Cruel fragilidad

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El gran Rainer Werner Fassbinder decía aquello de que las transexuales son los ángeles en nuestra normalizada sociedad. Ellos y ellas, son quienes caminan de un estado a otro, viajan de un ser a otro metamorfoseándose en lo más próximo a lo que habrán soñado para sí mismos. Auténticos, que diría la Agrado de Almodóvar. Como la oruga que empieza construyendo la crisálida para luego salir victoriosa, totalmente renovada. Lección magistral dónde las haya.

Aunque después de todo aún pueda sonar a capricho de los tiempos por los avances de la ciencia médica y sus virguerías estéticas, debemos remontarnos muy atrás en la historia para constatar la existencia de estos seres prácticamente alados.

Quien de pronto se nos vienen a la mente es Heliogábalo, el joven emperador que tiempo después de haber subido al trono de Roma -alzado por todas sus Julias- gobernaría desde el año 218 al año 223, elegiría a todos los miembros de su parlamento conforme al tamaño de sus penes y se haría implantar una vagina. Imagen mucho más acorde con su estatus doble: ora divino – ora mortal / ora hombre – ora mujer. Dicen los antiguos escritos que cuándo iba de procesión por provincias, a su paso divino, más de uno se cortaba sus partes pudendas para arrojárselas acto seguido, en señal de reverencia hacia el joven dios.

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Si esta referencia puede resultar algo gore y controvertida como forma de iniciar el post de esta semana, esperamos no seguir cortándoos el cuerpo (nunca mejor dicho). Se trata de algo mucho más delicado lo que hoy traemos a reflexión.

Pero resulta que la diferencia entre épocas remotas y la actual, tan solo estriba en que mucho de lo percibido como históricamente improbable se debe al hecho de no poder probarse. Sin embargo, varios historiadores están de acuerdo al afirmar que Heliogábalo fue precisamente el primer transexual (operado) de que hay constancia.

Los límites del cuerpo siempre fueron razón y metáfora de necesaria transformación. Sin este movimiento esencial no existe en absoluto cualquier tipo de manifestación vital, puesto que sin cambio no hay vida. Toda transformación está insertada a modo de mapa en la membrana interdigital que todos damos en imaginar en nuestras propias manos.

Desde un punto de vista evolutivo no sabemos exactamente de dónde procedemos, pero hay muchas pistas al respecto, muchas señales. Sobre todo este signo estampado, el cual luminoso nos indica que no somos exactamente como fuimos. Y esto se extiende mucho más allá del concepto de ser humano, de los homínidos y otros simios. En nuestra singular, propia y corta existencia podemos dar cuenta de un montón de cambios que se van operando -a veces de manera casi imperceptible- y que son los responsables de impulsar nuestras vidas hacia adelante. Siempre en referencia a los pequeños matices que nuestra bruta mirada y falta de tacto a veces no nos permite vislumbrar. Y muchos de ellos se reflejan directamente en nuestros cuerpos.

Cambios y procesos, que al percatarnos de su real existencia, unas veces parecen ser más acordes que otras con lo que soñamos para nosotros mismos, pero cambios al fin al cabo.

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Las transformaciones corporales en concreto, provienen de toda cultura. El mero pendiente que se le pone a la niña al poco de nacer, como ejemplo antropológico más cercano, hasta las mujeres jirafa, los platos en los labios, los alargadores de lóbulos, los tatuajes. Mutilaciones varias que podrían ser simples conductas propias de los tiempos. Modas de reconexión ancestral o propuestas más hondas y personales. Pero también en referencia a ello podríamos incluir los peinados y los cortes de pelo, el maquillaje. Y si nos ponemos estupendos, toda clase de vestuarios y accesorios que definen visual y culturalmente a su portador… en yuxtaposición a su propio ser de serie -de acuerdo a sus impulsos básicos y necesidades primarias- como el caso específico del travestismo.

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Los movimientos del conservadurismo se encargarían de forma inmediata y urgente de tachar y señalar estas prácticas como perversiones bizarras, de viciosos y enfermos contra-natura. Hoy día, muchos de los abanderados irrealistas pertenecientes a estos movimientos siguen temiendo el demonio en todas las transformaciones que no quieren entender. Ocultándose a sí mismos todos los cambios que se operan en sus propias personas, y por ello, no pudiendo estar presentes en la realidad que desfila delante de sus propias narices.

La persecución de la identidad sexual, su dificultad para implantarse en la sociedad -sin ser visto como una perversión o deformación- procedió cerrando los ojos a los casos más obvios de androginia. Adaptando a su antojo el conocido como inter-género -o las personas sin un género definido- de manera a hacerlas parecerse lo más posible a los deseos y caprichos de terceros. Si la sociedad es mayormente dual en este aspecto, habrá que hacer algo con los hombres sin barba o las mujeres barbudas. Habrá que aprender a tallar clítoris abultados, alargar micro-penes, disimular o extirpar testículos que supondrían una aberración colgando de una vagina. Habrá que darle forma a bustos poco masculinos o simplemente algodonizar sostenes y esculpir facciones no acordes con su portador.

Fue en estas “tan necesarias” prácticas, que la medicina -fruto de los tiempos- se fue especializando y luego acercándose paulatinamente a su práctica inversa. La cual hoy día va estando cada vez más aceptada un poco por todo el mundo. La asunción de la identidad sexual personal y su logro finalmente autenticado por los avances científicos.

Todo ello, así visto y con todos los matices que queramos añadirle -porque son los matices los cuales nos acercarán más y más a la verdad- se deben al humano problema que habita una zona mucho más oculta e íntima que los genitales y su mayor o menor exposición a la cuestión. Se trata del niño o de la niña que súbitamente se da cuenta que su género no encaja ni con las conductas de sus compañeros de juegos, ni con el rol atribuido conforme a su aspecto físico al nacer.

Resulta evidente que esto no se prende ni con la época de los quirófanos de belleza y sus exquisiteces plásticas, ni con las divinas y clásicas interpretaciones que nos cuenta Platón en ‘El Banquete’ (380 a.C.) y que estarían en el origen de los seres humanos tal y como generalmente los aceptamos con su ancestral división en dos géneros.

El enorme éxito de Broadway y la película de John Cameron Mitchell: ‘Hedwig and the angry inch’ (2001) dan bien cuenta de esta historia apasionante:

Atacando el Olimpo, llegaron unos seres que tenían dos pares de brazos y dos de piernas. Una enorme cabeza con dos caras. Todos portaban ambos sexos. Enfadado por el ataque, Zeus les arrojó sus famosos truenos partiéndolos en dos. Desde entonces, con dos brazos y dos piernas, cada uno con un solo sexo. Cada una de sus mitades se estaría buscando aún a día de hoy. 

‘El manifiesto Ciborg’ (1984) de Donna Haraway, ilustra perfectamente lo que está ocurriendo… no es fácil entender aparentes discrepancias pero intentémoslo: resulta que los conservadores son justamente los que tienen mayor acceso a todos estos avances científicos que hoy día nos permiten ser más nosotros mismos, o simplemente seguir vivos, o poder seguir disfrutando del estilo de vida de nuestra elección. Paradójicamente, son los mismos que dicen estar en contra del progreso e hipócritamente hacen uso de él… ¡No será para entender! Pero evidente es el hecho de que antes las personas se morían y el valor de la vida era bien distinto al que gastamos a día de hoy.

Hoy prácticamente todos somos ciborgs, ya que de alguna manera todos dependemos de la ciencia para seguir con vida, o seguir manteniendo las vidas que tenemos. Unos porque sin una operación a vida o muerte estarían invariablemente destinados a la tumba, otros con sus imprescindibles inyecciones de insulina, sesiones de diálisis, otros por la movilidad que les permiten sus sillas de ruedas, sus piernas biónicas, sus exoesqueletos. Implantes y trasplantes. Tratamientos fundamentales. Internet y todas las comunicaciones, los viajes.

Hoy día sin la ciencia los cementerios estarían a rebosar…

No obstante, aún no se le permite a todo el mundo ser quien es. Están muy mal vistas una serie de cuestiones derivadas del progreso que son consideradas trastornos y enfermedades de orden vario.

-La fragilidad es la del ser, quien en ocasiones, completamente solo, verifica su diferencia frente a la generalidad, a ‘lo normal’. Y cuya lucha por SER, a veces resulta completamente inútil.

-La crueldad tan obvia como la de haber nacido en un mundo al cual no pertenece. En el cual no encaja. Del cual es injustamente apartado por una incomprensión atávica -hija del miedo a lo diverso- a lo desconocido.

Maura Pfefferman, un buen día -tras jubilarse de su profesión de profesora- recibe a su familia en casa para la típica comida familiar. Enseguida sus tres hijos -ya todos adultos- y su ex mujer, le preguntan qué hace disfrazado de mujer. Atónitos, escuchan lo que Maura les tiene que contar: Ahora no estoy disfrazado, he estado disfrazado toda mi vida. Y lo típico en estos casos: Siempre he sido una mujer, y he estado atrapada en un cuerpo que no era el mío. Y pese a haber sido vuestro papá tanto tiempo, y tu esposo… y todo lo que ello conllevó. He decidido asumir mi propia identidad y me gustaría mucho que apoyáseis mi cambio.

‘Transparent’ (2014- ) es una serie de Amazon, que cuenta la historia de una familia de clase media norte-americana, judía, que trata de reconocerse en su propia existencia e identificarse con lo que se va encontrando en el transcurso de la vida. Una familia con sus dudas, sus certezas, sus errores y aciertos, sus experimentos y cabezonerías. Una familia que busca, en cuanto tal y también por parte de cada uno de sus miembros. Busca descubrir quién es, quienes son realmente.

Son judíos y la religión juega un papel fundamental en las búsquedas de cada uno de ellos, que aparentemente están un poco a la deriva. Las cuestiones morales tienen un peso relativo como en la vida misma y es el amor que se profesan entre ellos el cual sale siempre victorioso… Aunque a veces la carcajada ideal haga acto de presencia y pueda llegar a vibrar todo un poquito en exceso, por eso de que los verdaderos sentimientos son más difíciles de encarar que la risa tonta, o en ocasiones, incluso inoportuna, despropositada.

Tratando de ubicar su verdad en el cuadro general de sus vidas, investigan en su espiritualidad, analizan la importancia del cuerpo y sus relaciones. El sexo, la sexualidad y en el caso de Maura, su identidad genérica, que quizá sea la más innovadora de sus reflexiones por lo naturalista de su acercamiento.

Es tanto la comedia como el drama que va equilibrando estas cuestiones para tocarnos la fibra sensible y hacernos amar a todos y cada uno de estos personajes que son tan cercanos, que no podemos dejar de entender en nuestra más profunda identificación con ellos.

Todos andamos buscando y nadie sabe nada por seguro, de eso sí que estamos seguros. Y quién diga lo contrario, allá el qué lo diga… y olé por él… pero no nos lo creemos y punto.

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Jill Soloway es la creadora de esta serie maravillosamente modelada dentro de la realidad más total. Plena de matices, altamente hilarante y casi extravagante, a la vez que se va apoderando de nuestros corazones para bombearlos con sus propias manos.

Soloway ha hecho unos cuantos cortos, sobre todo volcados hacia el tema del feminismo y del lesbianismo. Hace poco también se estrenó su único largo: ‘Afternoon delight’ (2013) y hemos visto el piloto con Kevin Bacon de ‘I love Dick’ (2016) con una premisa casi tan atractiva como la de ‘Tranparent’: un peculiar gurú académico da un seminario en dónde ofrece consejos a investigadores y creídos emprendedores universitarios. De él, hasta el más escéptico termina enamorándose perdidamente.

Y aunque algunos nos queráis asesinar a sangre fría porque procedamos a un spoiler sin precedentes que estamos avisando desde ahora, CUIDADO, CUIDADO… pero es que no podemos abstenernos de referirnos a…:

[No sigáis leyendo si aún no habéis visto las tres temporadas que hasta ahora existen de esta maravilla audiovisual].

Bueno, os hemos avisado:

La delicadeza de Jill Soloway, la creadora de la frágil y realista ‘Transparent’, es abrumadora e intachable. Su sensibilidad abierta y sincera logra acercarnos tanto al ‘bondaje’ practicado por la hermana mayor, como a los experimentos lésbicos de la hermana pequeña. Nos cuenta el abuso permitido por el hermano del medio, cuando tan solo siendo un adolescente terminó dejando preñada a su niñera. Para luego más tarde, enseñarnos como conoce a su hijo, quien habiendo sido dado para adopción se habrá convertido en católico.

Acercándonos al final de la tercera temporada, Maura nos cuenta que ha vuelto a visitar a su cirujano… A la menor oportunidad -en todas las reuniones familiares y a todos sus amigos- Maura saca sus fotos de ensueño generadas por ordenador, para enseñarle a todo el mundo como se quedará después de operada.

Sin embargo, el médico le ha dicho que a sus casi setenta años de edad y por el evidente estado de su corazón, finalmente no será posible realizarle las operaciones que necesitaría para ser ella misma.

Resignada, después de una vida entera atrapada en un cuerpo que no es el suyo, Maura tendrá que seguir injustamente atrapada, pese a todos los avances científicos. Tal y cómo todos aquellos que jamás lograron dar el paso y asumirse a sí mismos en su más íntimo, todos aquellos que no tuvieron acceso a un tratamiento vigilado, todos aquellos que nacieron en la época equivocada.

Así que el año que viene, cuando se estrene la cuarta temporada -un poco desencantados con la evolución de los hechos- asistiremos probablemente a una realidad aún más tangible, si cabe.

Maura vivirá ya para siempre atrapada en nuestros corazones. Y de nosotros dependerá que viva de la forma más parecida posible a lo que hemos soñado de mejor para ella.

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6 thoughts on “Cruel fragilidad

  1. Se me ocurre otro transexual aunque este no fue operado (pero le ayudaron los dioses en su transformación): Tiresias, el adivino ciego de Edipo Rey. Nació hombre, fue transformado en mujer durante un tiempo y más tarde volvió a ser hombre.

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    1. Pues sí, a nosotros también se nos podría ocurrir por lo pronto ‘Orlando’ de Virginia Woolf y sin desviarnos ni un ápice hacer alusión a la película de Sally Potter: Orlando (1992) https://www.youtube.com/watch?v=jFMmMh288pE
      Todos los ejemplos son buenos cuando se trata de conocernos a nosotros mismos sin prejuicios ni otras estúpidas trabas…
      Muchísimas gracias por tu comentario Ana.

      PS: Esperamos que te haya gustado tanto nuestro blog y nuestro canal de youtube como para suscribirte, y te alertamos de que cada semana sale nuestra publicación. No te olvides. Muchos besos y abrazos de los Carlos.

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  2. Muchísimas Gracias Guapísima. Nosotros encantados de que os guste nuestro trabajo. Tenemos que empezar a hablar de un entrecarlos para cuando vengáis de visita a España. Aprovechamos y hablamos de vuestra carrera artística con alguna película que tengamos los cuatro bien dentro.
    Muchos besitos desde España.

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