Intentando sobrevivir al entretiempo

ilustración capítulo 27 assayas

Esta película que transcurre entre verano y otoño, ‘Finales de Agosto, principios de septiembre’ (1998) del gran Olivier Assayas, es una de estas piezas que te trastocan y te hacen derivar hacia los paisajes perdidos de tu propio ser. El frenesí diario se va apaciguando paulatinamente para ir a posarse en ese punto en que los ojos se suspenden del horizonte. Perdidos, sin mirar.

Al final, hay un regusto agrio que resulta de la percepción de finitud. No es nada agradable.

Reflexiones que ponen en jaque tu propia ética -casi siempre tan definida- pero que desde este limbo, en este límite/abismo que el francés te propone, te llevan a replantearte absolutamente todo a cerca de la veracidad de quién creías ser. Finalmente constatamos -con cierta desilusión- que no somos tan buenos y de corazones tan alzados como daríamos en creernos.

Para ello ya nos había alertado Morrissey:

Y nos preguntamos ¿Olivier Assayas: me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere?

Nosotros no le queremos nada poco y mucho menos queremos dar la impresión que no le admiramos con profunda devoción. Nos parece uno de los cineastas más valientes que conocemos por ir dónde seguramente la mayoría se negaría.

Pese a toda la fisicidad de su cine, todo ocurre realmente en un territorio mucho más grave. Dentro de nuestro propio estómago. Dentro, porque es a un nivel interno que se produce todo aquello que ni a solas -delante de un espejo- nos atreveríamos a confesar a nosotros mismos.

El suyo es un cine hecho con las entrañas. No claudica ante el consumo abigarrado del cine comercial, aunque algunas de sus propuestas puedan ser extremadamente innovadoras y hasta en ocasiones, se perfumen con ciertos inciensos de la moda para que resulten suficientemente atractivas y lograr así llevar la gente al cine. Aunque tal vez el espectador desprevenido se encuentre luego con algo totalmente inesperado y se lo tenga que llevar a casa metido en la barriga – ya para siempre.

Como la niñita de Frankenstein a la orilla del lago… con la margarita en la mano nos preguntamos eso de si me quiere o no me quiere, porque esa es la conclusión general a la cual llegamos cuando terminamos cualquiera de sus películas.

Quizás no todas sus apuestas planteen esta acre auscultación de nosotros mismos como en la película que sugerimos esta semana. Quizás sobre todo de sus primeras películas aún se pueda extraer un cierto tono de suavidad que las hace ligeramente llevaderas. Tal vez existan aproximaciones suyas más dulces e incluso otras, declaradamente amargas. Pero definitivamente, el suyo es un cine de contemplación ritual. El ritual de pasaje al que todos estamos abocados y al cual antes o después nos veremos sometidos.

Entre lo que quisiéramos dar por sentado y toda la expectación, el escalofrío de no saber a qué atenernos. Porque finalmente, nadie sabe qué le espera.

Assayas es muy arriesgado, y su aproximación extrema. Por eso mismo le admiramos con devoción y no obstante: ¿por qué tenemos que sufrir a sus manos de esta manera? ¿Por qué nos entregamos a sus arrebatos sin tregua? ¿A sus inquietudes más iradas e hirientes? ¿A sus duros dictamines?

¿Es que no podemos satisfacernos con esas típicas propuestas que encajan en géneros al uso y para las cuales podemos prepararnos de antemano? ¿Tanto tenemos que sufrir para comprender? ¿Para poder llegar al meollo de este ‘yo’ que se consume si no llega a una conclusión fehaciente? ¿Si no encuentra respuestas a sus impulsos y logra establecer un cualquier plan que apacigüe sus instintos?

profile_0_3_810x398

No podemos alejar nuestros pensamientos ni un ápice de esa su perpetua cámara en mano, dando volteretas y revoloteando sobre la superficie de las cosas y que se nos antoja estrellarse a cada instante. Atrapando todos y cada uno de nuestros sentidos. Zarandeándonos hasta despertarnos por completo. Tratando de captar cada retorcido detalle. Inmiscuyéndonos en cada uno de sus peculiares personajes. Metiéndonos a bocajarro enormes cucharadas de acción por la garganta hasta que terminemos todo el cazo. Sin dejarnos ni respirar.

Si alguna de aquellas estúpidas convenciones dictase que la cámara no pudiese colocarse a menos de dos metros de distancia de la acción, Assayas incurriría en tan grave delito, que iría de inmediato a la cárcel y hasta probablemente sería ejecutado en la silla eléctrica. Jamás se aleja ni dos pulgadas de los poros de sus actores. Y así es como nos sirve el desenfreno del pensamiento: Frío.

El desenfreno de la vida: Helado.

La inconsciencia cotidiana que guía nuestros pasos hasta que de pronto estalla. La cabeza que sin parar de dar vueltas nos hace catar la náusea y luego el vértigo… y ya nos tiene agarrados hasta el final. Y no porque nos quedemos esperando lo próximo que vaya a ocurrir, sino porque su puño cerrado en nuestro cuello nos empuja contra la áspera pared.

Nunca esta pared había sido tan áspera.

102425e-image-de-Fin-aout-debut-septembre-4097

Ya en unos cuantos vídeos que en ‘el cine que llevamos dentro’ venimos anunciando nuestras ganas e intención de presentaros un especial totalmente dedicado al cine de Juliette Binoche. En esta ocasión, preparando la presente entrada, pensamos que sería interesante no revelar demasiado de una de las películas de Olivier Assayas que más nos gustaron, por razones obvias (así la reservaremos para el futuro especial de Binoche). Pero tenemos que referirnos a ella, al menos sumariamente, en el intuito de explicar por qué Assayas es tan verdaderamente jodido.

La sinceridad puede ser lo que más duela y en ‘Clouds of Sils Maria’ (2014) es a Juliette a quien Olivier propone una reflexión en primera persona. Y le pide, ni más ni menos, que reflexione a cerca del peso de sus propias arrugas… El inevitable paso del tiempo y los estragos que este le hizo a ella en particular.
En la película (en la cual hace de sí misma o alguien que quiere parecerse muchísimo a ella) esto se le plantea a modo de reflexión íntima, en la posibilidad de encarnar a la madre del personaje que la aupó al estrellato. La propuesta de un remake, que con el paso del tiempo le hace bajar un escalón -hacia un personaje mucho menos interesante-. Y de paso, reflexionar respecto a todas las que llegó a ser y que ahora, en este momento de su vida -encarando su propia edad actual- todas quienes ya no podrá volver a ser.

O sea, el duro transito que puede suponer la adaptación a una nueva etapa en tu vida, que quizá pueda finalmente suponer la más dura de todas ellas. La evidencia ineluctable de que el descenso es el único paso lógico después de la inquebrantable ascensión.

clouds-of-sils-maria

En ‘Después de Mayo’ (2012), Assayas nos coloca cara a cara con la fuerza juvenil que habrá dado origen a uno de los episodios revolucionarios más conocidos de la historia de su país, el de Mayo del 68. Una imagen vital e inteligente de aquellos jóvenes que hicieron posible la revolución pero que finalmente conservan toda la vida por delante y aún, el mundo entero por descubrir… ¿Cómo se sigue la revolución después de haberla empezado por mucho que se siga creyendo en ella?

La respuesta finalmente es bien conocida de todos los que seguimos vivos y despiertos en este mundo nuestro de cada día. Desaliento entre un momento de gran esperanza y otro natural y muy personal de total descubrimiento, en el caso de los jóvenes que habitan esta película del entretiempo del principiante.

despues-de-mayo-4

‘Las horas de verano’ (2008) también se regula por los caprichos del entretiempo.

Dos hermanos y una hermana desperdigados por el mundo, se reencuentran en la preciosa e idílica casa familiar -a las afueras de París- con motivo de la distribución de la colección de arte de su tío, muerto recientemente. Un apacible (y a ratos doloroso) fin de semana que representa un punto final que, lo más seguro, terminará alejándoles más aún entre sí.

Mientras tanto, la casa y todos los bellos recuerdos de familia contrastan con el motivo de natural transición vital para cada uno de ellos, las memorias de una niñez que no volverá.

‘Clean’ (2004) describe la historia de una madre drogadicta que trata de mantenerse limpia porque finalmente va poder ver a su hijo.

Desde hace años al cuidado de sus abuelos en la lejana Vancouver -de dónde era originario el fallecido padre del niño- un preocupado Nick Nolte interpreta al abuelo que acompaña al pequeño a ver a su madre. Nolte sabe que ellos no podrán cuidarlo por mucho más tiempo -demasiado mayores ambos- y quizás por eso trata de reunir a madre e hijo. Pero mientras tanto, la abuela ya habrá llenado la cabeza del niño con las historias de la mala influencia que siempre ha sido su madre para todo el mundo. De hecho, durante el proceso de tratar de mantenerse limpia, ella misma se plantea lo mismo.

clean-2004-07-g

‘Demonlover’ (2002) detalla la rivalidad entre dos empresas interesadas en adquirir los derechos de producción de una compañía de animación pornográfica japonesa que está revolucionando el mercado con sus innovadoras apuestas en 3D. El expansivo incremento en la demanda a través de internet de este producto hace del codiciado pastel el motivo perfecto -que encuentra un Assayas más agresivo que nunca- para nuevamente poner a juicio nuestros propios códigos morales.

Responsables por una postura de creciente agresividad, los ejecutivos detrás del negocio se ven envueltos en una trama de espionaje altamente atractiva pero que gradualmente nos resulta más y más repulsiva. Una de las dos compañías ha tenido varios problemas legales con alguna de sus páginas web y seguramente estarán detrás de asuntos que se revelan cada vez más turbios.

Quizá ninguna de las dos partes esté totalmente limpia, quizá incluso las animaciones en disputa puedan ser igualmente cuestionables. ¿Dónde acaba la cordura y dónde empieza el auto-análisis en esta película que seguramente no sea del todo apta para estómagos sensibles?

El cine de Assayas no es fácil de consumir. De hecho podríamos llegar a poner en tela de juicio el naturalismo radical de sus escasísimos planteamientos. Sus películas no ocurren de manera a concederte unas cuantas premisas relativas al lugar a dónde te dirigen. Simplemente parecen estar cortadas de manera casual para ofrecerte un posible fragmento de las vidas que transitan a tu alrededor.

El azar insertado en el tiempo. Trozos de vida que no sabes muy bien por qué se te presentan como obra acabada hasta que no termina el metraje.

¿Serán acaso obras terminadas estas nuestras vidas?

Todos estos ejemplos se podrían sumar a la jugosa filmografía de Olivier, que no tiene reparos con proyectos aparentemente de otra índole y radicalmente diferentes. Como la dura pero deliciosa película de época: ‘Les destinées sentimentales’ (2000). O la serie de televisión que cuenta las vicisitudes por las cuales pasó el revolucionario/terrorista ‘Carlos’ (2010-2011), alabada mini-serie de tres episodios ambientada al comienzo de los 70.

O la realización de un sueño sobre el cual habría escrito ampliamente al respecto en ‘Cahiers du cinéma’ -en dónde trabajó durante algún tiempo- una auténtica declaración amorosa al cine oriental que materializaría en la curiosa película con tintes de cómic de superhéroes ‘Irma vep’ (1996). O en el thriller de aspecto híper-estilizado ‘Boarding gate’ (2007), rodado en Hong Kong. Amor que completaría con un magnífico y personalísimo documental sobre el fantástico director taiwanés Hao Hsiao-Hsien HHH – Un portrait de Hou Hsiao-Hsien (1997) -hace poco revisado también en nuestro blog con motivo de su película: ‘La asesina’ (2015):

https://elcinequellevamosdentro.wordpress.com/2017/03/03/palimpsesto/

En el caso de ‘Finales de Agosto, principios de septiembre’, Olivier penetra y agujerea las vidas de un grupo de amigos que tratan de sobrevivir al entretiempo.

Todos y cada uno de ellos parecen estar buscando la forma de cambiar sus roles en el mundo. De destacar en medio de los suyos mientras mueven sus seres (en proceso) en un tablero dónde parecen olvidar que sus rivales son ciertamente quienes aún les puedan ayudar a tener una vida mejor, decente, más arropada.

Medio a tientas se miden entre sí y no tanto para reconocerse en el otro, sino para constatar las miserias ajenas y sentirse mejor consigo mismos. Aunque nunca lo logren verdaderamente, porque les cuesta ayudarse los unos a los otros y eso quizá empiece a mermarles desde adentro.

fin de agosto, principio de septiembre

-El trabajo que siempre puede ser mejor que la primera propuesta que te ha llegado y que aceptaste sin tan siquiera sopesarla, o simplemente porque no te quedaba otra alternativa…

-La importancia que se le puede atribuir al dinero y a una posible vida más desahogada…

-Tu nueva y guapísima pareja que en realidad te hace pasar el tiempo comparándola con tu ex, quién realmente no puedes terminar de quitarte de la cabeza…

Y luego, el lastre de la enfermedad inmiscuyéndose en el cuadro. El miedo a la muerte inminente y no haber logrado alcanzar tus metas a pesar de todas tus declaraciones de intenciones. La vida escurriéndose entre tus dedos. Sin tiempo para cerrar el ciclo y saciar todas tus dudas. Las cuales tendrán que quedarse invariablemente en suspenso.

Fin août, debut septembre 06

En este escenario plagado de jóvenes adultos, que pese a sentirse medio perdidos tratan de sopesarse a sí mismos, por momentos son sus egos los que se entrecruzan de tal forma que da la impresión que se suben todos a la báscula a la vez… Y luego, no es la báscula la que rompen, sino que es el mismísimo egocentrismo y los diversos brotes de autosuficiencia que les rompen inexorablemente entre ellos. Ora poniéndose en causa los unos a los otros – los suyos. Ora alejando sus vidas de manera a que ya no puedan reconocerles como los suyos. Ora aún, buscándose cuando ya es demasiado tarde… o simplemente dejando de ser… cuando ya la hipocresía ha terminado dando cuenta de todo.

Este acedo y naturalista retrato -retal arrancado a esa época de transición tan particular- cuenta algo que nos suele pasar a prácticamente todos al cumplir los treinta y cinco o cuarenta años de edad. Unas veces con mayor suerte, otras con mayor capacidad de iniciativa para adoptar el cambio sin dañar a quienes amamos… pero una dura época de reflexión que nos suele poner los ojos vidriosos al contemplar todo lo que fuimos y no volveremos a ser. Un vórtice que nos absorbe cuando nos damos cuenta por fin, en quiénes nos hemos convertido.

Por eso nos resulta imprescindible el cine de Assayas. Porque reflexiona estas medias tintas que nos presenta la vida, estos entretiempos que marean y nos ponen en órbita. Que nos desnortan. Al salir de casa no sabemos si ponernos el abrigo o la rebeca. No sabemos si queremos dormir tan solo con la sábana por encima pese a que sabemos que el edredón nos va a hacer sudar toda la noche.

Aunque Assayas nos lo sirva por el lado más negro y menos amable, nos ayuda a comprender que la autosuficiencia probablemente sea la peor opción, la mayor de las estupideces.

Todos necesitamos nuestros asideros, nuestros cojines y colchones dónde llorar. Todos necesitamos sentirnos apoyados. Y muy probablemente, solo con dureza nos percataremos que nosotros también lo hacemos, que lo hemos vuelto a hacer.

En más de una ocasión nos cerramos en banda a quien más no quiere, aunque esté tratando de escucharnos.

Aunque el año que viene otro agosto vuelva a señalarse en el calendario, aquél agosto no volverá jamás. Ya estamos en septiembre de nuevo y el frío acaba de instalarse en nuestros huesos para no dejarnos en mucho tiempo.

De todas formas, pensemos una vez más:

¿Serán acaso obras terminadas, estas nuestras vidas?

 

Anuncios

One thought on “Intentando sobrevivir al entretiempo

  1. Pingback: Juliette

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s