fueron inventados para aplacar esto, tratando de encontrarle sentido’. David Lynch

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En nuestra conciencia, Laura no ha hecho más que acabar de nacer. Qué tenga una vida larga, próspera e intensa. Que viva en todos los mundos hasta que la muerte la transporte al siguiente.

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4 respuestas a “Guía práctica para encontrar a Laura Palmer

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