Té y naranjas

ilustración capítulo C Leonard Cohen blog y redes sociales

Suzanne takes you down to her place near the river
You can hear the boats go by, you can spend the night beside her
And you know that she’s half-crazy but that’s why you want to be there
And she feeds you tea and oranges that come all the way from China
And just when you mean to tell her that you have no love to give her
Then she gets you on her wavelength
And she lets the river answer that you’ve always been her lover

And you want to travel with her, and you want to travel blind
And you know that she can trust you
For you’ve touched her perfect body with your mind

And Jesus was a sailor when he walked upon the water
And he spent a long time watching from his lonely wooden tower
And when he knew for certain only drowning men could see him
He said all men will be sailors then until the sea shall free them
But he himself was broken, long before the sky would open
Forsaken, almost human, he sank beneath your wisdom like a stone

Now, Suzanne takes your hand and she leads you to the river
She’s wearing rags and feathers from Salvation Army counters
And the sun pours down like honey on our lady of the harbor
And she shows you where to look among the garbage and the flowers
There are heroes in the seaweed, there are children in the morning
They are leaning out for love and they will lean that way forever

While Suzanne holds her mirror

And you want to travel with her, and you want to travel blind
And you know that she will find you
For she’s touched your perfect body with her mind

Autor de la canción: Leonard Cohen

Letra de Suzanne © Sony/ATV Music Publishing LLC

Suzanne te lleva a su casa que está al lado del río.
Puedes oír las barcas pasar de largo.
Puedes pasarte toda la noche a su lado.
Y sabes que está medio loca, pero por eso quieres estar allí.
Y te da té y naranjas que vinieron desde la lejana China.
Y cuando tratas de decirle que no tienes amor para darle,
te coge y te acurruca entre sus brazos,
dejando que sea el río quién te diga que siempre has sido su amante.

Y quieres viajar con ella, y quieres hacerlo a ciegas
Y sabes que confiará en ti
por haber tocado su cuerpo perfecto con tu mente.

Y Jesús era un marinero cuando caminó sobre el agua.
Y pasó mucho tiempo observando desde su solitaria torre de madera.
Y cuando supo con certeza que solo los que se ahogaran podían verle
dijo: entonces todos los hombres serán marineros hasta que el mar les libere.
Pero él propio ya estaba arruinado mucho antes que el cielo se abriera.
Abandonado, casi humano, se hundió bajo tu sabiduría como una piedra.

Ahora Suzanne coge tu mano y te lleva hasta el río.
Lleva puestos harapos y plumas sacados de la ventanilla del Ejército De Salvación.
Y el sol chorrea como miel sobre la Nuestra Señora del Puerto.
Y ella te enseña donde mirar entre la basura y las flores.
Hay héroes en las algas y niños por la mañana

Ellos son propensos al amor y seguirán siéndolo para siempre

Mientras Suzanne sostiene su espejo.

Y tú quieres viajar con ella, y quieres hacerlo a ciegas.
Y sabes que ella te encontrará
por haber tocado tu cuerpo perfecto con su mente

(traducción nuestra).

Sobre esta canción, Leonard explicó como los acordes surgieron antes de que apareciese siquiera el nombre de Suzanne. Ya desde el principio sabía que la letra iba a ser sobre Montreal, sobre ese paisaje que describe y que tanto le gustaba. Sabía que habría barcos, que habría un muelle, y la dama –Nuestra Señora del Puerto- descrita en la canción y que era la virgen de la iglesia- quién estrechaba sus brazos desde su torre a los marineros. A poco y poco la canción surgió de todas estas imágenes y fue entonces que empezó a jugar con el nombre de Suzanne Verdal, que por aquel entonces era la esposa de un amigo suyo. Eran una pareja maravillosa de Montreal, tanto física como personalmente. Todos los hombres estaban enamorados de Suzanne y todas las mujeres de él, Armand Vaillancourt. Pero a nadie se le ocurriría tratar de seducir aquella chica. Era la esposa de un amigo y además la pareja era tan perfecta que romper aquella relación hubiese sido un auténtico sacrilegio. Un día ella le invitó a su casa, al lado del río. Le invitó a tomar un té de la marca Constant Comment, que tiene aroma a naranja. Y los botes sonaban atracados en el agua, y él tocaba su cuerpo con su mente, porque no había otra opción. Esa fue la única manera de acercarse a ella lo suficiente.

Más tarde la propia Suzanne explicaría en una entrevista que en realidad nunca habían mantenido relaciones sexuales, al contrario de lo que algunas interpretaciones de la canción sugerirían. Suzanne también añadió que volvió a verle en concierto muchos años más tarde y que aún más adelante llegó incluso a dedicarle un baile en otro de sus conciertos, pero que seguramente él no la habrá reconocido…

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Como venimos sugiriendo a lo largo de los escasos meses de vida que tiene el cine que llevamos dentro, a veces la película que comentamos es precisamente la excusa para reflexionar sobre otras materias que nos rondan y que a propósito de ello nos permite distendemos hacia otros cauces, otros parajes. Los cuales pueden no alejarse diametralmente del cine en la mayoría de los casos, pero que en otras ocasiones sí lo hacen. Incluso a veces podrían suponer el martirio de más de un editor de tijeras bien afiladas que haya terminado callando para siempre.

En este caso os traemos un cantante, un músico y letrista que aunque haya hecho sus pinitos en el cine y en la televisión como actor, la verdad es que ello no supondría destaque suficientemente representativo ni motivo por el cual traerlo. Ha hecho de cantante en el largo de Don Owen, ‘Ernie’ (1967), y luego ha completado su carrera como actor haciendo de narrador en pequeños cortos. Ha tenido su momento estelar en 1986 en ‘Corrupción en Miami’ (1984-1990) en la cual al parecer sale poquísimo. Interpretaba a François Zolan -un directivo del Servicio Secreto que participaba en una operación ilegal para explotar barcos de Greenpeace- y tan solo aparece en dos escenas porque a los directores -de nariz torcida- les pareció que su actuación no era realmente gran cosa y tuvieron que cortar casi todas sus escenas.

Hace unos cuantos meses os comentamos la deliciosa película de Sarah Polley ‘Take this waltz’ (2011): https://elcinequellevamosdentro.wordpress.com/2016/12/02/compartimos-nuestro-vals/

En aquella ocasión tuvimos que gravar el vídeo con bastante antelación y por eso, a la triste noticia de la muerte de Leonard Cohen no pudimos hacer referencia. En el texto sin embargo, sí logramos acrecentar una promesa: la de hacerle su más que merecidísimo homenaje desde el cine que llevamos dentro.

A propósito de aquel título, explicábamos como todo se iba interconectando, como Leonard le había puesto música a Lorca y como a su vez Enrique Morente y Lagartija Nick en su proyecto ‘Omega’ darían forma a algunas de las canciones y poemas de ambos.

Por todo ello, el primero de nuestros recuerdos, a la par de Leonard, va también para Enrique Morente y Lagartija Nick, y también para Federico García Lorca.

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La música puede ser una parte sustancialmente importante en muchísimas películas. Puede llegar a tener un peso de tal intensidad, que el mismo motivo de ciertas aproximaciones más líricas vivan precisamente de esa sangre que se nos acompasa en su periplo, a base de la magia que produce. Tanto, que en lo que respecta a la inclusión de música de corte más popular en ciertas películas, podríamos dar fe de todo un género en sí mismo. Aquí no nos referimos a la banda sonora original que se hace para arropar y para realzar tal o cual escena. No hablamos de biopics de músicos prominentes ni de las enormes producciones que son los musicales. Aquí simplemente hacemos hincapié en aquella música pop, que el director de tal o cual película ama tanto y tan profundamente, que finalmente se decide a pagar sus respectivos derechos para poder incluirla en su propia obra, hacerla suya quizás.

Hay música que llevamos tan dentro que no se nos despega. En nuestra cabeza de radio a veces las canciones de nuestras vidas iluminan nuestros pasos. Las imágenes de nuestro paso por el mundo se agigantan, los colores vibran con otra cualidad que no les habíamos percibido antes. A veces, como en un videoclip, todo parece encajar. Y otras veces la película está servida. Aunque estés comprando en el súper o vayas camino a tu aburrido trabajo… Y luego las letras, que te pueden transportar a miríadas de distancia de dónde te encuentras.

El efecto de la música que transportamos en nuestro iPod personal -sin necesidad de pilas ni complicados reproductores- es similar a esas enormes frases, líneas de diálogo que tenemos esparcidas pero que sabemos encontrar en el momento preciso y que se ajustan a la perfección a dado momento. Esas frases que provienen de las películas que pueblan nuestro interior.

Tal y como un cierto efecto fotográfico en una de esas mañanas que por muy grises que se nos antojen y pudiendo hacernos tender a la tristeza… resultan finalmente que -en su evocación contextuada- nos pueden llegar a avisar de una inminente recaída en nuestro personal síndrome de Stendhal.

Imágenes con o sin sonido, música en la imagen, el todo complejo de nuestra percepción, el cual sin fronteras, nos recuerda esta capacidad de sinestesia que de tan incrustada no ponemos a consideración tanto como deberíamos. Vemos con los oídos, escuchamos con los ojos mucho más de lo que nos creemos. Esa es la verdad.

Se nos han quedado grabadas a golpe de cincel todas estas memorias que componen nuestro propio ser y que son obras sin par, colosales himnos. Llamémosle cine, llamémosle música o lo que nos apetezca. Lo cierto es que nuestro interior está esculpido a base de poesía y luminosas reminiscencias que bien podrían llegarnos de épocas incluso anteriores a la existencia misma de la especie humana.

Leonard Cohen nos permite evocar todo esto con sus trabajos musicales de impecable belleza. A veces duros, otras veces cándidos. A veces de amor, otras de muerte. Todo se acerca en un mismo cuadro de inigualable éxtasis. En una profunda y sincera toma de consciencia.

Recordamos que Leonard Cohen además ha escrito un libro que nos gustó muchísimo. A la tierna edad en el cual lo leímos, nos ayudó a comprender lo complejos que podemos llegar a ser si vamos persiguiendo la verdad de nuestro propio ser. En ‘Los hermosos vencidos’ -en su título original ‘Beautiful losers’ (1966)- llorando la pérdida de su prepucio a manos de una religión que no entiende, Leonard nos cuenta la historia de un triángulo amorosos a medida que nos va revelando las vicisitudes por las que va pasando. Entre el amor, la locura, la religión y la muerte.

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Todo ello nos compone finalmente. Y la verdad es que ‘Los hermosos vencidos’ aunque estén un poco vencidos en nuestra memoria, aquí siguen. Vagando, esparcidos en medio de nuestros recuerdos más gratos. Aiii pero la música de Cohen, sigue tan dentro…

En el caso de muchos directores de cine de nuestra elección, la admiración se llegaría a hacer a un nivel tan íntimo y personal que algunas obras cinematográficas se construirían totalmente en base a algunas de las canciones de Cohen. Ahí está ‘Wie ein Vogel auf dem Draht’ (1975) la obra teatral que Fassbinder adaptaría para la tele en su versión de la canción ‘Like a bird on a wire’. ‘Take this waltz’, la antes referida pieza de Sarah Polley, y muchísimas más que recurrirían a los propios títulos de sus canciones, o para evocarlas o simplemente para ilustrarlas.

Pero el meollo de su contribución al mundo del cine se vincularía directamente a la utilización de sus temas en tantos títulos que sería imposible referirlos todos.

Solo del 2016, en imdb, se recogen veinte entradas entre series de televisión, documentales y películas estrenadas, en dónde han salido sus canciones en algún momento.

Por nombrar algunas que tenemos muy frescas o relativamente presentes, recordamos por lo pronto: ‘El joven papa’ (2016) de Paolo Sorrentino, ‘Peter y el dragón’ (2016) de David Lowery, ‘El desafío’ (2015) de Robert Zemeckis, ‘La novia’ (2015) de Paula Ortiz, ‘El ídolo’ (2015) de Stephen Frears, ‘Mia Madre’ (2015) y ‘Querido diario’ (1993) de Nanni Moretti, ‘Transparent’ (2014- ) de Jill Soloway, ‘Wild’ (2014) de Jean-Marc Vallée, ‘El congreso’ (2013) de Ari Folman, ‘Take this Waltz’ (2011) de Sarah Polley, ‘Watchmen’ (2009) de Zach Snyder, ‘Elegy’ (2008) de Isabel Coixet, ‘El señor de la guerra’ (2005) de Andrew Niccol, ‘Una casa en el fin del mundo’ (2004) de Michael Mayer, ‘Tierra de abundancia’ (2004) de Wim Wenders, ‘Los edukadores’ (2004) de Hans Weigartner, ‘La vida de David Gale’ (2003) de Alan Parker, ‘El buen ladrón’ (2002) de Neil Jordan, ‘Shrek’ (2001) de Andrew Adamson y Vicky Jenson, ‘Basquiat’ (1996) de Julian Schnabel, ‘Rompiendo las olas’ (1996) de Lars von Trier, ‘Asesinos natos’ (1994) de Oliver Stone, ‘L’eau froide’ (1994) de Olivier Assayas, ‘Exotica’ (1994) de Atom Egoyan, ‘Un día de boda’ (2078) y ‘Los vividores’ (1971) de Robert Altman, ‘Miedo al miedo’ (1975), ‘Like a bird on a wire’ (1975), ‘La ley del más fuerte’ (1975) y ‘Atención a esa prostituta tan querida’ (1971) de Rainer Werner Fassbinder, ‘Fata Morgana’ (1965) de Werner Herzog. Y tan solo referimos las que nosotros identificamos en la base de datos al echarle un rápido vistazo. Seguro que si miramos con cuidado muchas más caen.

Dato curioso: hace unos cuantos años, cuándo aún no era ni director de cine ni nada, un joven Quentin Tarantino participaría en este jugoso videoclip:

Unas veces de forma directa, como la versión que hizo Nick Cave para su álbum de debut en solitario, cuya primera pista revelaba una asombrosa versión de ‘Avalanche’ -aquí con un nuevo arreglo-

Otras veces, en forma de discurso más conectado con la faceta literaria de este notable autor canadiense, como en la reciente película de Jonás Trueba, ‘La reconquista’ (2016):

O todavía, como en el documental -siempre en clave de homenaje- ‘I`m your man’ (2005):

Lo sorprendente aún puede ser como se ha alabado con tanta profusión la alta calidad del trabajo de un hombre que ha vivido poesía.

Muchas gracias Leonard.

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2 thoughts on “Té y naranjas

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