Mil e infinitas noches

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Las luminosas noches de lunas y estrellas son bellas y suaves. Cálidas y dulces. Pero si a aquellas le añadimos el suplicio de todas las demás de inconsolable insomnio y pesadillas de realidad -tantas lunas atestiguando vanos encuentros con la esperanza en sueños salidos de no se sabe dónde- si le añadimos lo que todas aquellas terribles noches provocan verdaderamente en las personas… podemos pensar exactamente como Miguel Gomes, este autor magnífico que hoy traemos a reflexión y que dice no saber qué hace durante el rodaje de sus maravillosas películas.

Esta película no es una adaptación del libro LAS MIL Y UNA NOCHES sino que se inspira en su estructura.

Las historias, personajes y lugares de los que Sherezade nos hablará se presentan como ficción a partir de hechos ocurridos en Portugal entre los meses de agosto de 2013 y julio de 2014

Durante este período, el país estuvo sometido a un programa de austeridad ejecutado por un Gobierno aparentemente desprovisto de justicia social.

Consecuentemente, casi todos los portugueses empobrecieron.

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‘Las mil y una noches’ (2015), como bien reza su principal premisa estructural y declarado contenido inexacto, no se trata de un documental ni tampoco es que sea una ficción basada libremente en el clásico del anónimo árabe. Más bien la vemos como un híbrido que araña la realidad con impresionante humanismo. Persiguiendo esa verdad mayor que las que suelen posibilitar las dos aproximaciones anteriores por si solas. De esta manera quizá Miguel Gomes logre calar más profundamente… porque no se detiene en pronunciadas denuncias ni se entrega simplemente a devaneos líricos de belleza sin igual, sino que al entrecruzar estos dos aspectos fundamentales de la realidad humana, dota su obra de una crueldad fundamental para comprender el punto en el que están los portugueses. Comparando.

¿Quién dijo que las comparaciones son odiosas? Suele pasar con los dichos populares -tan afines al cine de este lisboeta- que casi todos ellos se equivocan por excluir alguna importante parte de la ecuación, algo que Miguel tiene muy presente y no deja escurrir como arena entre los dedos. Las comparaciones, si exhibidas en yuxtaposiciones afianzadas en su carácter más noble, ligero y ecléctico -sin mayor pretensión que la de exponerse tal cual en toda su sincera luminosidad- pueden advenir en la más clara de las lecciones.

Lecciones tan graves, que podrían llegar a deprimirnos más aún, por saber de antemano que no las tomaran quienes más deberían. Lecciones que aprendemos con deleite y fascinación por saber sabias, pese a estar aprisionadas en una lámpara mágica sumergida en aguas profundas.

Sabemos lo que hay que hacer para despertar al genio. Para que nos cuente la historia de Sherezade. Sabemos qué hacer para encontrar la lámpara que lo aprisiona en las profundidades… pero antes veamos como nos lo cuenta de forma excepcional el señor Gomes:

Miguel Gomes

Después de muchas noches contando la más variada clase de historias al sanguinario Sultán Shahriar, Sherezade logra escabullirse del palacio y darse un necesario paseo por el mundo. Ella no conoce los personajes y no ha visitado los lugares de la mayor parte de los cuentos que ha contado a lo largo de todas aquellas noches en que logró librarse del implacable dictamen de su marido, el rey. Hay cuentos que sabe de oídas y otros que le habrán recogido otras sirvientas del palacio. Así asegura material fresco con el cual encandilar al enloquecido Sultán e ir aplazando su cierto destino. Pero en esta excepcional ocasión, logra darse un paseo por los alrededores del palacio para hacer lo que le de en la real gana.

Recobrar fuerzas e inspiración para seguir contando todos los cuentos del mundo.

Después de bañarse en el mar y ser testigo de los maravillosos tesoros encontradas por los buzos; después de pasearse por un idílico acantilado preñado de niños guapísimos que preguntan en francés -hijos de un hombre con un magnifico aparato reproductor (guapísimo pero muy tonto); después de hacer amistad con un nómada grupo de bandidos y enamorarse del ladrón Elvis; después de haber comido deliciosas frutas y bailado el samba y haber cantado alguna jugosa canción, queda con su padre -El Gran Visir- en la Gran Noria de la existencia.

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De aquel encuentro surge uno de los más bellos diálogos de que tengamos memoria -pese a tristemente traducido aquí- trataremos de ser lo más fieles que podamos a su portugués original:

-Estoy cansada. Y este cansancio me da rabia.

-La rabia no es algo malo, si está bien dirigida. Diviértete un poco.

-Creo que ya no se hacerlo.

– Sí sabes. Pero no te esfuerces tanto.

-Creo que soy más tonta de lo que parezco.

-Eso también es normal, Sherezade. Venga, empecemos desde el inicio. ¿De dónde nacen las historias?

-De los deseos y de los miedos de los hombres.

-¿Y cuál es su propósito?

-Ayudarnos a sobrevivir. Para ligar el tiempo de los muertos con el de los que han de venir.

-Vivimos en la era del rey Shahryar y Sherezade. Uno no puede existir sin el otro. No hay antídoto sin un veneno.

Narrador: Sherezade ignoraba la vida que llevaban los genios dentro de las lámparas, desconocía los lugares donde Elvis escondía sus robos, nada sabía de la rutina familiar de Paddleman y sus doscientos hijos, no había visto nunca el mundo acuático en el que se sumergía Lionel Franc. Tampoco imaginaba que el Gran Visir, su padre, hablaba todas las noches con un fantasma, rumiando malos augurios y planes de venganza.

-Es tan difícil para ti como para mí, porque soy tu padre. Pero al final te habrás secado los ojos y serás tan astuta y ágil como el zorro. Y te iras al palacio a tomar tu lugar y hacer lo inevitable. Mira, Reina. Abajo tus sirvientes te esperan para llevarte al palacio… ya que aún tienes historias que contar, que el rey quiere oír y que la gente espera, nunca terminen.

Narrador: Pero Sherezade se acordaba de la primera vez que su padre la subió a la Gran Noria. Siempre que sentía vértigo se tranquilizaba pensando en aquel momento (As mil e uma noites, 2015, Miguel Gomes, traducción nuestra).

Tenemos que confesar que a nosotros también nos sobrevienen amagos de mareo y posible vértigo al constatar semejante estado de cosas. Son ya muchos los viernes que también nosotros os contamos nuestras historias e implacable como el Sultán, el número de visitas parece no crecer demasiado, y aunque nos visitéis de los puntos más recónditos del planeta, vuestros comentarios son más bien escasos. Las parcas visitas y el ínfimo número de lectores podrían terminar degollando ‘el cine que llevamos dentro’. Profundamente te agradecemos a ti, que nos lees cada semana, pero en tu mano está que podamos seguir vivos en mil e infinitas noches. Comparte nuestro contenido entre tus amigos y conocidos, en las redes sociales. Todos sabemos como se hace, pero el Sultán empieza a ponerse nervioso y nos mira de reojo…

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Dividida en tres volúmenes, esta enorme película que os sugerimos -o estas tres películas que en realidad son una sola- se dividen a su vez en varios cuentos que luego se subdividen. Cuentos que se alimentan a si mismos en un interminable intercambio de posibilidades, caminos, vías y entramados. Matrioshkas que misteriosamente se revelan de dentro las unas de las otras, infinitamente…

Para nuestro deleite y mejor visión:

Volumen I: El incansable

-El trabajo del director de la película, de los trabajadores del astillero y el exterminador de avispas

-La isla de las vírgenes de Bagdad

-La historia del gallo y del fuego

-El baño de los magníficos:

-La primera historia de un magnifico

-La segunda historia de un magnifico

-La tercera historia de un magnifico

Volumen II, El desolado

Crónica de la huida de Simão sin tripas

Las lágrimas de la jueza

Los dueños de Dixie

-Primera parte: Glória, Luísa y Humberto

-Las historias de los residentes de la torre del bloque, contadas por Humberto y Luísa

Segunda parte: Vasco, Vânia, Ana y sus nietos

Volumen tres, El encantado

-Sherezade (en el día 515 después de haber empezado a narrar cuentos al Sultán)

-El embriagador coro de los pinzones

-Floresta caliente

Si es cierto que esta estructura aparente y tan libremente desordenada podría devenir caldo de crítica -evidentes razones para su propio y lógico paso hacia el vértigo mismo- consideremos que hay razones que la misma razón desconoce. La lógica de ciertas cosas a veces no es exactamente lo que parece y la realidad a veces así lo dicta. Otras veces, ella es la única que dicta.

En la primera parte, el volumen correspondiente ‘Al Incansable’, le dicta a Miguel que se decante por narrar su propio vértigo como creador de la presente:

Tratando de encontrar justificaciones a sus extrañas decisiones, él hubiese preferido contar su historia con un tono único, muy específico, pero solo le salen dos diferentes y diametralmente opuestos. Por un lado está su necesidad de contar la durísima realidad -sentirse totalmente comprometido con los hechos no es un problema- la cuestión estriba en que por el otro lado, quiere narrar una bella historia que a la gente le den muchas ganas de ir a ver al cine…

En tal dilema, evidentemente se pone de los nervios y por eso sale corriendo. Nada más empezar la producción, el director desaparece y el equipo trata de buscarle desesperadamente.

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Encontrando en la yuxtaposición de dos historias que no tienen nada que ver la una con la otra -un paralelismo anecdótico, simplemente los hechos reales que se recogen en ambas ocurrieron simultáneamente en dos sitios concretos de Portugal- empieza su metafóricamente infinito relato de mil y una historias. Por un lado dispone el sobrecogedor testimonio de un grupo de trabajadores de un astillero que fue despedido debido a la crisis y por el otro va relatando el fabuloso ascenso emprendedor de un exterminador muy particular. El mata-avispas local, quién en un golpe de inspiración tal -y dado a que aquella le pilló inventando como de costumbre- se las ingenió para exterminar la perjudicial plaga de avispas a través de la creación de un audaz lanzallamas.

Unos se deprimen sin saber qué será de sus vidas, mientras que el otro explica su mortal y vital tarea nocturna, orgulloso de su increíble e innovadora invención.

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Enseguida se presenta a los probables e insensibles culpables de la tragedia de los primeros. Como los trabajadores del astillero despedidos somos la mayoría, muy pocos, prácticamente nadie, como el avispado exterminador.

Mejor hubiese sido exterminar a los culpables como a viles avispas pero paradójicamente, Miguel, indulgente en su parodia, enseña una tenue esperanza tratando de justificarles. Una que quizá -una vez identificado el problema- aún pueda contraer algún tipo de solución:

Todas aquellas terribles acciones desencadenantes de la crisis y la decadencia económica de todo un pueblo solo pueden deberse a una auténtica malafollá original, la cual será indiscutiblemente el motivo por el cual los políticos responsables de todo este asunto actúen como actúan.

Esta significativa malafollá -que se dice en Granada (la única ciudad española con nombre de bomba)- no podría ser otra cosa que un mal humor capital que encontraría sus orígenes en la escases, ausencia o debido a una terrible mala praxis relativa a los placeres carnales, que luego se metamorfosearían necesariamente en las más terribles decisiones alguna vez tomadas.

El director portugués siente la necesidad de dejar bien patente que existe tal solución: por eso un mago se les presenta a los políticos malfollaos para ofrecerles un remedio a sus marchitos miembros sin vida. Evidentemente, todos los antídotos no buscados por elección particular terminan no surtiendo los efectos deseados. Todo es psicosomático…

En este caso la cura es inmediata y las erecciones generales. Todos impresionantemente deleitados con sus reavivadas hombrías… tanto que incluso le hacen caso a los sindicalistas y suprimen algunos recortes. Ni siquiera tocan las pensiones de la tercera edad como habían previsto. Nuevos acuerdos serán redactados e increíblemente, hasta los versados -y no tan económicos- profesores de la Troika los aprueban. También ellos habrían sido tocados por dicha magia eréctil.

Todos sueñan con el mástil apuntado a la luna, pero el efecto del pulverizador del mago es eficaz y duradero y desgraciadamente pronto se cansan de mear al techo.

Aún no pudiendo ocultar debidamente sus evidentes protuberancias en los pantalones, vuelven a envergar sus anteriores ademanes. De picha tiesa pero con la misma malafollá de siempre retoman las andadas.

Se conoce que la solución pasaría por la adquisición de grandes dosis de consciencia, pero como esa no se puede rociar con un pulverizador -ni en el pito ni en cualquier otra parte- aunque claramente se trate de un necesario aprendizaje, ninguno se dispone a la cura.

Lo que sí está en nuestras manos es esta patente capacidad de subvertir el lenguaje y sus leyes. Lo cual delicado y mágico, Miguel Gomes, colocando un cuarto menguante en la O de su apellido nos sirve como símbolo de toda posibilidad. La acción toma las riendas de una nueva e inaugural plantación de esquemas, plataformas y otros posibles asideros. ¿Solución? Quizás!!! Panacea tal vez no sea, pero si ceñimos el objetivo a la obliteración del insomnio y otras pesadillas reales, quizá podamos entrever su sincera apuesta.

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Por regla general, a las películas dadas a los dogmáticos excesos del lenguaje verbal solemos torcerles la nariz instantáneamente. Práctica demasiado manida para ser aceptada de buenas a primeras en su extendido monopolio hacia múltiples lenguajes plenamente emancipados, como es el caso del cine. Por excesivo, ese y otros recursos desvirtúan su auténtica autonomía y total capacidad efectiva.

Si ya el cine demasiado teatralizante puede asumirse como temible obstáculo en las posibilidades propias del medio, no se diga de aquellos films totalmente apoyados en la palabra, cuyo recurso a la imagen se vuelve mero hecho circunstancial. Pero no estamos aquí para juzgar, como nunca lo hemos estado. Simplemente constatamos la belleza de ciertas reinvenciones y nuevas lecturas y nos maravillamos precisamente con la derrota de nuestros propios prejuicios en el proceso. Esa es la gran maravilla de la existencia.

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De entre todas las maravillas que crea Miguel Gomes acompañado de su habitual equipo, es precisamente en la ecléctica escritura a seis manos -en compañía del editor Telmo Churro y la actriz Mariana Ricardo- que se luce enormemente echando mano del intrincado idioma luso. Destaca el placer que absorbe en el rolar de cada palabra. El increíble efecto y poder evocador que aquel adquiere en su cine, enseñándose glorioso, en toda su riqueza y esplendor. El arrullador encanto de la lengua portuguesa rebosante en sus bellos y retorcidos matices. Entregada a los caprichos de las diferentes regiones en su amplia gama de acentos. En completa interdependencia con la intención de su narración localista, altamente humana, profundamente telúrica. Tan propia y personal como toda universalidad que se precie requiere.

La dureza más amarga, la comicidad tan difícil de traducir o el lirismo para el cual esté diseñado su diálogo, al dejarlo tan patente -incluso indeleble en la pantalla- en lugar de minimizar posibles sensaciones, emociones y otras percepciones, agranda su sugerente cuadro a la par que las clásicas acepciones del cuento y el necesario cuentacuentos se materializan posantes ante nuestros ojos lectores.

Las ilustradas sobreimpresiones de sus textos -que a modo de marcos nos enseñan el camino para que no nos perdamos en sus iridiscentes imágenes- nos penetran provocadoras. Y sin embargo, la dirección no tiene porqué ser única y exclusiva. Aquí jamás se menosprecia toda posibilidad de que el cine -como lenguaje soberano- sigue siendo rey, al contrario. Nos remite precisamente a todas nuestras aptitudes generativas, a toda la carga cultural que orgullosos portamos desde hace siglos y más siglos.

El contenido aquí es verdugo de subversión que se prueba innovación de alto contenido estético y de cuya ética, atestiguamos solo poder vislumbrarse las cúspides. Contenido verdugo por tanto, de nuestros previos prejuicios. Carácter que deliciosamente se interconecta a lo largo de toda la película, pues el verbo que nos ofrece Gomes está exento de IVA.

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Del famoso gallo luso, todo el mundo sabe que se trata de un animal sabio, que con su glorioso canto madrugador trata de avisarnos de algo grave, muy importante!!! Lo que pasa es que hay poca gente que opte por formar su natural vocación para aprender la lengua de los animales. Quizá esté mal visto… ¡no nos extrañaría!

Desgraciadamente, famoso como el gallo -en Portugal- podemos citar el fuego. Y quizá por ello, Gomes trace una imprescindible dicotomía entre las mezquinas preocupaciones de los hombres y los sabios consejos de los naturales animales. Las historias son infinitas y sin embargo la moraleja se repite. Los hombres son burros y no aprenden.

Al fondo y en el fondo, hay un silencio que se guarda en la distancia. Cuando en medio de la noche oscura subimos a la montaña y divisamos las lucecitas del otro pueblo a lo lejos -aún a mayor distancia- otro pueblo que duerme con sus pocas luces encendidas. Y entonces la magia decididamente no son los naipes surgiendo sin previo aviso en una mesa verde. La magia es algo más hondo que guardamos en la memoria, en nuestro corazón que añora a alguien que no hemos vuelto a ver -o que nunca hemos conocido- y que vive muy lejos, en aquel pueblo en la lejanía, quizás.

A través del silencio viaja nuestro querer y una saudade inmensa de lo nunca vivido, para que luego la locura se instale y se adueñe de toda sensatez. Saudade de algo tan lejano que quizá si le hacemos señales de fuego…

Por eso arde Portugal. Qué burros somos!!!

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Bendita esta nuestra existencia -la de los hombres- porque lo que es la del gallo -aunque nos trate de avisar de la soledad, del silencio y de la tristeza de los hombres- no hay quién le entienda y lo único que hace es despertarnos demasiado pronto, aún de madrugada. Por eso habrá que cortarle el cuello. Antes o después.

Muchos placeres nos reportaría contaros las tristes historias inherentes al zambullido de los magníficos el día uno de enero y de esa enorme ballena que explota para devolver al mar los peces y sirenas que guardaba en su barriga. O hablaros de la huida del mujeriego fuera de ley, el delgadísimo y adorado por la opinión pública que es Simão sin tripas.

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Nos morimos por explicaros que la vida puede premiarnos con fantasmas que de lo tercos que llegamos a ser, insistimos en no querer atestiguar… y aunque existan precisamente para llenarnos de alegría -como el perrito Dixie que se reencarna para hacerle más llevaderos sus últimos días a sus mil dueños- no queremos, no podemos verlos porque todos somos víctimas de esta crisis vil, insana e intolerable que nos ciega a todos. Porque al fin al cabo, la misma existencia no tiene cabida en este mundo que olvidó los ecos de las canciones pop de los ochenta. Aquellas que se sienten tan profundamente que te pone el vello de punta, por muy horteras que se nos figuren, por muy trasnochadas que se nos antojen. Ya solo sabemos sentir en una única dirección.

Nos encantaría extendernos en los motivos por los cuales Miguel Gomes está redondamente equivocado cuando dice no saber qué hace cuando se pone a rodar. Entiéndase que él se refiere a qué el margen de improvisación en sus rodajes es tan grande que se le cambia incluso la estructura del cometido… Pero si así la frescura aflora, plena de vida. ¿Somos o no somos conscientes? ¿A quién más se le hubiese ocurrido enviar un grupo de periodistas por todo el país en busca de historias reales para su versión de las mil y una noches?

Quisiéramos contaros más de Sherezade y de las mil historias maravillosas que pueblan esta película y todas las que nos sugiere. De la terrible desesperación de aquella jueza que empieza dándole la receta de una tarta a su hija y termina de los nervios completamente atolondrada.

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La justa jueza aconseja a su hija recién desflorada a hacerle a su hombre lo que solo a ella le compite, que no deje que otras mujeres hagan lo que ella debería porque finalmente el marido se creerá poder disponer de otras para lo que le plazca. Aquella jueza que paulatinamente se percata de que todo el mundo en el tribunal que la circunda es corrupto y -de manos atadas- no puede más que ponerse a insultar en el absurdo estado de cosas en el cual parece no haber ley que valga. Todo es motivo de escarnio y la pureza hace tiempo que perdió vigencia. Aunque se puedan distinguir los originalmente corruptos de las víctimas de la corrupción, finalmente todos han terminado corrompiéndose por algún motivo. Pobres criminales víctimas de la propia existencia.

En casa, su hija finalmente desiste de hacerle la tarta a su novio y manda a la criada que haga lo que solo a ella le competía. Hubiese sido tan fácil seguir la receta de su madre… pero la corrupción no conoce recetas ni viejas enseñanzas de madres. ¿Justicia? ¿Pero qué justicia?

Nos encantaría detenernos en todas y cada una de estas historias y soñar con ellas, aprender de ellas. Pero el día despunta y seguramente tendremos que continuar el viernes próximo…

A Miguel Gomes le conocimos con ‘Tabú’ (2012) para quedarnos totalmente prendados. Qué historia tan extraña, maravillosa e inusual. Qué belleza de blancos y negros en un Mozambique tan exótico y a la vez tan familiar. Os juramos que aunque esta no sea precisamente una película dada a lo lacrimógeno, las lágrimas se nos lanzan como proyectadas de los ojos despedidas hacia el ordenador, en lugar de dejarse escurrir como de costumbre.

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Nos encantaría todavía decirte a ti que nos les, que tienes ‘La cara que te mereces’ (2004) y que pese a que ese sea el título que daría a su primer largo este gran director portugués, que es bien probable que ello sea verdad…

Nos gustó mucho ‘Aquél querido mes de agosto’ (2008), y al respecto matizamos que pese a que repudiamos y no podemos odiar más la música pimba -por sentirnos profundamente ofendidos con la enorme carencia de ideas que aquella patenta- pensamos que resulta imprescindible retratar la realidad de la forma más precisa y contundente de que seamos capaces. Quizá esa sea la dosis de crudeza que necesitamos aprender. A lo mejor algún extranjero le encontrará su punto, pero decididamente, para un número considerable de portugueses, creednos que puede resultar muy excesiva. Probablemente no nos quede otro remedio que taparnos los oídos cuando aquella suene en las películas de Miguel, y eso que alabamos su enorme capacidad para amar tan profundamente aquel pueblo que tanto le necesita.

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Nos encanta compartir nacionalidad con Miguel. Sería estúpido, insensato y necio decir que nos enorgullecemos de ello, pero si algo de bueno tiene esto, es que le entendemos tan bien como si hubiésemos compartido cuna en la maternidad -aunque él sea uno y dos años mayor que nosotros- sentimos tal conexión que le sugerimos una secuela a su ‘embriagador coro de los pinzones’:

Miguel, considera que como las jaulas de los pajarillos van tapadas con el paño ¿por qué no haces que se cuele entre los participantes del concurso un personaje corrupto, que en lugar de pajarito se presente con un reproductor de mp3 enjaulado? Nadie se daría cuenta y seguro que ganaría todos los premios… ¿podría la corrupción llegar a tales cimas?

Tenemos fe de no haberte sugerido una inmensa bobada…

Después de todo, lo que nos diferencia es el idioma. Ciertos dejes, modos y otros cuentos. Aunque existan portugueses muy creativos, en realidad la idea del mp3 enjaulado fue del Carlos español. Aquella práctica del concurso de canto de pinzones importada de la Flandes la encontramos también hace poco en la primera película de Bruno Dumont. Precisamente Freddy -su protagonista- tiene un bonito pinzón de concurso.

https://elcinequellevamosdentro.wordpress.com/2017/06/23/pero-ridiculo-por-que/

Todo se toca, todo se contagia, aunque en lugar del sabio gallo de los presagios, en España quizá hubiese sido de alguna forma el toro, quién nos advirtiese de la inminencia del fuego. Porque pese a que aquí no exista saudade, a las montañas también se les prende fuego por el mismo motivo.

En lugar de un guardia republicano, la china Lin Nuan, podría haberse enamorado de un guardia civil con su característico tricornio en lo alto. Tan fogosa ella como el delicioso significado de su nombre –Floresta caliente– tan trágicas sus vivencias en Portugal como pudiesen haberlo sido aquí, en Grecia, Islandia, Austria o Hungría.

Las mil e infinitas noches cruzan mil fronteras. Las mil y una noches se habrán originado en países árabes, pero hace mucho que se han vuelto patrimonio de la humanidad entera. Para bien y para mal, su versión portuguesa más que fiel, es totalmente real.

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2 thoughts on “Mil e infinitas noches

    1. Seguro que te interesará Ana. Es una auténtica maravilla. Nosotros como decimos en el post empezamos por Tabú, la película con la cual se lanzo verdaderamente, a lo mejor es una buena opción para empezar a conocerle. Pero a ti no te asustan las películas largas, y te encantan las series, así que seguro disfrutarás un montón con las seis horas de estas mil y una noches tan especiales. Un abrazo enorme Ana.

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