El triunfo de la verosimilitud

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El director sur-coreano Bong Joon-Ho tiene un gravísimo problema: Seguir sacando sus deliciosas propuestas a cuenta gotas. Que no es forma de saciar los apetitos de su imparable y devota audiencia. De hecho, lo único que nos alegra un poco la existencia es imaginar la posibilidad de plantarnos en su casa y pedirle cuentas.

Para la cuarta sesión de nuestra sección ‘EntreCarlos’, invitamos al actor Miguel Rubio a ver una de sus películas (a ver si le da mucho miedo). Deliciosa y desgarradora, difícilmente clasificable y sorprendente… y a ver dónde encontramos más calificativos para explicar de una totalidad tan abrumadora como es ‘The Host’ (2006), ‘El Huésped’ -un auténtico y genuino redoble de tambor no llegaría ni a la suela de sus garras (o serán aletas)-. Gran bestia monstruosa dónde las haya, y además, única en su especie.

Extremísima tarea de verosimilitud cuando la apuesta realista se da por perdida ya desde el inicio en esta notabilísima película que sin duda alguna, se trata de algo más que cine. El mundo en un pañuelito minúsculo, aleph en el hueco oscuro de la escalera.

La verdad siempre puede proceder de la mayor de las fantasías.

Dedicar un post (con su correspondiente vídeo) a una cinta que se volvió extremadamente popular y arrasó en galardones y taquillas de medio globo, no es una de nuestras más nobles acciones. Reconocemos que Bong, seguramente no sea quién más necesite bombo y platillo y habrá otros que sí lo necesiten, lo pidan a gritos y ciertamente con urgencia en muchos casos.

Y nosotros no somos para nada partidarios de los premios que se otorgan infinitamente a los veteranos cuando ya tienen éxito asegurado, pero vamos, que de vez en cuando -como a todos- nos gusta ver relucir una estrella. Además, las estrellas son tan fundamentales como los mitos y en este caso, brillante astro que destila pura creatividad y verdad absoluta. Evidentemente, este hecho no se nos podía pasar por alto.

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Nuestro flamante invitado de esta semana, quién hacer reír es uno de sus más fuertes vínculos a la verdad humana, uno de sus dones más arraigados, Miguel Rubio.

Quien dice que su dislexia verbal le ha abierto muchas puertas en la comedia y también no destacar en nada en particular… Peculiar modestia para un actor de sus características, puesto que durante 10 años ha estado trabajando con la compañía de teatro “La Garra”, de la cual fue co-fundador, y también ha colaborado en diversas ocasiones con las compañías de títeres ‘Etcétera’ y ‘Siesta Teatro’.

Además, ejerció funciones como diseñador y técnico de iluminación en los más variados tipos de espectáculos. Entre ellos subraya varios del ‘Festival de Música y Danza de Granada’ y otros de músicos tan populares como ‘El Bicho’ o ‘El Barrio’.

Algunos de sus trabajos incluso tuvieron un carácter internacional como los que realizó para ‘Roger Waters’ o ‘Dire Straights’.

Corea del Sur en los últimos tiempos ha forjado una visión tan drástica de la narrativa cinematográfica que algunos de los cánones fuertemente implantados se han tambaleado inexorablemente.

Dando el paso tan ansiado, algunas de las propuestas salidas de este país han supuesto un cambio paradigmático en la práctica ancestral de contar historias.

En su día, ‘El huésped’ se llegó a considerar una cinta de culto instantánea, pero Corea del Sur ya antes había emprendido sus más que logrados tours de force, imponiéndose por su exponencial creatividad. Algunos de sus apasionados abanderados e irreverentes cuentacuentos son ampliamente conocidos en occidente, aparte de Bong, están los geniales Park Chan-wook y Kim Ki-duk liderando una dichosa lista de geniales visionarios. Tenemos que dedicar sendas reflexiones a estos dos grandes maestros también, pero eso será en otra ocasión…

Na Hong-jin por ejemplo -tan de moda estos días- tal vez pueda convertirse en uno de los nuevos talentos que a cada dos por tres van dando visibilidad al cine sur-coreano -en este caso el más mainstream– tratando de unirse a la troupe de los jóvenes enfadados del cine sur-coreano ‘Les enragés du cinéma coréen’ (2007), como daría en calificarles el documentalista Yves Montmayeur en su aproximación al cine sur-coreano de principios de siglo y sus flamantes éxitos cosechados en festivales de todo el mundo.

Habría que matizar que ni todos ellos gozan de una capacidad creativa tan arrolladora como los tres primeros. Convengamos que a los nuevos paradigmas les cuesta sentar principios. Imponerse. Son demasiado fáciles de subvertir, ya sea por los beneplácitos de la taquilla o simplemente porque la plaga de escases de ideas esté llegando también a oriente.

Sin embargo, de vez en cuando florecen extrañas rarezas como el caso de Lee Hey-jun, quien aunque no formase parte directa del grupo de los enfadados, resolvería de la misma guisa sus aproximaciones, como por ejemplo en su hipnótica y excitante -a partes iguales- ‘Náufrago en la luna’ (2009):

Al intuir la aplicación de una fórmula determinada en la creación de lo que sea, acto reflejo la nariz se nos tuerce… pero hay que ser ágil y sagaz en esta cuestión, puesto que muchas de las obras más importantes y creativas de las que tenemos constancia se construyeron precisamente siguiendo pautas muy concisas. Cómo ejemplo podemos destacar las acérrimas cinco condiciones del movimiento dogma 95, el preciosismo y poética de la precariedad del neorrealismo italiano, o la constatación de posibles libertades con la nouvelle vague, el inconformismo y sentimiento de culpa del nuevo cine alemán. Movimientos que en lugar de ceñir el amplio espectro de posibilidades creativas lo abrió hacia fronteras nunca antes sospechadas. Tal y como el surrealismo, el dadaísmo, el futurismo, el cubismo y todos aquellos que quitándoles el molesto ismo aún pudiesen despertar nuestra necesidad de soñar.

Lo mismo que pedirle a un niño una redacción libre o darle un tema específico. Seguramente si es tan libre para escribir lo que desee, también podrá desear ni siquiera hacerlo. Pero si la línea bosquejada determina posibles senderos, tal vez se meta por alguno de ellos con creciente curiosidad, insaciables ganas de descubrir particularidades, misterios e inusitados tesoros. Quizás incluso llegue a territorio inexplorado.

En ocasiones las reglas, las constricciones y camisas de fuerza varias son tan necesarias como imprescindibles. Otras veces sirven para hacer dinero al llevar la gloriosa etiqueta al cuello, denominación de origen -que no de originalidad-.

Descontentos con las políticas dualistas de un país tan desequilibrado como el suyo [algunos de] los jóvenes enfadados del cine coreano parecen haberse puesto de acuerdo en una fórmula que explotaron para deleite de todos. Una fórmula harto compleja de analizar ya que su principio motriz trata de meter el dedo en la llaga -que a quién su consciencia le indique, supurará seguro- y cuyas reverencias de pauta y prescripción se revuelcan en toda la amplísima gama de sentimientos, directrices y aproximaciones. Por lo tanto, hay para todos los gustos en cada una de sus propuestas.

Sentimientos, líneas y acercamientos a veces completamente antagónicos entre sí, que se superponen y se yuxtaponen en fascinantes retratos de una brutal e ineluctable realidad. Alienígena harmonía que sorprende como la unión perfecta entre el agua y el aceite.

Y es por todo ello que no dejan ninguna sensibilidad ajena a sus demoledores e incisivos espejos. Y así, a todos terminará supurándonos la herida. Una o varias, o todas a la vez.

La vida desfila por un continuo de vicisitudes y monotonías que van de lo negro a lo blanco, deteniéndose en todos y cada uno de sus colores intermedios. Pues justamente, no hay color en el cine que aquí observamos, precisamente porque todos ellos los aborda de forma intrínseca e indisociable. Y además, lo hace a la vez. Imposible saltar ninguna de sus estaciones. Imposible obviar la totalidad y lanzar a reductos y microcosmos historias que en última instancia se verían estúpidamente privadas de sus necesarias conexiones al exterior.

Por tanto, hablamos de un cine sin género, y sin embargo, por antonomasia tenemos que referirnos a él como trans-género… Terror, drama, comedia, suspense, ciencia-ficción, paródico, policiaco, negro, blanco y gris – por referirlos todos de una sentada.

Este cine sur-coreano los aborda a todos ellos de forma transversal, para entendernos. Pero ojo, que así también constituye un nuevo bastión en el cual la totalidad perseguida se alza con una luz naciente, totalmente renovada y nunca antes vista. ¿Un nuevo cine? ¿Algo más quizás?

Y es que como somos víctimas de nuestra cultura de etiqueta al cuello, olvidamos que antes de habernos puesto el nombre atado al pie para no confundirnos entre cunas, nacimos sin cualquier tipo de etiqueta. Bueno vale: raza, peso y sexo, pero nimiedades al fin al cabo…

Porque al final todos nacimos libres como pajaritos (con todo el potencial del mundo entero) y a lo largo del tiempo fuimos eligiendo ramitas específicas para construir, y luego saber discernir las preferencias y las complexiones de nuestros propios nidos…

Volviendo al imprescindible Bong y a la película de esta semana. Si aún no habéis visto ‘El huésped’, no os esperéis una película de monstruos porque hayas visto uno en el tráiler. No os esperéis una cinta de acción porque un tráiler jamás podrá dar cuenta del nervio desprendido y sus contracciones perpetuando eléctricos espasmos, para siempre. No os esperéis ver un drama ni una comedia, ni siquiera una comedia dramática o una tragicomedia. No os esperéis momentos de puro terror, suspense y adrenalínicas secuencias rompiendo las uñas contra el sofá.

Y por otro lado tampoco penséis que vais a ver lo nunca visto, porque de todas formas sois humanos -o eso esperamos- y estáis de una u otra manera familiarizados con todo lo que aquí se juega. Tampoco se trata de innovación pura, sino de una visión mucho más lata. El intento de alcanzar el cosmos entero y que aquí se absorbe por completo.

El balbuceo en coreano es idéntico en castellano, en ruso y en francés. No hace falta traducir al bebé en Uganda ejercitando su lengua, igual que el bebé en Nueva Zelanda. Los bebés esquimales profieren los mismos sonidos inaugurales que los que nacieron en la selva amazónica, en Bélgica o en el Reino Unido. Este cine sur-coreano parece haberse dado cuenta de ello.

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Hoy no proporcionamos ni una pizca de spoiler respecto al ‘Huésped’, ni un asomo a la intachable carrera de Bong Joon-ho. Ni siquiera una palabra respecto a sus colegas Kim Ki-duk y Park Chan-wook.

Estos hombres están muy enfadados y lo demuestran a fuerza de metáforas potentes. La realidad arrolladora que llevan por dentro les permite tomarse todas las licencias y por eso, punto en boca.

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‘The Host’: la verosimilitud hecha monstruo.

La realidad nunca jamás había sido tan brillante y cegadora. Tan reveladora y pertinaz. Comprobad con vuestros propios ojos lo que tratamos de esgrimir. Palos de ciego no aciertan en piñata, pero pueden decir verdades como puños.

 

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2 thoughts on “El triunfo de la verosimilitud

    1. Esa es precisamente nuestra intención, además el cine nos ayuda a crear nuestro propio mundo, nuestra forma de entender la realidad, por eso se va siempre dónde más se desea, a dónde nunca antes se había ido con anterioridad. Siempre lo decimos. Un fuerte abrazo Ana. Muchísimas gracias por leernos y vernos.

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