Amores incondicionales

ilustración vallee

A veces no sabemos dónde depositar todo este amor que nos revienta en el pecho. Este inmenso fuego que en indomables llamaradas quiere expandirse, salir despedido y deflagrar en un abrazo sin medida a un corazón de igual intensidad, de idéntica necesidad. A veces da la impresión que terminará reventando en esta jaula de costillas por no tener objeto, diana hacia qué apuntar, blanco qué incendiar. No hay dirección ni escape y no queremos que se eche a perder el más posante de los frutos que logramos generar.

Tal vez la distancia se interpuso o ya está ocupado el corazón de nuestros anhelos. Quizá simplemente buscamos desesperados no conociendo aún su receptor. En ocasiones, hay una quiebra fundacional que dice de la disparidad ideológica entre corazones, imposibilidad total… la cual no obstante, no mitiga nuestro ímpetu -así seguimos forzando los grilletes para liberarlo-.

jean-marc-vallee-37057

Como Ovidio en su didáctico poema ‘El arte de amar’ (entre el año 2 a. C. y 2 d. C.), también el canadiense Jean-Marc Vallée trata esta desbocada pasión en varias de sus manifestaciones, infiltrándose en sus más exiguos e insospechados recovecos. Hace tiempo que su cine deslumbrante nos tocó en ese punto indecible, cruce de sensaciones extraordinarias y rompecabezas delirantes en dónde el ser parece recobrarse después de haberse dispersado en mil partículas.

Aclaremos que un amor incondicional no es exclusivo de las promesas que se hacen los tortolitos cuando deciden volcarse completamente el uno hacia el otro. Hay tantos tipos de amor como posibilidades encierra la enorme fuerza contenida en nuestra víscera central. A través de la metáfora del beso lo expresaba divinamente Sor Rata de Callejón -enorme Chuz Lampreave- en ‘Entre tinieblas’ (1983) de Pedro Almodóvar:

“Hay tantas clases de besos como clases de amor. El beso sobre la frente, paternal, el beso sobre los ojos, lleno de paz, el beso sobre la nariz, gracioso, el beso en la mejilla, amistoso. Todos ellos algo anodinos, pero que sirven de tentadora invitación a otros más pérfidos, como el indiscreto beso en la garganta, o el arrullador beso al oído, semejante a la confidencia de un secreto. Existe por fin, el beso en los labios. Un beso no compromete a nada, piensan las alocadas. Tal vez si eres fría como el hielo, y si tu compañero poco fogoso te deja escapar fácilmente de sus brazos. Pero si el beso te ha conmovido deliciosamente, ten en cuenta que a él le conmueve más imperiosamente que a ti y despierta toda la fuerza de su deseo. Nunca des un beso, amiga mía, más que con la alianza en el dedo, es un recatado consejo que canta Fausto al mismo diablo”.

Hay tantas clases de amor como de besos y algunos amores los trataremos aquí a raíz del cine de Vallée, quién quizá sea más conocido del gran público por su aplaudidísima ‘Dallas Buyers Club’ (2013). Cinta que reportaría muchos besos y el máximo reconocimiento a sus dos actores protagonistas con una serie de importantísimos premios, entre los cuales destacaría el óscar para Matthew McConaughey como mejor actor y Jared Leto como mejor actor de reparto.

Jean-Marc no se llevaría el premio aquel año porque en la categoría de mejor película, la estatuilla iría para ‘12 años de esclavitud’ (2013) de Steve McQueen. Y en la categoría de mejor director -Alfonso Cuarón- quién se alzaría con el merecido premio por la complejísima ‘Gravity’ (2013). Pero aparte de otro óscar -no menos importante- por el ingenioso trabajo de maquillaje que podemos disfrutar en sus dos actores protagonistas y todos sus extras -memorable logro de Robin Mathews- Valleé no se iría de manos vacías. Como editor, John Mac McMurphy -pseudónimo que adopta para las labores de montaje de sus propias películas- también sería nominado aquel año por el mismo film.

Y si hay particularidad destacable que defina este director mayúsculo, es precisamente la enorme capacidad que tiene para entrelazar y entremezclar todos los aspectos, todos los componentes que conforman la narrativa de sus historias. Narrativa innovadora y sobre todo, de quitar el sentido.

El montaje es precisamente el que dota su obra de sentidos extra. Los cuales luego nos posibilitan navegar más allá de lo que vemos en pantalla. Aperturas hacia otras posibilidades que se quedan en estado latente en la película y que en nosotros, como espectadores, se desarrollan hacia más allá de sus fronteras, por encontrarse perfectamente ilustradas en los pliegues, en las fisuras, en su forma de contar.

En ‘El club de compradores de Dallas’ -también conocida como El club de los desahuciados– Jean-Marc nos relata la biografía de Ron Woodroof, un electricista que le gusta darse a las grandes juergas y que se queda muy sorprendido cuando le diagnostican VIH -entonces una enfermedad exclusiva de locas. Además su cuerpo, por las drogas, el alcohol y un ritmo de vida totalmente entregado al desenfreno, está tan debilitado que le pronostican exactamente un mes de vida. Al poco tiempo, Ron descubre que los medicamentos que le podrían aportar una razonable calidad de vida aún no fueron aprobados en Estados Unidos y que el AZT –el famoso antirretroviral, única droga aprobada por la comisión de alimentos y drogas americana para el tratamiento de la enfermedad y cuyo precio sube a la estratosfera- no le estará ayudando a mejorar, al contrario…

Homófobo de primera cepa, Ron conoce a Ryon, un hombre travestido que dice tener atrapada en su cuerpo a una auténtica mujer -también con el síndrome de inmunodeficiencia adquirida-.

Al electricista no le hacen ninguna gracia los modales y la estilizada pluma de Ryon, y sobre todo odia que le confundan, que le mezclen con este tipo de personajes afectados que para sus gustos de rudo cowboy, encuentra pervertidos y degenerados. Pero poco a poco su relación con Ryon -por puro interés- empieza a dar sus frutos. Ron y Ryon tienen que conseguir las drogas aún no aprobadas en EUA para recobrar una cierta calidad de vida y extender lo más que puedan su tiempo vital – para ello tendrán que asociarse. Ron se encargará de viajar al extranjero para adquirir las drogas, mientras que Ryon -que tiene muchos contactos- se encargará de su distribución. Un negocio que solo funcionará si se alían.

Con el tiempo, eventualmente su relación se consolida y montan el Club, tanto para fornecer las nuevas drogas (aún no aprobadas) de forma ilegal (pero moralmente más legal que las patentadas por la ley americana) a un grupo siempre creciente de víctimas de SIDA -a quiénes los hospitales no estarán ayudando como sería lógico- tanto como para poder costearse las drogas para sí mismos. Así que de la noche a la mañana, el cowboy -McConaughey- se encargará de la salud de los miembros de su club, casi todos pertenecientes a la comunidad LGBTI.

Paulatinamente, Ron descubre que después de todo, no teme tanto a las maricas. Que Ryon es una persona cabal en quién puede confiar y que además, la quiere profundamente. Aunque al principio prefiera que ni le toque finalmente descubrirá que es su única y verdadera amiga.

La amistad es una forma de amor que en ocasiones sucede para transformar el meollo del ser.

maxresdefault

A pesar de que aquella haya sido la película por la cual el nombre de Jean-Marc resonaría en el firmamento de todas las estrellas, hay que decir que nosotros le conocimos con ‘C.R.A.Z.Y.’ (2005), una auténtica delicia visual que se detiene en dilemas propios de la adolescencia -momento crucial de plena descubierta personal- con una banda sonora de infarto… por ventura, la de nuestras propias vidas.

La película transcurre en gran medida a lo largo de los años setenta, en un entorno en el cual empezaban a despuntar y a gozar de cierta visibilidad los conocidos como degenerados.

Inaugurando un lugar de merecida gloria para los ambiguos hijos del submundo, David Bowie, Mick Jagger y antes Marc Bolan -entre muchos otros- empezaban a salir por la tele cantando realidades difíciles de asimilar. A cada dos por tres, provocando incontestables arritmias en los padres mientras que los hijos -embelesados con toda posibilidad- se iban adscribiendo a encrucijadas de complicada elección.

Ciertos tabúes serían mantenidos férreamente y sus libertarios antagonistas tildados como anti-natura, pero mientras tanto, la libertad parecía gritar más fuerte y lentamente lograría operar el cambio natural que el mundo de los abyectos, los corrompidos viciosos, la escoria social necesitaba – por una justa inclusión.

Pero en épocas de gran transición nada parece natural. Todo semeja lógica imposición por mucho que nuestro corazón nos dicte lo contrario. Parece una jugarreta, una impostura del destino, una carga que no te sientes capaz de soportar frente a una sociedad totalmente maniquea, con sus controladores y conservadores cánones, incapaz de percibir su propia postura obsoleta frente a las razones del cambio.

Aunque pueda dar la impresión de que el cambio no proceda en ti por ser quien eres, si en los demás no se produce puede que finalmente lo necesites también tú, para aclararte a ti mismo, precisamente, quien eres.

Subrayamos que la resiliencia es un hecho y que es totalmente posible sortear y aplacar los obstáculos que se nos pongan por delante. De esta humana capacidad se dice a la fuerza patente en el ser humano, capaz de hacer frente y superar la adversidad, pero no deja de ser menos cierta la premisa esencial para que aquella se lleve a cabo: Es totalmente imprescindible el apoyo emocional del prójimo para no perderse en el intento.

crazy-2005-05-g

Sobre todo a través de las artes plásticas, del cine, de la televisión y de la música esencialmente, aquellos seres extraños, indefinidos andróginos y excéntricos amanerados empezaban a dejar un molesto lastre con el cual, por otro lado, muchos otros se sentirían totalmente identificados -liberados- aunque no pudiesen decirlo en voz alta, claro!!! Pero milagrosamente, de súbito ya no se sentían tan raros. Ya no estaban tan solos. Al menos había alguien más en el mundo que sentía como ellos. Y a lo mejor, eso de ser diferente, no era tan malo después de todo.

Cuando sientes que no encajas y una cierta indefinición parece tomar cuenta de tu vida haciéndote preguntas demasiado difíciles, puedes llegar a preguntarte si no habrás nacido en la época equivocada y si no estarías mejor abriéndote las venas en canal. Menos mal que nuestra capacidad de soñar nos aúpa hacia dimensiones mucho menos mundanas. Más sagradas.

Christian, Raymond y Antoine son los hermanos mayores de Zachary, a quien seguirá su hermano pequeño Yvan.

27692

Zachary es el protagonista -fan de Bowie, Jagger, Pink Floyd- a quién su padre vigila constantemente no sea que se vaya a volver maricón. Christian tiene una inaplazable propensión hacia las drogas y a la mala vida, Raymond es el intelectual y Antoine el deportista. El pequeño, Yvan, cuando finalmente nazca se convertirá en el bebé de Zachary, que le adorará.

Zac nace con un mechón de pelo rubio en la nuca, el cual una vidente -a quién consulta su amorosa madre por aquello de que el niño parece más sensible de lo habitual- dictamina tratarse de una señal que atestigua su don para la curación. Encantada, su devota mamá, se siente muy orgullosa de tener prácticamente un santo en la familia, y no dudará en pedirle al chico que piense en todos aquellos que recurren a su prodigioso don.

Pero Zac va creciendo torcido, al menos a ojos de su padre. Quien aparte de obsesionado con la buena conducta y la sexualidad de sus hijos, es un fan incondicional de Charles Aznavour (de quién Hier Encore hace su particular karaoke a la menor oportunidad).

Papá también es un incondicional de Patsy Cline -en particular de un disco que tenía de importación -que se ha roto- y en el cual se escuchaba mucho mejor el tema de cuyo título, a modo de acrónimo, iría tomando el nombre de todos sus hijos: C.R.A.Z.Y.

Siempre pensamos que la función del desierto tenía un existir particular, íntimo. Siempre desconfiamos que nuestra fascinación por aquel se debía a ese encuentro grave con nosotros mismos en el extremo -acantilado de todas las realidades-. En ‘C.R.A.Z.Y.’, es en el desierto precisamente que Zac se busca a sí mismo para luego desintegrarse. Se convierte en polvo como el príncipe Siddharta, desvaneciéndose, dejando de ser en una sociedad en la cual no encaja, a la cual no logra pertenecer más que a expensas de una verdad que no se le admite y de la cual no puede escapar.

Las maravillosas dotes de montaje de Jean-Marc nos enseñan como mágicamente -en el otro extremo del mundo- es en la premonición de sentir en peligro a su hijo que mamá se dispone a salvarle… Aunque sigan existiendo otras verdades, esta hipótesis que nos regala Jean-Marc nos satisface plenamente… Zac, deshaciéndose en medio del desierto, moribundo, es salvado también por un caminante que le encuentra de casualidad. Y queremos creer que es entonces que empieza a hacer las paces consigo mismo… lo queremos con todas nuestras fuerzas.

Queremos creer que logra asumir su diferencia dentro de su mundo. Amándose más a sí mismo frente a la encrucijada de su querer/de su ser, lograríamos actualizar nuestro sentimiento hacia la película, pero valiente, Vallée no la cierra. A lo mejor tampoco Zac logra cerrar su particular vía crucis. Si bien visto, su madre es su amor incondicional y su padre… bueno, su padre le dice claramente que hay diferencias que no logrará conciliar en sí mismo, que hay cosas que no podrá admitir jamás porque van en contra de su propio ser. Tal vez finalmente descubra, quizá comprenda que puede aparcar todo lo que de su hijo no puede aceptar ni jamás aceptará. A lo mejor, simplemente obviando diferencias su amor quizá encuentre objeto donde reflejarse.

bratya-crazy

La larguísima producción de ‘C.R.A.Z.Y.’ tardaría diez años en completarse, pero en Jean-Marc se fijaría el mundo entero. Este portento incluso llamaría la atención de Martín Scorsese, quién en calidad de productor le propondría dirigir ‘Young Victoria’ (2009). Y no dejaría de resultar extraño que el canadiense aceptase tal encargo: una película de época -que en España se conocería como ‘Reina Victoria’- en la cual se cuentan las vicisitudes de aquella niña, quién con tan solo 18 años de edad subiría al trono y que a pesar de difíciles frentes abiertos -como la revolución industrial, la colonización, o problemas relativos a la economía y a las complejas situaciones sociales que atravesaba el Reino Unido en el momento- lograría sortear todo tipo de obstáculos y encima vivir un enorme amor. Tener nada más nada menos que 8 hijos. Una juventud repleta de responsabilidades que no socavarían lo más mínimo las incondicionales demandas de su corazón.

6_YV_L

Pero decíamos, no dejaría de resultar extraño que Jean-Marc aceptase tal encargo con las cartas de presentación que ya le conocíamos. Un cine independiente, cargado de autoría y una singular forma de abordar sus particulares temas. Inmejorable factura y un montaje alucinante. No dejaría de resultar extraño si no supiéramos que al comienzo de su carrera, habiendo presentado tan solo uno o dos cortos y recién salido de la Escuela de Cine de Quebec, habría hecho su debut en el largo con ‘List Noir’ (1995), un thriller erótico muy aplaudido en su país aquel año. Y que enseguida, su amigo, el actor Mario Van Peebles le invitaría a dirigir el western ‘Los Locos’ (1997), escrito por el propio actor. Podría resultar extraño que Jean-Marc se diese a tan extremos condicionantes de género, los cuales para nada cuadrarían en el grueso de su singular carrera. Se entiende que quizás aquellas películas -no personales- le habrán servido como portales, condiciones proposicionales abriéndose a la posibilidad de poder seguir incidiendo en sus particulares cuestiones incondicionales.

Ya procedan del deje aparentemente superficial que contiene el propósito de un cine mantenido como popular, o decantándose por material más sensible y discutible como tal -incluso si añadimos el discurso de una cierta obviedad en sus mensajes- el cine de Jean-Marc ha ido evolucionando hacia esa frontera universal en la cual todo el mundo es bienvenido e invitado a pasar. Quizá sus detractores encuentren que por tales puertas no hay suficiente dignidad a su paso. Entradas poco eruditas quizás… Lo cierto es que aunque sus mensajes sean adecuados a propios y extraños, no hay un ápice de su cine que no toque espinosas cuestiones, que no dedique sus ademanes a hacernos ponderar la necesidad de llevarnos una mano al pecho. Incluso con temas que podríamos haber ya dado por zanjados, pero que de demasiado capitales sería necesario volver a incidir sobre ellos.

Después de ‘Dallas Buyers club’ volveríamos a sentir el pulsar de su corazón en ‘Wild’ (2014) -en España conocida como ‘Alma salvaje’- con una inmejorable Reese Witherspoon en busca de su identidad en un peregrinaje -al más puro estilo Camino de Santiago– por el desierto del Mojave. Sin experiencia previa, andaría por tortuosos senderos la friolera de 1600 kilómetros tratando de juntar las partículas desperdigadas por su propio ser, demasiado volátil. A modo de incontables flashbacks, entendemos las amorales premisas desencadenantes de su divorcio y sobre todo, asistimos al tormento de la muerte de su madre como gota colmando el vaso.

4PKeAcY.jpg

En ‘Demolition’ (2015), un exitoso inversor bancario -Jake Gyllenhaal- pierde a su mujer en un accidente de tráfico. Habiendo salido ileso de la terrible tragedia y mientras espera en el hospital, trata de engañar su hambre recurriendo a una máquina expendedora de chocolatinas que hay en el pasillo. Su bolsa de M&Ms se queda suspendida en el muelle que debería empujarla y no llega a caer en la bandeja. Entonces, llegando a casa, decide escribir una carta de reclamación a la compañía de máquinas expendedoras exponiendo su queja. Curiosamente, al otro lado, recibe su reclamación Naomi Watts, quién se preocupa realmente del estado de evidente devastación del autor de la queja. El exitoso inversor se da cuenta que no conocía realmente a su fallecida esposa, que no le había dado la atención y dedicación que le merecía, y evidentemente, descubre al culpable: Su estilo de vida es el que hay que demoler para volver a construirse de nuevo. Con la ayuda de esta mujer que además tiene un hijo increíble que no duda tampoco en ayudarle en lo que le haga falta, Jake se dispone a arrasar toda su vida anterior.

Aún, con toda la obviedad que ambas cintas puedan patentar, no deja de ser sustancialmente llamativo el hecho de que las decisiones de sus protagonistas les introduzcan de cabeza en una portentosa vorágine de crueldad para solucionar sus vidas, para curar sus heridas. Reese tratando encontrarse a sí misma y Jake procurando soltarse hasta alcanzar una necesaria catarsis. En su aplicación pragmática, no resulta para nada evidente ir directos al ojo del huracán como solución a nuestros problemas. Confesemos que invariablemente tratamos de solucionarlos a través de métodos lo menos invasivos que encontremos. No obstante así, condicionalmente, lo obvio es que no se cure absolutamente nada y todo se quede como estaba. Por tanto, la crueldad como curación es un necesario amor incondicional que todos deberíamos adoptar.

Hace pocos meses, partiendo de la novela del mismo nombre de Liane Moriarty y creada por David E. Kelly, asistimos a la última gran apuesta de Jean-Marc, la sensacional serie de siete episodios ‘Big Little Lies’ (2017), la cual une Nicole Kidman a Zoe Kravitz, Shailene Woodley, Laura Dern, Alexander Skarsgård y Reese Witherspoon. Aparte de los terribles abusos que sufre Nicole por parte de su marido en esta ficción, los hijos de las protagonistas les traen de cabeza y son motivo para sacar sus armas más letales. Hay alguna madre súper protectora, otra que no ha hecho nada más en su vida aparte de ser madre, las hay veganas y en profundo contacto con la naturaleza. Alguna esconde algún terrible secreto (oh bueno, lo cierto es que todas guardan alguno). Las hay extremadamente sensibles y también muy inteligentes, pero en aquel sofisticado pueblo al norte de California -Monterrey- lo que hay sobre todo es mucha envidia, malas lenguas y una industrial dosis de apariencia sin la cual la serie simplemente no existiría.

La dirección de Jean-Marc dejó una buenísima impresión entre sus protagonistas y su factura es tan increíblemente bella, tan atractiva como altamente adictivos son todos sus capítulos. A lo mejor la serie se renueve, aunque tal vez ello no esté en los planes del canadiense. Para el año que viene ya ha anunciado una nueva serie también dirigida por él en su totalidad: ‘Sharp Objects’ (2018) con Amy Adams como protagonista, de la creadora Marti Noxon.

sharp-objects-hbo_zpsao3kpz0g

Hay un chico de Murcia que conocimos en YouTube. Su canal es bien distinto al nuestro. Él se dedica a la importante misión del desarrollo personal y el pensamiento positivo.

Aunque nos resulten constrictores ciertos abordajes -pensamiento encontrado esencialmente en libros de autoayuda de corte generalista- resulta evidente que existe una enorme carencia de energía o un mal empleo de aquella. Lo cual eventualmente requerirá una serie de directrices base y una suerte de enseñanzas de fondo.

Nuestro amigo murciano no se detiene ante la impronta del manido consejo. Y es muy consciente de la imprescindible lectura crítica con la cual estimula a sus seguidores. Él se deleita sumergiéndonos en extraños mundos, fenómenos paranormales y curiosas prácticas espirituales, pero no deja de hacer especiales incisos sobre la realidad de aquellos. En todo caso, los exhibe en sí mismo como portador de algunas inusuales experiencias, prácticas que a él le funcionan.

La labor de las personas que ayudan a canalizar energías -ya sean positivas o negativas- afianzan su vocación por encontrarse de corazón bien abierto y entregándose a ambas partes de la ecuación en igual medida. ¿A quién no le gusta detenerse en los vídeos de la antagónica Esti -nuestra adorada Pringada- con ese deje de negativismo tan característico en sus inteligentes y odiosas puestas en escena?

Ambas posturas adoptamos y ambas nos parecen esenciales. No hay positivo sin negativo y no podemos ni queremos tomar partido. Habrá quienes necesiten canalizar su energía hacia una dirección, otros hacia otra. Lo más seguro es que todos necesitemos hacerlo en ambas direcciones.

Con nuestro amigo siempre comentábamos mutuamente nuestros vídeos hasta que un día vino a visitarnos. Si ya nos caíamos bien, imaginaros cuando nos pusimos los tres a cantar ‘La Murciana Marrana’…

Carlo Casanova es abogado de formación y YouTuber de vocación. Es con gran entusiasmo que le acogemos entre nosotros para hablar de Jean-Marc Vallée.

FB_IMG_1501224941556-01

En conversaciones previas al ‘Entre Carlos’ de esta semana, Carlo nos sugirió una serie de películas de las cuales le encantaría hablar con nosotros… entre ellas se encontraba ‘Dallas Buyers Club’. No teníamos intención de hablar del señor Vallée tan pronto, más que nada porque parecen habérsenos acumulado los autores canadienses. De Sarah Polley, pasando por Leonard Cohen y Denis Villeneuve ya habíamos hablado, pero es que además, resulta que tenemos preparado el material correspondiente a otros dos canadienses más, Atom Egoyan y Xavier Dolan… Evidentemente exclamamos ¡Otro Más! Con un mundo tan vasto, tanto de qué hablar y parece que solo nos interesa Canadá… Pero jamás la procedencia debería ser anatema, por lo tanto, le contra-sugerimos a Carlo otra película del canadiense: ‘Café de Flore’ (2011), una de las que más nos apetecía tratar con Carlo sin que por ello dejásemos de hacer especiales incisos respecto a las demás.

cafedefiore02tn_hi

De alguna forma, este capítulo se transformó en lo más parecido a un encargo de todos cuantos hicimos hasta ahora. Y tenemos que decir que está muy bien este tipo de encargo. A Carlo le encantó la idea de hablar de ‘Café de Flore’, con esa bellísima Vanessa Paradis y su hijo con síndrome de Down en el París de los años sesenta. Con ese Kevin Parent recién divorciado haciendo de enamorado y atormentado DJ en la actual Montreal.

Cafe_de_Flore_2007.jpg

Esta película que nos cuenta dos historias sin mayor conexión aparente que el disco que obsesiona al DJ/el cual quiere escuchar a todas horas Laurent, el niño de Jacqueline, encarnada por Vanessa. En aquel disco de Matthew Herbert suena la canción que da título a la película, la cual a su vez, se refiere a la famosa braserie situada en el número 172 del Bulevar Saint-Germain en París.

Antoine había tenido un amor incondicional toda su vida, y en el trocito de la vida de Antoine que nos relata Jean-Marc, acaba de conocer a otra chica de la cual se ha enamorado perdidamente. Con dos hijas y un incondicional amor destrozado, el matrimonio se ha roto inexorablemente. Por supuesto persiste en la pareja rota una tácita amistad difícil de explicar, la cual necesariamente es mucho más que eso -con todo el dolor que conlleva- y también siendo mucho menos de lo que todos desearíamos que fuese…

Como ya habíamos visto en C.R.A.Z.Y. -y como en ocasiones Carlo nos ha contado en alguno de sus vídeos respecto a ciertas prácticas a las cuales ha acudido- la aturdida y dolorida media naranja de Antoine -interpretada por Hélène Florent- recurre a los conocimientos de una vidente. Tanta es su incomprensión respecto a su recién destrozado amor incondicional… Ella siente que no ha hecho nada por salvar su relación y que pese a haberlo visto venir no actuó ¿pero porqué?

La vidente se lo aclara.

Café de Flore - Finale.png

Quizá aquellos acontecimientos se prendan con vidas pasadas. Con una fuerza inexplicablemente intensa que recorre el espacio y el tiempo y que tiene que cumplir su trayectoria. Quizás aquella fuerza les haya separado por motivos que solo pueden escaparnos. A fin de cuentas, tampoco lo incondicional detiene explicaciones claras.

descarga

En la otra media naranja de esta doble película, la vida de Jacqueline es una auténtica carrera de fondo tratando que la de su hijo se parezca lo más posible a una vida normal en una sociedad aún adormecida para las cuestiones de la diferencia. Y un día Laurent conoce a Véro en el colegio.

dbe618a9c04f96185656132c42727db8--filmfestival-les-choses

Véro también tiene síndrome de Down y su literal y mutuo amor a primera vista les une inexorablemente en un abrazo cósmico, claramente incondicional. Pero Jacqueline sabe tratarse de un amor imposible, por eso, desarrollando una inmensa fuerza -por ventura la más intensa del universo (el incondicional amor de una madre por un hijo)- toma una increíble decisión.

La película se construye hacia ese punto en el cual los personajes de la primera historia podrían ser rencarnaciones de los personajes de la segunda historia, pero también se construye hacia muchísimas más posibilidades aparte de las descritas físicamente en la pantalla. Las visiones de amor incondicional que subraya Jean-Marc traspasan nuestras propias vidas en una ilimitada red de cuestiones carentes de respuestas, al menos de clásicas respuestas al uso.

Aunque los humanos seamos racionales hay muchísimo que no podemos explicar. Insatisfechos con nuestros estrechos conocimientos buscamos más allá, en la comparación, en lo inexplicable e inexpresable. Como se relacionan estas dos historias entre sí puede que nos sea revelado hacia el final de la película, pero aquella seria tan solo una de sus múltiples e (im)posibles relaciones. Una probable lectura que en lugar de cerrar, abre aún más interrogantes. Más insatisfacción para seguir buscando respuestas fuera de nuestros razonables cánones. Quizá tan solo para darnos cuenta de que existe mucho más en el universo aparte de nuestra estrechez de miras, centro de nuestro insignificante ombligo.

Al respecto de esta película Jean-Marc explicaría que cuando escribió el guion se enfrentaba precisamente al duro proceso de su propio divorcio y que su mamá -a punto de morir- pudo leer el guion de la película, que encontró bellísimo. Ya no pudo verla terminada.

El director también aseveró que si se ceñía su película a la temática de la reencarnación sería que probablemente había hecho muy mal su trabajo. La crítica de un modo general no la trató muy bien, achacándole sobre todo excesivos devaneos con el estilo cada vez más marcado de Jean-Marc y enormes carencias a nivel de guion.

Nosotros encontramos que esta quizá sea precisamente su película más redonda, o mejor, su película más espiral. Tal vez por aquello de estar montada de manera a semejar dos historias totalmente independientes de cuyo cruce mana su grandiosidad, precisamente en el hecho de su enorme apertura hacia toda posibilidad.

Términos como eternamente, infinitamente, cósmicamente, afloran a nuestra mente para contar de la abstracción que no se deja atrapar y que de algún modo compone nuestra existencia. Que sirve para todo lo que no logramos explicar.

Tal y como de forma incondicional solo puede brotar el amor. Imposible locura. Imposible que exista como tal.

Anuncios

4 thoughts on “Amores incondicionales

    1. Muchas gracias Ana. Justo te estábamos leyendo en estos momentos, muy interesantes tus elecciones de monstruos, típicos y tópicos relativos a la condición humana. Los arquetipos son realmente ilustradores, y debemos cuidarnos de ellos, cada monstruo es un mundo. Dentro de poco hablaremos también nosotros un poquito más de nuestra propia acepción de monstruo, sorpresa que se prende con el origen de su definitoria y sorprendente connotación. Un abrazo enorme y gracias por leernos.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s