Siente un pobre a su mesa

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Dentro de 4 años, en junio, se desvelará por fin el secreto que dejó guardado el genial Luís García Berlanga, quién falleció a los 89 años de edad el 13 de noviembre de 2010.

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En 2008 depositó un sobre en la Caja 1.034 de las Letras del Instituto Cervantes, un sobre que contiene un secreto que pidió que no se revelase hasta junio de 2021, cuando se cumpla el centenario de su nacimiento. Estamos ansiosos por saber de qué se trata pero como aún tenemos que esperar cuatro años, queda tiempo suficiente para recordar esta gran película que quiso llamar ‘Siente un pobre a su mesa’. Tal y como la campaña franquista para inspirar el espíritu cristiano entre los más pudientes. Finalmente la censura no le dejaría, y terminó llamándola con el nombre de su protagonista.

‘Plácido’ (1961), es una de las películas más conocidas y reconocidas internacionalmente del genial cineasta español. De hecho, aquel año estuvo nominada al óscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa, premio que ganaría ‘Como en un espejo’ (1961) del Santo Tomás sueco, Ingmar Bergman, siempre metiendo el dedo en la llaga.

Grandiosa es toda la carrera de Bergman y en este caso no podríamos dejar de alabarle por su óscar. Porque de hecho, debemos confesar que si nos dan a elegir entre el drama y la comedia, casi siempre tenderemos hacia el género más reflexivo y recogido. Más intimista y denso. La película de Bergman es una auténtica maravilla, pero resulta que en este caso, la comedia que traemos a colación en estas fechas navideñas, no es que sea intimista o recogida pero sí invita a la reflexión. Y más densa no podía ser. Su profundidad patina sobre los mismos cimientos de una sociedad totalmente deprimida y su lección socarrona es tan importante e impactante que todos aquellos franquistas de entonces se estarán revolviendo en sus tumbas por haberla consentido.

La dificultad de nuestro ejercicio se prende sin embargo, en que cuando tratamos de hacer su análisis tendemos necesariamente a desnaturalizarla. Recordemos que el análisis de una obra de arte puede llegar a matarla. Nos gustaría no hacerle tan flaco favor a una obra de estas características. No obstante, tenemos que decir que se trata de una comedia, que lo es, precisamente por lo que expone de forma más llamativa y de cara a la galería -puro esperpento en situaciones casi surrealistas- pero que es en su doble, en su sombra, en su revés… en dónde reside su verdadera grandeza. Lo cual así visto no resulta tan gracioso. Aunque pueda sonar ingenioso -que lo es- el ingenio en este caso no funciona como mera virtud sino que depende de una enorme necesidad. Y es ahí, sin desviarnos un ápice, que terminamos desmoronando completamente nuestras -aún posibles- sonrisas.

El ingenio de Berlanga está en lo que no llega a ocultar del todo o deja entrever en sus insinuaciones cantadas. Está en el ancla clavándose directamente en la crin de la realidad. Y eso es exactamente lo que más nos fascina de todo el cuadro que presenta en ‘Plácido’. Y ojo -que podría dar esa impresión- pero no es que hayamos visto esta espléndida comedia con los pañuelitos en mano llorando la suerte de los españolitos del posguerra, qué va. Nos reímos de lo lindo porque Luís sabía que la crin de la realidad no era ni de pobres ni de ricos. Y sentando un pobre a su mesa, uno puede reírse tanto del pobre pobre, como del dueño de la casa. Acaudalado benefactor siempre dispuesto a echar una mano, o mejor, a hacer relucir las doradas insignias de su nombre, perdón: renombre, de su buena familia, de su inestimable honor y demostrable corazón piadoso.

En una cualquier ciudad de provincias es noche-buena. Ollas Cocinex patrocina una subasta a la que acuden artistas de Madrid para hacer llamativa la campaña. Se trata de invitar a cenar un pobre a la casa de cada una de las familias de ricos del lugar. Después de recoger a las guapas modelos y artistas cinemáticas en la estación de trenes, empieza la cabalgata.

Plácido es uno de los encargados de recorrer la ciudad con una estrella navideña clavada en su recién estrenado motocarro, pero debe abonar la primera letra del vehículo antes que termine el día y parece que todo tiende a complicarse más de la cuenta. ¿Llegará a tiempo para que no le quiten su medio de subsistencia?

Se trata por tanto, de la comedia como necesidad más que como opción, tendencia o vocación. García Berlanga no buscaba el humor simple y llano sino que se servía de él para alcanzar el meollo del problema y denunciarlo. Y para lograr su objetivo, si no hubiese optado por esta vía, seguramente no habría hecho nada y punto.

A la superación de la adversidad se la conoce hoy día como resiliencia, método al que también habrán recurrido los pobres de la época, porque si no, hoy día España sería un país de ricos agriados que no podrían decirles a sus vecinas:

Mi pobre se ha puesto enfermo.

-Ah, pues el mío huele fatal.

Si en aquella época la denuncia que se entraña en la película hubiese llegado a más gente quizás las cosas hubiesen ido de otra manera, pero el hambre era de pan y la educación de cada día muy escasa. La comedia era el refugio de ricos y pobres y todos disfrutaban por igual de los ratos de puro goce y enaltecimiento que les proporcionaba. El que quisiera (o pudiera) ver más allá del relato cómico que transcurría en la plana pantalla, ni siquiera podría referirse a ello no fuese que alguien más se diese cuenta y estropease el verdadero propósito del invento.

En este caso, aparte del título que ya mencionamos, fue en el momento de su estreno que tuvo problemas con el villancico del final, que dice:

“Madre, en la puerta hay un niño y gritando está de frío, ande dile que entre y así se calentará, porque en esta tierra ya no hay caridad, ni nunca la ha habido ni nunca la habrá”.

‘Plácido’ es una de esas obras fundamentales del cine español. Pero todas las obras de Berlanga lo son. No podemos dejar de mencionar ‘El verdugo’ (1963), ‘Bienvenido Mr. Marshall’ (1952), ‘Calabuch’ (1956), ‘La vaquilla’ (1985), ‘Los jueves, Milagro’ (1957), la trilogía nacional que consta de: ‘La escopeta nacional’ (1978), ‘Patrimonio nacional’ (1981) y ‘Nacional III (1982). Y que tampoco se nos olvide mencionar: ‘Todos a la cárcel’ (1993), ‘Moros y cristianos’ (1987), ‘Tamaño Natural’ (1974) o ‘París-Tombuctú’ (1999). Por mencionar unas cuantas…

De nuestra pequeña lista, quitando las enormes: ‘El verdugo’ y ‘Tamaño natural’, todas las demás pertenecen al género conocido como -Cine Costumbrista- el cual se encarga de relatar los hábitos de la sociedad. El argumento y los personajes pasan a un segundo plano y la historia termina siendo lo que es capaz de captar la cámara. La función del guion se limita a poner cierto orden en la historia. Y lo más curioso del género es que a medida que van apareciendo los actores secundarios le van restando protagonismo al principal.

En ‘Plácido’, Casen es el actor protagonista que hace su primer papel para el cine después de su gran éxito en el programa ‘En broma’ (1961) de Televisión Española, el fantástico y omnipresente José Luis López-Vázquez es Gabino Quintanilla -el hijo del conocido dueño de la serrería- quién organiza el evento, pero aparte de ellos dos, los demás son secundarios.

Entre pobres y ricos, van desfilando a lo largo de todo el metraje entremezclado familiares gags y crecientes confusiones. Extravagancias para el barullo. Galimatías en excesos de verborrea y situaciones dentro de situaciones que escoran su función de comedia, ocultando así sus manierismos corrosivos de fondo. Un reparto coral que en lugar de lucirse a sí mismo (todos los actores muy conocidos de la época) con gran empatía tratan de meterse en nuestras casas como en nuestros corazones, volviéndose así, en no más que alguien de la familia.

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Las campañas navideñas de antes tenían regustirrinín a tocino rancio y sardinas en lata, quizá a besugo imaginario, que era lo que se comía por aquellas fechas. Pero voilá, como todos los años, es de nuevo navidad y suenan las campanas para todo el mundo… todos las escuchamos y la pregunta retumba:

¿Sentarías un pobre a tu mesa?

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