La selva indecente se jacta

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Estando solo en casa -en una de esas ocasiones en que Carlos estaba de viaje- decidí hacer una pequeña revisión a algunas de las películas de Werner Herzog que podrían -equivocadamente- ser tenidas como obras menores. Herzog no tiene obras menores y quizá algunos de sus trabajos menos conocidos sean efectivamente los más reveladores y profundos. Pero es que son todos profundos, hasta los más famosos.

En aquella ocasión recuerdo que vi ‘Diamante blanco’ (2004), que cuenta la historia de un ingeniero/inventor que trata de hacer despegar su bella y ligerísima aeronave en la selva de Guyana junto a las cataratas Kaieteur (5 veces más altas que las famosas cataratas del Niágara). Recuerdo que era por la tarde y el sol estaría a punto de ponerse cuando terminé de ver esta maravillosa joya, tan mágica y reluciente… estaba tan emocionado que decidí fundirme con ella y lo hice.

Aparte de los detalles técnicos de la construcción del bello diamante volador, las tribulaciones y peligros inherentes tanto a su fabricación pionera como a los que presenta la selva -que aparte de escenario cumpliría aquí las funciones de laboratorio (en caso de que todo hubiese salido bien)- la cámara avispada de Werner va captando todo el entorno en sus más variadas e incluso diminutas amplitudes. Parece ser que hace poco alguien con un artefacto similar perdió la vida intentando sobrevolar aquellas magníficas cataratas y por eso la preparación cuidada y milimétrica de la empresa es esencial -todo el cuidado es poco- pero hay alguien muy especial entre el equipo que se fija en la belleza del diamante blanco. En la poesía que subyace a la más pertinaz de las logísticas para lograr hacerlo volar en cierta seguridad.

Marc Anthony Yhap es este hombre que estaba en el rodaje cumpliendo sus funciones de ayudante y guía de la expedición y que en la contemplación del bello globo blanco evoca a su mamá. No la ve hace un montón de tiempo porque ella vive en España, en Málaga dice… pronunciándolo mal y todo, pero elevándose y acercándose tan profundamente a ella que podría dar la impresión de estar viajando sobre el inmenso atlántico decidido a posar su onírico diamante en el mismísimo pecho de su mama. Marc Anthony hasta llega a pronunciar su nombre y al final de la película, Werner nos hace el favor de recordarnos que Marc sigue esperando que su familia se ponga en contacto con él.

Yo no me puse en contacto con Marc -aunque me encantaría conocerle algún día- pero sí busqué a la señora Edith Abbot en la guía telefónica de Málaga y la llamé y estuve hablando con ella. Le conté lo maravilloso que me había parecido su hijo y de las ganas que él tenía de verla. Me explicó cómo era complicado para ella viajar, que estaba ya muy mayor… pero que su gran deseo era ver a su hijo. Le encantó recibir mi llamada (tanto tiempo después de que se hubiese estrenado la película) se sentía tan adulada. Seguramente el lazo tan especial que nos lanzamos el uno al otro -que Herzog nos hizo posible- la acercó un poquito más a su hijo, a pesar de estar tan lejos.

Desde hace mucho tiempo, Herzog es uno de nuestros directores preferidos. Hará como unos 18 años que me compré mi primer pack de películas suyas en una FNAC de Oporto. Las películas estaban en versión original (alemán) con subtítulos en inglés. Alemán nunca aprendí a hablar y recuerdo que mi inglés por aquella época era realmente pobre, pero Herzog siempre me había fascinado de tal manera que ni eso me impidió hacerme con la pequeña colección de 5 películas que conforman su duro, intenso y productivo periplo junto al grandioso Klaus Kinski. ‘Mi enemigo íntimo’ (1999) era el documental extra que hacia el nexo del lujoso pack. ‘Cobra Verde’ (1987), ‘Fitzcarraldo’ (1982), ‘Woyzeck’ (1979), ‘Nosferatu, vampiro de la noche’ (1979) ‘Aguirre, la cólera de Dios’ (1972). Uff, ya lo sé… casi nada!!! Para los que conozcáis lo que aquí acaba de suceder -se dice pronto pero no mejor- tan solo con los títulos se queda todo dicho.

Como en la época mi colección de dvds era escasa, vi infinidad de veces cada una de estas joyas, pero sigo guardando en mi corazón con especial cariño ‘Fitzcarraldo’ y ‘Aguirre’. Y ‘Nosferatu’, que simplemente es la mejor y más bella película de vampiros que se haya hecho jamás. El mejor homenaje que podría haber deseado Murnau y cualquiera con un poco de criterio.

No podríamos olvidar hacer especial mención a la extraordinaria música de los Popol Vuh -con su aproximación de rock progresivo meditativo- del amigo de Werner, Florian Fricke, que confeccionaría muchísimas de las bandas sonoras de sus películas dotándolas de una atmósfera completamente reverencial.

Carlos le conoció viendo ‘También los enanos empezaron pequeños’ (1979), que le sorprendió muy gratamente porque era una película inusualmente extraña. Con esos guiños de comedia al cine clásico de Chaplin y Keaton pero en este caso, sin la incisiva mirada a lo Tod Browning por ejemplo, sino subrayando más bien un moderno y profundísimo candor.

Yo creo que le conocí cuando echaron en la tele esa ensoñación de película documental que es ‘Fata Morgana’ (1971). Nunca antes me había dado cuenta de toda la belleza que podía llegar a albergar una película de corte documental. Me quedé ya para siempre interesado por el género y completamente extasiado con el desierto.

A poco y poco, Herzog nos fue enseñando que cualquiera obra por más pobre, terrible e incluso penosa que pueda parecer, guarda siempre vestigios de su creador. Y eso es lo que sobresale al final si buscas dónde debes buscar. Eso es la suma de todas las partes.

Como decíamos, Werner no tiene una única película mala y eso que probablemente sea el más ecléctico de todos los cineastas que conozcamos. Además, su ritmo de producción es alucinante. Empezó en 1962, estando aún en la escuela de cine, y ha firmado 68 títulos tan solo como director… si le echamos las cuentas (para que luego digan de James Franco) este hombre de 75 años de edad no debe de haberse tomado unas vacaciones en la vida.

Aparte también actúa: ¿Qué nos decís del vello de punta cuando aparece de pronto en la última película de Edgar Reitz ‘Otra Heimat- crónica de una visión’ (2013)? Y además firma guiones para otros directores y produce muchas de sus propias películas y también otros proyectos:

Que si hay que ir corriendo a filmar un volcán que acaba de entrar en erupción y la gente está abandonando el pueblo, ‘La Soufrière’ (1977)… que si los abismos en territorio totalmente virgen e inexplorado de la Antártida en ‘Encuentros en el fin del mundo’ (2007)… Que si lo que sienten quienes esperan su hora en el corredor de la muerte, el encarcelamiento, la guerra, las consecuencias de aquella, los niños soldados, el trabajo de los médicos sin fronteras en África, la percepción de los sordo-ciegos, el cristianismo, los peregrinos, los ortodoxos en Rusia o los predicadores americanos y la fe ciega, o documentos tan improbables como fundamentales como el peligro de escribir y leer mensajes de texto en el móvil estando al volante:

(Los subtítulos funcionan)

…el amor incondicional a los osos pardos, el budismo, la creación de internet: sus peligros y sus beneficios, un compositor del siglo XVI asesinado en extrañas circunstancias, la ópera, la música pop, la música clásica y la conexión del intérprete con el propio instrumento, la inocencia/ignorancia de los dictadores, las trepidaciones de las hormigas verdes diseñando magnéticos campos de fuerza fundamentales para los aborígenes en Australia, la vida en Siberia, el folclore en India, ¿qué quieren ser los niños de mayores?, ‘El gran éxtasis del escultor de madera Steiner’ (1974) que va a saltar muy muy alto con sus esquís. Cómo desde los cielos -hiendo en un avión que se despeña- sobrevive a la enorme queda Juliane, perdida en la selva durante demasiados días tras el estrepitoso accidente y así relata su traumática experiencia: ‘Juliane Sturz en la selva’ (2000). Una nueva cueva plagada de pinturas rupestres que acaban de descubrir, montañeros alzándose en los picos más altos de las montañas de cristal, un extraterrestre narrando la historia de su moribundo planeta mientras unos astronautas humanos buscan un nuevo hábitat para la humanidad y tantas y tantas vidas y tantos testimonios y tantas historias. Realidades históricas bosquejadas, singulares realidades capturadas, imaginaciones y falsos documentos. Lo inhóspito e incluso lo insondable. La más densa y atroz de las selvas pero también el monstruo del lago Ness…

Este hombre que parece que ha vivido más cuatro o cinco que una sola existencia, explica que sus mejores ideas siempre le llegaron caminando. Ha sido un caminador toda su vida y dice que caminando en soledad se asciende un buen tramo sobre lo inexplorado. Nosotros creemos fieramente que si ir a dónde nadie ha ido jamás es meta de todo ser humano, es literal y paradigma de ello la extensa y rica filmografía de Herzog. Ejemplo a seguir.

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En su libro ‘La conquista de lo inútil’ (2012) reúne una serie de textos de la época correspondiente a la producción de una sus más emblemáticas películas: ‘Fitzcarraldo’. En él nos acerca de lleno a su propio corazón plagado de ansiedad por querer abarcar toda la existencia y la obvia imposibilidad de su empresa. La desesperación constante y los tímidos rayos de luz que atrapa al vuelo y que tan bien cuenta dan de uno de los rodajes más complejos de que se tenga conocimiento.

Lleno de poesía y rebosante de tristeza por todo lo que nunca podrá lograr, en sus pensamientos tiene sitio para las extravagancias de Mick Jagger (en el elenco original de la producción) haciéndose fotos en tanga de leopardo para una famosa revista -amortizando localizaciones-. O para despotricar de las absurdas exigencias en plena jungla de su conterráneo ‘la diva’ Mario Adorf (quién también terminaría abandonando el proyecto). La dificultad del rodaje en sí y de todas las quiebras de producción. Su empeño por no dejar morir el proyecto. Todos los vuelos de ida y vuelta y vuelve a empezar. La distancia de su hijo pequeño, en casa con su mama en Alemania. El débil estado de salud de su madre y no poder estar para estrecharla en sus brazos. Tiempo para explicar el color de pelo -más claro aún- que le pusieron a Kinski para que destacase aún más, cual rara avis de punta en blanco, en medio de la desoladora e intratable espesura.

El documental de Les Bank, ‘Fardo de sueños’, da cuenta de parte de ello:

Nosotros elegimos ‘Fitzcarraldo’ en concreto para explorar la trayectoria de Werner puesto que en ella se cuenta la historia de un fanático de la ópera que quiere llevarla a lo más recóndito de la selva. Una tarea titánica e improbable que de alguna manera se vincula como perfecta metáfora a la propia vida de Werner y sus insólitas elecciones, sus inconmensurables conquistas.

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La indecencia se prende con lo sucio. La inmundicia es todo lo no ético que desafía las leyes humanas pero que pertenece a este mundo, aunque sea inmundo.

En la ‘conquista de lo inútil’ Werner Herzog deja bien patente que en la selva predominan los territorios abandonados de la mano de dios. Y que está seguro que allí fue precisamente dónde el creador detuvo su creación y se desentendió de la especie, de la raza humana. A pesar de su arrebatadora y arrolladora belleza, también es territorio del despropósito infernal en dónde la muerte acecha para dar paso a formas de vida mucho más ancestrales y voraces. Insectos, víboras, réptiles y plumosas criaturas sin nombre, monstruos que se esconden -mirando desde la oscuridad- en una terrible y obscena burla por la vida. Y toda esa vegetación deforme y anómala que todo lo devora… la bruma fantasmagórica y sofocante que todo lo cubre.

Es en esta zona socarrona y despreciable del mundo -que se jacta absolutamente de todo de forma sarcástica y abominable- que el sueño de Fitzcarraldo gana consistencia y cobra vida accediendo a la razón de la locura como forma de ser más significativa. El sueño de aquel melómano empedernido que quiere aunar sus dos grandes pasiones, fusionarlas en un gran e ideal amor: ‘la ópera en la selva’ uff, qué visión.

Pues resulta que para lograr tal empresa, el extranjero amante de la selva tiene que hacerse con unas tierras que los ricos señores del caucho no están interesados en explotar porque les traerían más complicaciones que beneficios. Así que a precio de ganga, Fitzcarraldo las adquiere para lograr su gran sueño. Conseguir dinero para financiar su colosal proyecto.

Las tierras de las que estamos hablando quedan al otro lado del río. Y su acceso pasa necesariamente por el territorio de una de las tribus más reacias a los visitantes, y cuyos letales ademanes son bien conocidos en toda la región.

Como indica el mapa, los brazos del río para alcanzar sus tierras casi se tocan en cierta parte del  tramo. Por eso a Fitzcarraldo se le ocurre la desternillante idea de alzar un puente para hacer cruzar su enorme barco de un río al otro a través de la selva, evitando así la peligrosa tribu de nativos.

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Aunque quisiéramos seguir contando más acerca de esta fabulosa conquista, recordamos que recorrer la selva no es cosa de principiantes. Como le enseñaron los indios a Herzog: confórmate con las ramas de la superficie en pasadas ligeras y ágiles. No trates jamás de asegurarte la pisada en los troncos de abajo, que nunca se sabe qué mortal enemigo te puede estar esperando al fondo.

Aguardando en los huecos y en las grietas, en las fallas de este mundo que se jacta de nosotros, tratamos de sobrevolar lo insondable. Acercándonos tan solo lo suficiente como para compartir la sal.

Tan necesaria la sal…

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3 thoughts on “La selva indecente se jacta

    1. Muchísimas gracias también a ti por visitarnos. Herzog es un gran motor vital para nosotros, esperamos que ta haya gustado también nuestro vídeo y que te suscribas a nuestro canal de YouTube si aún no lo hiciste. Por otro lado te recordamos que tenemos transcurriendo el concurso EAT (en este mismo blog) en el cual nos encantaría que participases.

      Fuerte abrazo de los Carlos.

      Me gusta

  1. Pingback: Amargas lágrimas

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