Terror por un penique

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El terror es el género que repta al nivel más hondo en nuestro interior. Nos remite a nuestra materia y composición más básicas, nos remonta a nuestras ‘emociones’ más primarias.

La metáfora evolutiva que dice de nuestros tres cerebros puede dar cuenta de la íntima relación que guardamos con nuestras fobias más atávicas y que este género logra despertar:

  1. En el nivel más básico se encuentra nuestro cerebro de cocodrilo, el cual se encarga únicamente de alimentarnos y perpetuar la especie.
  2. En el segundo peldaño está nuestro cerebro mamífero. A través de él buscamos cobijo y nos protegemos de la intemperie y los depredadores. Pero además, ubica la razón por la cual reuniéndonos entre nosotros logramos ser más dichosos. Ahí residen nuestras emociones (algunas muy poco razonables).
  3. Y arriba del todo corona el tercer cerebro. Encargado de la razón propiamente dicha. Es aquel que nos frena respecto a nuestros naturales instintos animales y nos permite juzgar qué emociones son más adecuadas. Cuales debemos dejar aflorar/cuales reprimir. Perfecto tamiz que nos permitió avanzar en la escala evolutiva y que sigue su lento periplo hacia dios sabe dónde…

Nuestros tres cerebros funcionan entre sí de forma articulada. Finalmente solo tenemos nuestro propio cerebro único y la metáfora no pasa de eso mismo… cabeza descuartizada para un análisis más concienzudo.

Como en la escala Kinsey (https://es.wikipedia.org/wiki/Escala_de_Kinsey) habrá cerebros más desarrollados a un determinado nivel e incluso los habrá altamente subdesarrollados. Por ejemplo, no resulta extraño escuchar a alguien decir que se ha pasado el día escribiendo y se ha olvidado de comer: sin duda, este caso presenta un evidente subdesarrollo del cerebro reptil. La función más básica ninguneada por la más compleja a la cual tenemos acceso… la cual así vista, finalmente puso en jaque su propia integridad promoviendo el desequilibrio de todo el conjunto.

Todo lo contrario podría ser el caso de los sociópatas, quienes habrán pasado por alto de tal modo sus emociones básicas -las mamíferas- que habrán desarrollado mucho más sus extremos cerebrales. Resultando en algo así como, la razón puesta al servicio del instinto.

En suma, es el equilibrio entre estas nuestras tres facetas que nos definen y nos hacen ser quienes somos. El equilibrio y también el desequilibrio, claro está.

Habrá quiénes puedan argüir que las películas de terror despiertan sus instintos más básicos y por eso mismo no quiere ni oír hablar de ellas, que no les gustan, y que les hacen sentir mal. Incluso habrá quien diga que no les aportan nada… Permitidnos ponerlo en duda…

Cada uno está en su derecho de disentir, de renunciar a indagar a cerca de su ‘yo’ más ancestral o incluso conocer senderos más adecuados para evocarlo. Al final lo que consumimos reacciona de manera distinta en cada uno de nosotros y los motivos y las iniciativas pueden ser de lo más variopinto. No obstante, nuestro argumento para justificar la recomendación de esta semana, se prende con las razones por las cuales volver sobre nuestros instintos aún puede ser fuente de descubrimiento y/o reconocimiento personal. Lógicamente, por extensión paralela, de los demás también.

Nos parece altamente importante no negarnos ninguna parte de nuestro propio ser, en este caso, una parte sustancial que forma nuestra complexión más básica. Y la ficción puede ayudarnos a contemplarla. La serie ‘Penny Dreadful’ (2014-2016) en nuestra opinión, logra transportarnos exactamente a ese alto acantilado dónde revoloteamos con las alas medio rasgadas en busca de una roca, un asidero, una cueva en donde resguardarnos de la tempestad. Tormenta que en ocasiones hemos desprendido nosotros mismos.

No nos cansaremos de subrayar que ir dónde nos hemos negado ir antes puede ser precisamente la solución vital que estamos implorando a los cielos… sin que tengamos que ser conscientes de ello o tan siquiera nuestra garganta produzca el más mínimo quejido.

En todo caso, si se tratase de prejuicio, ese jamás debería eximirnos de bucear en aguas desconocidas.

Desde tiempos inmemoriales, las abuelas sentaron a sus nietos en el regazo y les contaron las historias más escabrosas, -tal y como la vieja Tata a Bram y a Rickon, y a todos sus hermanos, en ‘Juego de Tronos’ (2011- )-. Eran historias con tramas que ponían a prueba los nervios de los niños y que pretendían educar en la importancia del amor a través de las comparaciones más atroces, de las amalgamas más inesperadas. A veces con tintes híper-realistas, otras veces empeñadas en la ilustración de un mundo plagado de injusticias. Y al final, todos aquellos cuentos se condensarían en valores necesarios para crecer.

Los cuentos nos forman y de alguna manera nos ayudan a formular muchas de nuestras decisiones. Algunos de aquellos extraños y morbosos cuentos a veces se vuelven reales (más de lo que diéramos en pensar a primeras) y la formación de la abuela resulta no solamente útil, sino que a veces se vuelve panacea entre la vida y la muerte.

Durante el reinado de Victoria de Inglaterra vino la revolución industrial, con ella las reformas educativas para la escolarización de la clase trabajadora, las cuales generaron un aumento en la tasa de alfabetización nunca antes alcanzado. Así, terminaría poniéndose en alza la demanda por las historias baratas de fácil consumo. Por aquel entonces se pusieron de moda los escabrosos textos del pequeño periódico-magazine conocido -despectivamente- como Penny Dreadful. A eso, a tan solo un penique el ejemplar. De mala calidad, pero al fin al cabo, algo con lo cual transportarse a otros mundos. Porque aunque la calidad de vida prosperaba y las publicaciones literarias se hacían mucho más asequibles, un trabajador fabril o un minero no podía permitirse comprar un libro.

Repletas de imágenes grotescas en sus sugerentes viñetas y retorcidas historias macabras -a veces robadas, otras veces rescatadas a los tiempos- aquellas pequeñas revistas de horror fueron responsables por poner en funcionamiento la imaginación de una población deprimida que necesitaba desesperadamente desconectar. Ansiosa por lubricar sus propios mecanismos de ensoñación y escape.

Además, con los crímenes perpetrados en la época -como los de Jack el destripador- sus temas estaban a la orden del día, con lo cual todas sus desgarradoras narraciones ganaban en verosimilitud.

La magia de la literatura, del cine y de las artes en general siempre permitió a la humanidad visitar esos lugares vedados, tan acérrimamente vigilados, que eran privilegio de solo unos pocos. Fue entonces que la veda se abrió y todo el mundo pudo retirarse a otras dimensiones a descansar de sus agotadoras existencias.

Penny Dreadful se haría mansión perfecta para jóvenes y emergentes escritores. En aquella fantástica mansión victoriana de estilo entre gótico y romántico, cabían historias innovadoras pero también deambulaban por ella los clásicos fantasmas que poblaron desde tiempos remotos el inconsciente colectivo. En ella cabían también algunos plagios pobremente labrados, pero que aún así, darían a conocer entre los menos pudientes los clásicos más populares. De esa forma se habrán alzado los mitos ficcionales que hoy día siguen resistiendo el paso del tiempo.

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Entre sus retorcidas historias se podían encontrar por ejemplo, el famoso caso del barbero carnicero, quien degollaba a sus clientes en la planta de arriba de su negocio de la calle Fleet, mientras les afeitaba… para luego enviar sus cuerpos a la cocina y hacer suculentos pasteles con ellos -tan apreciados por los clientes de su famosa pastelería- en la planta de abajo. Seguramente os suene por ‘Sweeny Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet’ (2007), a quién interpretaría Johnny Depp para la famosa película de Tim Burton.

Como decíamos, a partir de 1830, la edición semanal de Penny Dreadful dio pie a todo tipo de historias de terror. Entre ellas figuraban clásicos como el doctor Frankenstein, quién jugando a ser dios trataría de reformular los milagros cristianos, resucitando -en este caso a través de la ciencia- múltiples y confundidos lázaros. O ‘Varney – el vampiro’, originalmente aparecido en Penny Dreadful entre (1845-47) y que es para algunos el claro predecesor del famoso ‘Drácula’ (1897) de Bram Stoker. Con menos debilidades y suficientemente sugerente, hipnótico y malvado, Varney sería mucho más tarde reivindicado en varias historias de vampiros.

Los seres sobrenaturales como los hombres lobo, las brujas, los hechiceros o criaturas que vuelven del más allá y científicos locos estaban entre los más aplaudidos por los lectores de la publicación, pero también había historias de detectives, ladrones y otros criminales. Sin embargo fue su axiomática vocación sensacionalista que terminó aniquilando la publicación en 1893. Cuando saliese por primera vez publicado el Half-Penny DreadfulHorror de medio penique– moralista y muchísimo más barato, pondría como escusa para su acaparadora publicación que la anterior estaba haciendo estragos entre sus jóvenes lectores. Quienes o bien temían salir de casa debido a sus escabrosas historias o bien se estaban convirtiendo en criminales al tratar de emular las fantasías encontradas entre sus páginas.

John Logan es el creador de esta ya mítica serie de televisión que es ‘Penny Dreadful’. Una verdadera maravilla de terror clásico plagada de poesía, misterio y suspense, a la cual ya hicimos mención en varios de nuestros vídeos y que a día de hoy seguimos considerando de las mejores series jamás creadas.

El americano John Logan, es el responsable de guiones tan sonados como el de la película de Oliver Stone: ‘Un domingo cualquiera’ (1999), ‘Gladiador’ (2000) y a punto de estrenar ‘Alien: covenant’ (2017) de Ridley Scott, ‘El aviador’ (2004) y ‘La invención de Hugo’ (2011) de Martin Scorsese, ‘Sweeney Todd’ de Tim Burton, que antes referíamos. También escribió las dos últimas producciones de ‘James Bond’: ‘Skyfall’ (2012) y ‘Specter 007’ (2015). Incluso ha escrito la última de las películas -anterior al reciente reboot de J.J. Abraams- de ‘Star Trek: Nemesis’ (2002) de Stuart Baird. Y muchísimas más igualmente famosas.

Como bien sabemos, el creador de una serie no tiene por qué escribirla. Él suele ser el responsable de la trama base y de aportar dirección al conjunto de la historia. Sobre todo en series de largo recorrido, los guionistas suelen trabajar mano a mano en considerables equipos. Pero no en este caso. Con todo su prestigio, Logan habrá escrito 24 de los 27 episodios que completan las tres temporadas de esta auténtica joya de la más fina orfebrería. Delicada pieza de lo más sublime que os podáis imaginar. Y encima, Logan lo hizo con tal maestría que, a prácticamente un año de haberla visto, aún siguen resonando en nuestra memoria ecos de frases lapidarias que la plagaron de sabor y sentido:

“Tengo una historia complicada con el Todopoderoso”

– Vanessa Ives

“Me maldije con la poesía muy joven. Crea expectativas muy poco realistas”

– Victor Frankenstein

“Ser diferente. Ser poderoso. ¿No es un don divino?”

– Dorian Gray

“A toda la gente triste le gusta la poesía. A la gente feliz le gustan las canciones”

– Vanessa Ives

“No somos como los demás. Tenemos garras por una razón”

– Ethan Chandler

“Ser hermoso es estar casi muerto, ¿no es así?”

– Vanessa Ives

“Adelante. Aprieta el gatillo. Sería una bendición”

– John Clare/ La Criatura

Aunque se le pueda haber hecho mucho daño al género, el terror no tiene por qué ser ‘gore’, o pegarnos sustos de los que quitan el hipo. El terror aunque mueva y a veces incluso logre servirnos en bandeja de plata nuestros propios instintos -como antes esgrimíamos- no tiene por qué volverse fuente de paranoias, alucinaciones y fobias varias. Por el contrario. En sus peores acepciones ha podido llegar a rozar lo cómico, pero también se ha presentado muchas veces en forma de filosófica cuestión existencial.

El terror puede ser un frágil dedo apuntando justo hacia nuestro corazón. Un susurro que nos revela al oído el secreto que temíamos revelarnos a nosotros mismos. El terror aún puede ser la solución a todos nuestros males. Catártico sin ser colectivo, abreactivo -que se le diría hoy día- este género no debería ser tomado a la ligera en muchas de sus aproximaciones porque aún puede resultarnos imprescindible.

Antes de ingerir una dosis de telediario pensemos por un segundo qué nos conduce a la hecatombe como especie… qué extraños designios nos hemos reservado a nosotros mismos… Sin embargo… ¿Qué crueldad aún podrá curarnos?

Decía Nick Cave en una de sus canciones que la belleza aún es la que puede salvar al mundo. Y aunque ya no quede mucha, esperamos que no se equivoque -tímida esperanza- esta serie además, es toda belleza.

Reeve Carney es el excéntrico, adinerado y misterioso Dorian Gray, el perverso personaje del clásico ‘Retrato de Dorian Gray’ (1890) de Oscar Wilde. Timothy Dalton es el Señor Malcolm Murray, un explorador que ha conocido a más de un poblado inmerso en la superstición y la hechicería. Josh Hartnett es Ethan Chandler, un pistolero expatriado de América que esconde un terrible secreto. O más de uno…

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Harry Treadaway hace de Dr. Victor Frankenstein, personaje principal de la obra ‘Frankenstein’ (1816) de Mary Shelly.

Rory Kinnear es el triste y apesadumbrado muerto que Víctor resucita. Originalmente John Clare, se presenta como la Criatura, y más adelante… poéticamente retomará todo su ser en uno de los momentos más emocionantes de toda la serie. Comúnmente conocido como el monstruo de Frankenstein es de los personajes más destacados junto con la que debería encarnar a su novia, interpretada por la fantástica actriz Billie Piper. Quien al comienzo de la serie es Brona Croft -enferma de tuberculosis- y que al morir y por exigencia del monstruo primogénito, Víctor también resucita, como Lily.

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Las líneas de diálogo más incisivas, expresivas y significativas le pertenecen a ella.

Pero la gran revelación, mujer hecha totalidad -después de este año entero de luto- por quien aún a día de hoy siguen llorando nuestras almas en pena… es ese milagro hecho carne que se llama Eva Green. Aquí interpretando a la enigmática protagonista, hilo conductor de todo el conjunto, Vanessa Ives.

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Puede que no costase más de un penique y hasta el más pobre de los pobres pudiese disfrutar del Penny Dreadful que le alquilaba a su compañero de trabajo a un precio aún más modesto, pero si todas las cosas baratas y de mala calidad diesen tan buenos resultados como este mágico encuentro de personas en tan perfecto estado de gracia… seguramente el mundo sería un lugar mucho más lleno de humanidad.

Seguramente arriesgar asistir a un cuento de terror así, no sería un precio tan elevado después de todo…

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2 thoughts on “Terror por un penique

  1. Muy interesante toda la información sobre la publicación Penny Dreadful. No sabía que ese era el origen del título de la serie. Estoy de acuerdo en que es una serie excelente, muy buena. Vi la primera temporada y siempre la recomiendo a los amantes del género pero… debo confesar que es demasiado oscura y morbosa para mí. Un saludo.

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  2. Hola Ana, muchísimas gracias por leernos.

    No sabemos si podrá interesarte, pero tus palabras nos recuerdan de inmediato una curiosa cita que rescatamos a nuestra propia entrada “Colección” -en dónde hablamos a grandes rasgos del cine de carácter universal- “Decía Marcel Duchamp -quien en el más alto pedestal encabeza esta nuestra colección- que se obligaba a contradecirse precisamente para evitar estar de acuerdo con su propio gusto personal.” en Colección, en este mismo blog…

    Es curioso como establecemos nuestros patrones de conducta y como encaminamos nuestros gustos personales. Todo ello habla finalmente de nosotros mismos y de alguna manera nos hace ser quienes somos, pero por otra parte eso también nos condiciona, o puede llegar a hacerlo.

    Tú has visto la primera temporada de esta serie de terror, que ni siquiera es de tu predilección, y encima la has recomendado a los amantes del género… reconoces su valor pero la rechazas a la vez.

    Es tan curioso… seguiremos reflexionando sobre ello.

    Un besito y un fuerte abrazo de los Carlos.

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