Alicia ♥ Fausto

ilustración svankmajer

…el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección

(Conde de Lautréamont).

Por si aún siguiesen existiendo dudas al respecto, el surrealismo no se circunscribe a una época concreta entre los movimientos y descubrimientos insertados en la historia del arte moderno. Quizá aún se le confunda con el periodo de tiempo dispuesto entre la formación y disolución del grupo surrealista francés -la más conocida de sus formaciones encabezada por el pontífice André Breton- grupo que sentaría algunas de las bases de su irrevocable e imprescindible constatación y trataría de entrever sus necesarias posibilidades. Igualmente, serían ellos quienes darían visibilidad a un cúmulo de realidades más allá de la esfera normalizada de nuestra sociedad narcotizada, emprendiendo una de las marchas de vanguardia de las más nobles que tengamos razón.

El surrealismo es un estado de espíritu, una forma de estar -aplicada- en el mundo. Y sobre todo, una de las maneras más sinceras de acercarse a uno mismo, como la alquimia.

Quizá la suerte del grupo surrealista de Breton no hubiese gozado de la mayor de las iluminaciones al adherirse a nivel político al partido Comunista, pero algunas de sus líneas de trabajo siguen bien vigentes. Entre otras, recordemos aquella que dice que:

La revolución es siempre asunto del propio.

Antonin Artaud

Y si 500 años antes ya el Bosco había pintado aeronaves con extrañas formas sobrevolando los rurales paisajes de antaño, Dostoyevski, Poe, el Marqués de Sade, Alfred Jarry o el antes citado Conde de Lautréamont habían azotado con sus extremas confrontaciones sociales haciendo uso de sus reprimidas paranoias -tan personales como reales- expresiones inusitadas y totalmente emergentes en aquellas sociedades perfectamente encajonadas en sus monótonas y ciegas existencias… sería por tanto, un gravísimo error proclamar igualmente el final del surrealismo.

Existen peculiares historias de amor entre máquinas de costura y paraguas que no son más que extrañas coincidencias -afortunadas relaciones- entre todas las que podemos percibir en primera persona o tan cerca de nosotros que nos resultaría harto extraño su ausencia. El surrealismo no es lo absurdo o algo completamente carente de lógica como pueda dar a veces la impresión. Como calificativo se popularizó en sentidos que en ocasiones serían totalmente nefastos y deberíamos cuidarnos de pronunciarlo a la ligera. Porque en cuanto enseñanza básica o camino de salvación, el surrealismo aún puede entenderse como solución a nuestras inquietudes más hondas. Salida inaudita en nuestros callejones aparentemente clausurados a cal y canto. Grito inerte que despierta en sueños la posibilidad de un sueño mucho más vasto e insondable.

Hoy os traemos a todo un entusiasta de este credo que no conoce barreras geográficas, políticas, ni fronteras temporales de ningún tipo. El cineasta alquimista, Jan Švankmajer, quién con sus investigaciones táctiles lograría desarrollar una magnifica exploración de la psique humana dejando constancia de la vastedad de territorio inexplorado de que aún disponemos y al cual todavía podemos aspirar como pioneros descubridores.

En la Checoslovaquia en dónde nació y creció este verdadero explorador, las represoras iniciativas políticas y sus sucesivas capas fueron destruyendo la posibilidad de otros mundos, otras posibilidades más allá de las normas dictadas por Moscú, en nombre de la humanidad. Y Jan, como hacen los niños cuando no tienen juguetes -que se los inventan- simplemente porque es imperativo jugar… se convirtió en precursor de sí mismo. Y es bien sabido que la creatividad brota en las más adversas circunstancias, si sostenidas desde uno mismo.
Quizá en acto de rebeldía natural ante la dictadura -cualquier dictadura- el sueño surrealista se haya materializado en el corazón de este checo que nos propone los más infantiles abordajes, a la par de las más tenebrosas pesadillas. Todo ello en vista a alcanzar un conocimiento más hondo de nosotros mismos. Por ventura, menos acomodaticio y más cabal que otros intentos interpuestos en sus esquizofrénicas elaboraciones sociales y políticas.

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Yo conocí a Švankmajer hace relativamente poco tiempo, digamos que tampoco es que se hayan explayado en enseñar su obra fuera de su país hasta los años ochenta. Y probablemente -para que nos vayamos haciendo a la idea- se llegó a comparar su trabajo con ‘La pequeña tienda de los horrores’ (1960) de Roger Corman, pero aún lo que mejor podría semejarse a su trabajo fuera del telón, serían los pequeños sketches animados por el joven Terry Gilliam para los Monty Python:

Yo le conocí hace 6 o 7 años y fue Carlos quién me enseñó sus películas por primera vez, dejándome completamente rendido. A él, este excéntrico cineasta surrealista le fascinaba desde hace un montón de tiempo ya, no fuese una de sus pasiones en común el teatro de títeres, o para el caso, la delicada animación de objetos como avatar teatral. Así habría empezado Jan, precisamente trabajando en alguna de las clásicas compañías de teatro de su país después de haberse formado en el departamento del teatro de títeres del famoso Colegio de Artes Escénicas de Praga. Famoso por la enorme calidad de sus propuestas en la línea de la legendaria tradición mantenida al respecto en aquel país.

A este emergente titiritero pronto se le ofrecería trabajar en el corto de Emil Radok, ‘Johanes Doktor Faust’ (1958), y sería entonces que de aquel aprendizaje devendría uno de los aspectos de su trabajo por el cual sería entusiásticamente aplaudido un poco por todo el mundo -a pesar de las cortinas de acero levantadas a favor de la humanidad- se convertiría en uno de los más destacados maestros animadores de aquella rama del séptimo arte conocida como stop-motion. Ya sabéis… como aquellas antiguas animaciones que todos veíamos de pequeños en la tele hechas con plastilina: foto más foto más foto-plastilina cambiante plastilina y olé… Película Animada:

A la mano de todo el mundo está este infinito medio de posibilidades. Sin embargo en el caso de Švankmajer, su arte en gran medida procedería de la enorme pasión que le profesaría a las artes escénicas en general y a los títeres en particular. La puesta en escena de los actores pero también de todo lo que hace posible la magia -la luz, la sombra y el sonido- la profunda transformación del espectador desde el escenario. Como un chamán, Švankmajer trabajaría incansable en la investigación de posibles curaciones en el espectador a través de su arte. Experticia que una vez alcanzada -ya en sus películas- muchos darían en calificar de pura alquimia.

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Esta semana decidimos ver dos de sus películas, ‘Alicia’ (1988) y ‘Faust’ (1994), en ambas Jan recurre a todas las técnicas de que se ha hecho irremplazable maestro. Incluida la acción real con personajes de carne y hueso y la utilización de títeres, muñecos de todo tipo y todo tipo de objetos animados.

Una de sus más significativas reglas de dirección explica de la necesidad de investir a sus personajes -ya sean humanos o no- de la magia que parece carecer nuestro paso por el mundo y que una vez atisbada, da la impresión de abandonarnos con una implacable facilidad. Para ello hay que dotar a los objetos de vida.

Auténtico demiurgo, este hombre nos insta a no forzar jamás los objetos, a no tratar de contar nuestras historias a través de ellos, sino a dejarles a ellos que cuenten sus propias historias.

‘Faust’ es revisada por el checo precisamente en el sentido en que su protagonista, pese a aparentar ser terriblemente desafiante con Mefistófeles dado sus varios y vastos conocimientos, en realidad no pasa de un muñeco en manos de sus propios titiriteros.

La historia paralela que se escenifica dentro de nosotros y que tan solo se sugiere en la pantalla, también nos manipula. También nosotros, en cuanto espectadores, asistimos a nuestro proprio adoctrinamiento, a la manipulación ejercida por parte de nuestros propios gobernantes.

Llamada a la revolución dentro de un enorme sopapo para el despertar. Realidad mucho más vehemente que cualquier película por su tormentosa y tangible realidad, inevitable realidad. La asustadora leyenda en esta película no solamente cobra vida, sino que toda la inverosimilitud que nos pudiese alejar del clásico alemán en nuestros días -a través de las técnicas táctiles empleadas por el maestro en su extremo materialismo- nos devuelven la sensación pura del realismo que le pudiésemos echar en falta. Después del ‘Fausto’ de Švankmajer ya no volverá a haber una invocación al diablo que nos pueda provocar mayor terror.

Y ojo, debemos señalar que si de algún modo el surrealismo se pudiese desdibujar en nuestra acepción, recordad que nada hay más verás que nuestros más terribles temores.

A lo largo de su trayectoria fílmica, a pesar de que la censura en Checoslovaquia le hubiese imposibilitado rodar sus películas al menos durante siete años –por aquello de que las cintas sadomasoquistas no son propias del socialismo– Jan se sumergiría en aguas poco concurridas por la industria de la animación creando una verdadera colección de trabajos totalmente innovadores y diametralmente opuestos a las propuestas más en boga en la época, enfocadas casi todas ellas exclusivamente a un público infantil.

Quizás se pudiese decir que sus películas no son exactamente para niños, pero sin embargo, fue en la obstinación infantil que Jan encontró su mayor y más elocuente leitmotiv, acerca del cual explicaría aquello de que es en la infancia feroz que se libra un incesante combate contra el imperativo domesticado de la madurez.

Y reflexiona al respecto ponderando aquellos niños que demuestran una auténtica necesidad de construirse a sí mismos entre sus juguetes, de vivir toda la experiencia del juego, experimentarse a sí mismos entre los objetos. Incluso llegando a de-construirlos, a destruirlos para probar suerte hacia nuevos derroteros, nuevas posibilidades. Jan dice desconfiar de aquellos otros niños que mantienen sus juguetes intactos y en perfectas condiciones. Les pueden llegar a tener tanto aprecio que prácticamente ni los llegan a desordenar. Sin embargo, inexplicablemente, también los hay que los destruyen inmediatamente y que no llegan a probarle el jugo, todo su potencial. Al final, los niños constatan que dentro de los juguetes no hay nada… y ese también puede ser un problema.

Hacia los envasados al vacío y debidamente procesados y edulcorados productos de Disney se manifiesta con la fiereza propia de un revolucionario -puesto que el ser humano se pierde fácilmente ante los productos de consumo rápido olvidando incluirse a sí mismo en la ecuación.- Ante aquellos evoca los descarnados y originales cuentos de hadas clásicos contra la conformidad y control ejercidos por la más globalizante y poderosa empresa de animación del mundo.

Desde el cine que llevamos dentro, al respecto ya nos hemos pronunciado en diversas ocasiones, una vez más reiteramos que nosotros creemos que otorgándole a cada cosa su debido valor y haciéndolo siempre desde una aproximación saludablemente crítica, toda aproximación es válida.

No es que deseemos quedar bien con todo el mundo: de hecho habrá muchos que con esto nos tilden directamente de chaqueteros, indefinidos o cobardes. Pero hay momentos para todo y todo tiene cabida en nuestro propio mundo. Hay buen drama y buena comedia, hay buen cine y cine malo estadounidense… igualmente en muchas otras partes del mundo.

Podemos necesitar con urgencia hacer una profunda inmersión en nuestro propio ser tratando de encontrar la luz olvidada o la mirada más pura. Y de entre todos los días de nuestras vidas, cabe incluso la posibilidad de que nos apetezca ver el último hit de Disney. No por ello tenemos que dejar de ser personas menos informadas, sensibles o hacernos más propensos o dependientes del consumo de masas. Al final, la sociedad se nutre de todos sus narcóticos y nosotros no nos desmarcamos de nuestra responsabilidad al frivolizar tal consumo, pero afirmamos que a veces también nos apetece, aunque no sea precisamente lo que más nos atraiga o que ello signifique nuestra mejor fuente de conocimiento.

Quizás aquí cabría señalar la gran fascinación que nos provoca la obra de Švankmajer pese a no estar de acuerdo con él en muchas de sus posturas y reivindicaciones. Podemos incluso, al leerle, dar por seguro que sus películas son muchísimo mejores que algunas de sus declaraciones. Porque quizás la posibilidad de lecturas a que nos invita su obra nos acerca a nuestro propio ser más desconocido, sin coartarnos.

Un ejemplo simple sería el innegable y enorme talento, el genio de Salvador Dalí. Quien pese a haber expresado en varias ocasiones sus inclinaciones políticas hacia la derecha. Algo que consideramos totalmente deleznable e incluso carente de ética -desde nuestro punto de vista- lo cual, pese a todo, no le resta el menor ápice de talento, de genio. El cual reconocemos en el alma:

Recuerdo que cuando cursaba mi primer año de doctorado, un buen día surgió la pregunta de que si el atentado del 11 de septiembre -a las torres gemelas- podía ser considerado un acto creativo. Evidentemente que el repudio inmediato generalizó la posibilidad de que un acto terrorista de tales características pudiese siquiera platearse como tal y entrase a formar parte de los grandes logros alcanzados por los hombres. No obstante, hemos de remachar que la creación no tiene un ético denominador común. De hecho, de haber habido un creador… nos habrá creado a su imagen y semejanza, tan ético como tan poco ético a veces. Tan puro, como tan impuro.

En la muerte que acecha, en la descomposición que adviene con el paso del tiempo, Jan nos retuerce con la verdad, sin edulcorar. Todos tenemos presente la manzana pudriéndose, todos podemos verla menguar a cada minuto que pasa. Basta echarle un largo y lento vistazo, basta tener paciencia y podemos verla oxidándose rápidamente. Algo que llevamos bien dentro, prenuncio ineludible.

A veces la manzana nos la pintan como algo ideal que en nuestro foro interno, en lo más íntimo sabemos que no es tan cierto como parece demostrar su lustroso y delicioso aspecto. Es cierto que como con la pintura, la tarea que conlleva la animación stop-motion requiere un tiempo que deviene reflexión. Inevitablemente -echando mano de esta lógica patente- el surrealista checo procura zarandearnos atestiguando al mismo tiempo nuestro ser onírico, que pese a poder estar algo olvidado en nuestra consciencia, también se encuentra inextricablemente patente en nuestro ser. Y dejaríamos de hablar de surrealismo en este momento si en su lógica no se retorciesen ciertos parámetros, por momentos incomprensibles o de otras lógicas totalmente inexistentes.

Si al inevitable curso del tiempo no le contrapusiese toda la amplia gama de artilugios y posibles personajes de ensueño, y de horror… de pesadilla. Si sus extrañas historias no estuviesen tan vinculadas a la salvaje infancia, crítica mil veces subrayada a la sociedad de los adultos. Si los gabinetes de curiosidades de que echa mano -ya sea en forma de maravillosa guarida o como asustadores recovecos para el desasosiego- no se transformasen en nuestros más que reconocibles entornos íntimos y personales. Si no fuese así, no estaríamos ante el surrealista total que ha probado todas las técnicas y se ha mojado en todos los ámbitos.

De sus más próximas influencias refiere a su adorado Archimboldo, al inteligente Max Ernst y también a Leonora Carrington, quién diría aquello de que un ojo debería adentrarse en el microscopio y el otro el telescopio, porque solo así se puede tener una visión más global del mundo y de nosotros mismos, de la verdad tal cual nos es vedada y se nos puede aún revelar.

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No hay una parte de su trabajo, o alguno de sus recursos que sea prescindible en la enorme escala de su aproximación. A veces diminuta -haciéndole justicia a las ensoñaciones tanto de Swift como de Carrol- otras veces descomunal, colosal.

En todas aquellas intimidades tan dispares, macabras, sensuales, escatológicas y grotescas vivimos el morbo en un estado totalmente ausente de cualquier tipo de vigilia. Pecaminosos, nos entregamos a las extrañezas de su particular gabinete plagado por las más bizarras de las colecciones.
Al parecer hasta el siglo 17 era en la curiosidad en la cual decían tener su origen el pecado. Evidentemente que con el advenimiento de la ilustración y la ciencia, todo aquello se fue quedando progresivamente obsoleto. Sin embargo es curioso observar como sigue siendo precisamente la curiosidad que nos impulsa en estas historias que nos cuenta Švankmajer. Es la curiosidad el motor que nos pega a la pantalla y como en ciertos sueños ajenos, con una especie de mirada mórbida, como auténticos voyeurs nos adentramos más y más en ellos -sueños- que también son los nuestros en cierta medida.

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El mundo es un sitio repleto de todo tipo de sonidos, olores, sabores, y también extrañas sensaciones provocadas por desconocidas y atractivas y repulsivas texturas, y todas ellas también son pasibles de entrar en nuestros sueños… Quizás al despertar podamos estar más propensos a recordar las imágenes aún suspendidas en nuestra memoria, tal vez algún extraño sonido, balbuceo o media conversación mantenida en brazos de Morfeo, pero lo cierto es que todos nuestros sentidos están alerta. Todos ellos masticaron el día para por la noche envolverse en su elaboración profunda. Además, a aquel nivel de entendimiento que quizá comprenda mucho más de lo que el sabelotodo consciente parece hacernos creer.

Es por ello que a veces la sensación de un perfume inesperado nos invade trayendo en su maleta recuerdos de nuestra propia infancia, incluso de posibles vidas anteriores, o exteriores. La sensación de estar tocando una substancia asquerosa que súbitamente se vuelve agradable al tacto, casi sensual. O que un chillido gane altura y nos eleve hasta la locura más incontrolable sujetando -en vuelo contra-picado y de retirada- un horrible sabor a metal en los labios. Es en nuestra capacidad de sinestesia que Švankmajer sustenta sus estudios relativos a lo táctil.

Cuando los censores de su país le prohibieron realizar sus películas, Jan se dedicó casi en exclusivo a la exploración de sus experimentos táctiles. Los cuales serían algo así como un cruce entre los sentidos físicos y la imaginación. Exploración que extendería mediante la sinestesia a la imagen que posibilita el medio cinematográfico, en el cual se puede hacer sugerencia de primer orden:

“Como muestran los resultados de mi investigación, existe algo semejante a la “memoria táctil”, que penetra en los rincones más remotos de nuestra infancia; desde ahí se proyecta en la forma de analogía a partir del más leve estímulo táctil o mediante la provocación de la imaginación táctil, alentando el “arte táctil” de la comunicación. (…) desde el día mismo en que nacemos perseguimos el sentimiento de seguridad emocional a través del tacto, a través de nuestra experiencia táctil con nuestra madre. Este fue nuestro primer contacto con el mundo, antes de verlo, olerlo, oírlo o gustarlo” (Para ver, cierra los ojos, 2012 de Jan Švankmajer, pepitas de calabaza ed., cita en p. 83).

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En ‘Alicia’, por las necesidades propias de la actividad creadora que toda interpretación libre permite, Švankmajer hace una revisión del original de Lewis Carrol pero sin detenerse demasiado en sus sugerentes y originales juegos de palabras. Incide sobre el peligroso carácter de los sueños desde una perspectiva totalmente infantil y también como si todo ello transcurriese precisamente en un sueño. Los cuales no suelen ser excesivamente verborreicos…

Con toda la temeridad y sin el sentido del peligro que suele caracterizar a los niños más libres, Alicia se adentra sin miedo en un mundo plagado de contingencias. Un mundo inventado precisamente con lo que tiene más a mano: los juguetes y todos los objetos que la rodean y que no constituyen más que su propio mundo. Un mundo en el cual siempre se puede pinchar con la punta del compás, que vamos… tampoco es para es tanto.

Alicia no tiene miedo y experimenta, explora, se regodea y se deja sorprender, se revuelca en la delicia de su propia imaginación, goza cada instante como si lo sorbiese lentamente para que jamás se termine… Y la sorpresa es infinita, y el sueño no podía ser más vivo. Y a cada vuelta de tuerca, a cada tornillo oxidado la sorpresa es aún mayor.

El conejo blanco, siempre con prisa, no puede dejar de mostrar su preocupación por el serrín que va perdiendo por su vientre rajado. Muy a su pesar tiene que detenerse en varias ocasiones para alimentarse de delicioso/asqueroso serrín. Tal vez un imperdible pueda detener el flujo, que imparable, no deja de brotar de su interior. Pero de todo esto Alicia no tiene miedo, es solo un adorable/horripilante conejo de taxidermia.

Y pese a que la reina siga cortando cabezas a diestro y siniestro, e incluso cuando es la suya que está en jaque, Alicia no teme confrontar los monarcas preguntándoles por qué le tendieron una trampa. Y arguye que si no podía comerse las galletas, habérselo dicho. Y tan pancha, se come las pruebas del crimen que quedan aún en el plato y que tendrían que servir un juicio justo… proceso infinito, absurdo, ridículo e inentendible hasta para un niño.

Precisamente, nada más empezar la película se nos advierte que:

Ahora veremos una película para niños, quizás! Pero debes cerrar los ojos, sino no verás nada.

Los sueños pueden ser peligrosos y también mucho más apelativos e interesantes que el verdadero peligro que encierra el hecho de ser un carca… pleno de reglas, borracho de poder y totalmente olvidado de lo que importa de verdad.

Porque al fin al cabo, los adultos… ellos sí que tienen peligro!

Seguramente habrán olvidado cerrar los ojos.

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2 thoughts on “Alicia ♥ Fausto

  1. Cuando he visto ciertas tomas del primer trailer de Svankmajer, no he podido evitar pensar en Un Perro Andaluz. Después he leído la definición de Milos Forman (Buñuel + Disney = Svankmajer) y no puedo estar más de acuerdo. magnífica entrada, como todas las vuestras, que me ha descubierto un cineasta que no conocía.

    Gracias por la información y un abrazo, amigos.

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  2. Muchas gracias. Nos alegra muchísimo ser tan útiles hasta a entregados profesionales del medio como tú. Como Milos Forman, nosotros no diríamos que Svankmajer se parezca tanto a Disney como a Buñuel, de todas formas todo lo que sea captar la atención hacia él merece la pena. Este hombre es un caso muy singular en el mundo del cine. Estamos seguros que pronto gozará de mayor éxito que hasta aquí.
    Un fuerte abrazo y que siga con excelencia el trabajo magnifico que haces.

    Le gusta a 1 persona

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