Biografía de un ángel torturado

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¿Quién, si yo gritase, me oiría desde los órdenes angélicos? Y aun suponiendo que un ángel me estrechara súbitamente contra su pecho: mi ser quedaría extinguido por su existencia más fuerte. Pues lo hermoso no es más que el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar, y lo admiramos tan sólo en la medida en que, indiferente, rehúsa destruirnos. Todo ángel es terrible (R. M. Rilke, 1968: p. 35).

Hay días que estamos más propensos a ayudar al prójimo, a tender una mano al necesitado, a esforzarnos por descubrir qué luz podría hacerle el día más llevadero a quién nos rodea. A escuchar…

Y aunque solamos hacerlo por norma, hay días que nos sale de forma más espontánea que otros. Hay veces que nuestra compasión se manifiesta a través de extrañas cosquillas en los omoplatos haciéndonos conscientes de nuestro real linaje angélico. Y no nos referimos a una proximidad santa, como pudiera tener ‘El joven Papa’ (2016) de Paolo Sorrentino, con el divino. Se trata de algo genético, no de algo logrado en la aturada contemplación o por haber pasado horas y horas rezando, o debido a una clarividencia alcanzada en la profundidad de la meditación y en los misterios de la totalidad. Se trata de algo profundamente arraigado que traemos de serie y que despunta en nuestra espalda como dos gemelos simétricos a punto de hacernos despegar. Y lo sabemos como sabemos que el cóccix fue lo que restó de nuestra ancestral estructura, evidente testigo del precario equilibrio con el cual nos desenvolvíamos. Nuestra complexión aún incompleta, a medio forjar. Y a poco y poco, los meñiques cada vez más insignificantes, las uñas cada vez más finas…

Para saber caminar antes hay que aprender a desequilibrarse. Perder el miedo forma parte fundamental de ese motor que es el principio básico a través del cual logramos avanzar. Nuestra protagonista de hoy nos enseña su duro y tortuoso aprendizaje a través del desequilibrio mental, y cómo aquel -a pesar de no haber sido lo que aparentaba- sería por ella absorbido a tal punto, que terminaría convirtiéndose en refugio, panacea que a todos los demás se nos hubiesen figurado más propio de la auto-tortura. Inmediatas correcciones y leyes puestas al servicio del loco, las cuales al aplicarse hacen de los hombres sus propios verdugos, en lugar de iluminarnos tratando de aprender del raro.

Janet Frame. Nombre mayúsculo dónde los haya, es el ángel que reconocemos, próximo y reconfortante. El ángel que amamos porque no solamente rehúsa aplastarnos con su majestuoso abrazo alado, sino porque nos enseña la verdadera grandeza de la humildad. Pero la humildad al límite. Incluso en la pérdida total del ’yo’. Frame se despoja de sí misma y deposita en nosotros su mirada tímida y compungida. Y así, brillando más que nadie, tan solo podemos retribuirle nuestro apasionado guiño. Llevarnos la mano al pecho y estrecharla con una mirada que se pierde en la calzada.

Fue entrecerrando los ojos y mirando fijamente la llama casi estática de la vela que la observamos por entre una finísima uña de vidrío. A través de su translucida pureza os enseñamos la película que nuestra memoria nos dice ser de las más especiales de todas: ‘Un ángel sobre mi mesa’ (1990).

Como la mayoría de los mortales, nosotros también conocimos a Jane Campion a través de su fabulosa película ‘El piano’ (1993), pero tres años antes, esta maravillosa directora neozelandesa, ya había firmado un montón de cortos y su segundo largo metraje. Esta increíble biografía rescatada de la propia autobiografía de la gloriosa escritora, la también neozelandesa, Janet Frame. Nuestro ángel.

El ángel que hoy miramos a los ojos, tal y como a nuestra invitada especial, para la tercera sesión de la sección ‘Entre Carlos’.

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Araceli García es nuestra guapísima invitada de esta semana. Además de ser una talentosa acuarelista, con su propia tienda online, en dónde incluso acepta encargos personalizados, https://araceligarciaillustration.com/ aúna dos de sus pasiones -la moda y el arte- su reto actual. Acaba de lanzar su línea de complementos, a la cual próximamente seguirá una línea de ropa. También se dedica al teatro y dirige vídeo arte.

Ella hizo Bellas Artes en la Facultad de Granada, en la cual recibió formación en vídeo arte, que después completaría en la Escuela de Arte de Granada en un curso específico de cine. Ha hecho la dirección de arte de algunos cortos, como ‘Irene’ (2013) de Leocricia Saban, ‘The bit of the earth’ (2016) de Amanda Lago, ‘Todos los sentidos’ (2013) de Rubén Serra. Y ha dirigido algunas piezas de vídeo arte como, ‘El peso del aire’ (2013) y ‘Loanna’ (2014):

Muchas gracias por tu femenina y delicada versión de los hechos, Araceli.

Si mucho del cine que vemos procede directamente de la literatura -con lo cual en innúmeros casos se hace de este su deudor y secundario producto- no debemos dejar de incidir en que otras veces son precisamente las películas que cumplen la función de llevarnos a territorio literario. ¿Quién de entre los presentes, después de ver la película que recomendamos esta semana, no querrá ponerse enseguida con la autobiografía en la cual esta se basa?

Pero lo cierto es que no siempre se ha entendido la diferencia abismal que existe entre un lenguaje y el otro. Ello se prende con cuestiones como la extensión y la calidad. La interpretación del director y el abuso de la literalidad. Los recursos, sí, tantos recursos, y sin embargo tanto recurrir… Evidentemente, la mayoría del cine que consumimos proviene de guiones escritos expresamente para la pantalla, los cuales muchas veces están inspirados directamente en alguna obra literaria y que otras tantas veces, tratan de emular de forma aún más directa. Algunos guiones son milimétricamente imaginados para ser contados en pro de este complejo lenguaje, cuyos objetivos son bien diferentes de los que busca la literatura, por ventura aún más interior, en la mayoría de los casos. Pero existen otros guiones que se pegan demasiado a sus orígenes y sus modestas intenciones pueden llegar a pecar por extrema fidelidad, con lo cual no extrañaría verlos excomulgados del olimpo cinematográfico por no cumplir.

Esto mismo pasa con guiones que son originalmente escritos para la pantalla sin proceder de ningún registro previo. Son objetos de soporte, únicamente concebidos para ser tratados por este medio que se dedica sobre todo a la fabricación de imágenes y que desde hace unas buenas décadas, con aquellas combina también el uso del sonido, y como no, el de la palabra hablada. En la mayoría de los casos, el lenguaje cinematográfico sale perdiendo cuando se abusa del texto porque resulta mucho más simple, sincero y adecuado leer el libro (leer el guion en este caso) que asistir a diálogos interminables que no hay alma viviente que los pueda entender.

Jane Campion es de esas directoras que aprendió bien pronto su oficio y no se dio a los excesos típicos a los que aludimos. Ella es la justa merecedora de innúmeros reconocimientos por una preciosa colección de películas que se hicieron muy famosas, y que pese a no haber sido tan prolífica hasta ahora como hubiésemos deseado, todas y cada una de sus obras están bien vivas en nuestra memoria. La antes citada ‘El piano’ con Holly Hunter y Anna Paquin, ‘Un ángel sobre mi mesa’ con Kerry Fox, ‘Sweetie’ (1989) con Geneviève Lemon, ‘Retrato de una dama’ (1996) con Nicole Kidman, ‘Holy smoke’ (1999) con Kate Winslet, ‘En carne viva’ (2003) con Meg Ryan, ‘Bright star’ (2009) con Abbie Cornish y un fantástico Ben Wishaw en el papel del sensible poeta del siglo 19, John Keats, componen una filmografía mayormente dedicada a la mujer como figura central. Es por tanto, Jane Campion, feminista demostrable por los hechos más que por el despliegue de pancartas y obsesivas reivindicaciones.

Carlos y yo nos consideramos abiertamente feministas, evidentemente. Aunque nos gustaría matizar, porque según el contexto el valor de tal expresión podría cambiar enormemente. Entendemos que todo nos compone y su importancia es vital para verificar nuestro propio ser, nuestra propia existencia, pero confesamos aborrecer el feminismo como tal. No entendemos ningún género de exclusión o menosprecio. No concebimos a nadie sobre nadie. Y sin embargo, el término ‘feminismo’ se socava a sí mismo, se auto desguarnece y eso nos pone en guardia -cómo todos los ismos a los cuales hacemos referencia en nuestro texto de presentación, https://elcinequellevamosdentro.wordpress.com/2016/08/21/el-cine-que-llevamos-dentro/– las escuelas y sus dogmáticas enseñanzas pueden ser realmente dañinas, peligrosas y hasta nefastas.

Además de las películas en las cuales las mujeres son las auténticas protagonistas a lo largo de toda la filmografía de Campion, destacamos también su serie, ‘Top of the lake’ (2013-2017), que este año estrenará nueva temporada. Una auténtica joya, alegato a la mujer:

En el caso de la película que os recomendamos esta semana, antes de nada debemos señalar que el guion no fue adaptado por Campion sino por Laura Jones, quien se habrá encargado también de la escritura de ‘Retrato de una dama’. Y su trabajó es magistral, puesto que una película siempre deberá ser una película, y esta lo es sin lugar a dudas.

El retrato que hace Jane de este maravilloso personaje que fue Janet Frame, es demoledor y a la vez completamente arrebatador. Ello no se debe al simple hecho de que la propia vida de Frame justifique de por sí una vida digna de película, sino que Campion sabiamente se aseguró una distancia tan radicalmente cercana al personaje que la cinta vive por sí misma -al margen de la vida real- enajenada y apartada en su propio universo, con toda la verosimilitud y la poesía fantástica dadas de la mano, caminando hacia el horizonte de toda libertad, de toda posibilidad, de todos nosotros.

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Janet Frame fue una niña proveniente de una familia modesta, que creció rodeada de un montón de hermanitos y hermanitas. Mas tarde abandonaría su primera ocupación como profesora de primaria por las vicisitudes de sus propios miedos respecto a la sociedad, dicho de otro modo, su incapacidad para vivir en sociedad. Lo que ocurre es que precisamente, frases como la anterior, en la cual no se llega a dar cuenta de todo el cuadro en una llana sentencia -y se hace sumamente necesario expresar el asunto en varias oraciones para alcanzar su meollo, e incluso así…- habrán dado respaldo a muchas de las conductas adoptadas por la ciencia. Específicamente por la psiquiatría, que con sus camisas de fuerzas tan estrechas, con sus filosofías tan constrictoras, como las mismas palabras -extremadamente reductoras y tan propicias a los malentendidos- fue una de las disciplinas modernas encargada de asesinar a más de uno por no entrar dentro de sus exiguas costuras.

Con motivo de unos textos que presentó a su profesor de literatura de la facultad, a Janet se la llevarían al hospicio en dónde estaría ingresada una enorme cantidad de tiempo -8 años- (que ya no solamente por la película en sí, sino por testimonios como los de Antonin Artaud que conocemos bien, podrían atestiguar el verdadero calvario por el cual habrá pasado Janet encerrada en aquellas carnicerías que eran las casas de salud mental de la época). La práctica del electrochoque estaba a la orden del día. Y encima, de no haber sido la casualidad de haberse publicado su primer libro de cuentos cortos, a Janet le habrían practicado una -muy necesaria e indispensable- lobotomía al día siguiente… de no haber la providencia querido que sus doctores conociesen la noticia de que ella era la ganadora de un famoso concurso literario por dicha publicación…  zás!

Pero aquí los ángeles no son ni los médicos tratando de mejorar su vida mental, ni los editores publicando sus cuentos, o quienes hayan premiado su obra y la hayan privado de tener un cerebro un poquito más pequeño, y así quizás, una sensibilidad más apaciguada. Aquí el verdadero ángel es Janet. Quién supo contar exactamente lo que vivió en la trilogía que constituye su autobiografía y que llevaría el título por el cual también se conocería la versión cinematográfica de Jane Campion.

Lo más curioso y lo que más llama la atención de toda su notable historia vital, es constatar lo asustadores que podemos llegar a ser hacia nosotros mismos cuando aceptamos lo que se nos está regalando -por nuestro propio bien- sin rechistar y sin tan siquiera ponerlo en duda un solo segundo: ¿Es mejor para mí ir al hospicio? Claro, así podré descansar y poner las ideas claras. No tendré que lidiar con el día a día y sobre todo, con las personas. ¡Qué me cuesta hacerles frente a los demás! No tengo estómago, soy demasiado tímida y tener que confrontarles me consume. ¿Es mejor para mí desvanecerme? Desaparecer en las infinitas sesiones de electrochoques. Vale, aunque desaparezca y desvirtúe toda mi consciencia y pierda toda mi esencia y todo mi ser… Si es mejor para mí y me lo recomendáis ¿porqué no? ¿Una lobotomía es para mi bien y por mi salud? Ok, tenéis mi consentimiento. Claro que estoy dispuesta a hacerla.

Este es el temblor que identificamos en la mirada de nuestro ángel. Quien supo dejarse llevar por la corriente y que la corriente nos la devolviese en su forma de testimonio fundamental.

Quizás la enajenación, el retiro, el abandono de nuestro ‘yo’ social… quizás y solo quizás… a veces, puede que sea lo más saludable que podemos llegar a padecer.

Los ángeles son buenos y piadosos. Son guerreros con lanzas muy afiladas enviados para protegernos de todos los males. Sobre todo de las tentaciones de los demonios. Pero Lucifer también es un ángel. Y seguro que cosquillas en los omoplatos no dejará de sentir cuando se dispone a volar… aunque se haya caído y entre sus tormentos se le haya privado de tales fantasías.

Janet sobrevuela nuestro imaginario y todo ángel es terrible…

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Desde tiempos inmemoriales, los ángeles sobrevuelan el imaginario colectivo -a modo de añoranza- nuestros sueños más etéreos. Y se trata de un imaginario que ha ido siendo engordado a través de los siglos y que terminaría generando alternativas versiones como los extraterrestres. De forma más actual quizás, los superhéroes. ¿O no será el de Kripton el gran salvador que viene de los cielos para brindarnos una nueva oportunidad? ¿No será Batman un auténtico ángel exterminador tratando de guardar el desenfreno de su amada Gotham? ¿Y quién no habrá querido elevarse cual Son Goku, redentor?

El artístico grupo portugués de rock duro, Mao Morta, que antes de empezar a investigar en las profundidades de algunos de los consagrados poetas de nuestra elección, ya les cantaban a los ángeles. El tema que aquí rememoramos es de una elevación casi inmoral, que a veces es precisamente lo que necesitamos para ponernos a volar de nuevo.

Querida Janet, dónde quiera que estés, estamos seguros que nos estarás leyendo. Tan sólo deseamos estrecharte y darte el abrazo más grande del universo. Besar tu mejilla calentita. Y mirándote profundamente a los ojos dejar que entiendas que sabemos exactamente lo que sientes. Nosotros sentimos exactamente lo mismo que tú… y no somos ángeles ni nada pero no somos menos terribles que tú.

Cita: Rilke, Rainer María (1968). Elegías duinesas, Duineser Elegien / Poemas a la noche, Gedichte an die Nacht. Madrid: Rialp.
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