La elegancia de la tristeza

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‘A single man’ (2009) de Tom Ford, es una preciosidad. Pero además, es sobre todo una película muy importante que retrata un mito que jamás debemos dejar caer en el olvido.

En esta ocasión, la tristeza se enraíza directamente en nuestras memorias del pasado reciente.

Pese a que sea una película de época -que transcurre en los años cincuenta del siglo pasado- cuenta una realidad que aún se vive en muchas partes del mundo y en sus más diversas modalidades.

Genéricamente trata de:

  1. cuándo te apartan de las personas que amas.
  2. cuándo ni tan siquiera puedes asistir a su funeral.
  3. cuándo llorar a tus muertos es tabú.

Algo que podría pasarnos a cualquiera por los más diversos motivos y que podemos entender tan bien. Pero realmente ¡qué difícil es todo esto! ¿Llorar otra vez? ¿Y por qué debemos retomar esta tristeza una vez más? Qué cuesta arriba se hace, ¿verdad? ¡¡¡Pero atención!!! No en esta película. Aquí no se llora más que una chispita -y por momentos esta película hasta puede resultar divertida cuando un saco de dormir ocupa toda la pantalla y no podemos dejar de exagerar una sonrisa-.

Y tampoco se hace cuesta arriba porque simplemente se trata de una película redonda, muy luminosa. Está contada de tal manera que incluso cuando toda esperanza está ya hecha trizas se cuela en la pantalla un rayo suave y sedoso que vuelve a mostrar la tristeza de una manera muy especial.

Colin Firth es un hombre soltero y sigue siéndolo cuando su pareja desde hace más de 16 años muere en un trágico accidente de coche. ‘Hombre soltero’ viene a significar también hombre solo, pero en realidad quiere decir del hombre (situado en la época de la película) que era soltero -a modo de apodo- aunque en realidad no lo fuese.

No obstante, pese a las crudas circunstancias del tema, Ford trata esta pieza con una delicadeza milimétrica y la dota de un aura de grandeza que la eleva a territorio mítico.

La música, la fotografía, las localizaciones y por supuesto el vestuario. Julianne Moore dándolo todo, soberbia. El guión que adaptó el propio Ford del libro con mismo título de Christopher Isherwood. Y Firth que está maravilloso -maestría de interpretación de nivel máximo-. Todo ello propicia ese territorio mítico en el cual la magia de todo el equipo en perfecta sintonía se hace totalmente transparente.

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Es una película extrañamente contradictoria en lo que respecta a su aspecto y a la temática que trata y por eso es tan bella y especial.

Un tema dramático -como la muerte de un ser querido- usualmente se asocia a la mugre y a la frialdad. Produce incomodidad y mal estar, pero aquí, lidia una belleza cálida y sofisticada que pocas veces hemos visto a la tristeza patentar.

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Y sobre todo se torna mito porque no debemos olvidarla jamás. Y quizá exactamente por eso Ford la haya hecho tan bella, porque es imprescindible recordarla pero tampoco hay que ser masoquistas. Convengamos que no olvidar algo tan duro sería harto complicado y muy frustrante -sino patológico- si encima fuese feo y desagradable.

No olvidar las atrocidades del pasado es tan importante para no volver a repetir patrones como para darnos cuenta de aquellas que aún seguimos ejecutando sin tan siquiera percatarnos.

Nuestra violencia natural, nuestra animalidad en cuanto especie, aún está a años luz de dejarnos plenos de humanidad. Pero quizás no deberíamos adelantarnos a nuestro tiempo. ¿O sí?

La evolución social siempre es paulatina y ser humano también significa pecar y sacar al tigre que llevamos dentro de vez en cuando.

Significa gritar nuestra opinión para que se escuche más alto que la del otro / pero también dejar que el otro pronuncie su opinión sin cortarle… Porque una vez más, ser humano no es lo mismo que ser consciente.

La consciencia es esa que perdemos cuando olvidamos que no somos el único tigre en la selva. Y evidentemente, en la escala evolutiva, hay unos tigres más humanos que otros.

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Tom Ford se ha quedado en nuestra mira y por eso esperamos con impaciencia el estreno de ‘Nocturnal Animals’ (2016). No contamos ver una secuela de ‘A single man’ porque por lo que sabemos, tampoco Ford ha repetido nunca ninguna de sus colecciones. Esperamos que no lo haga. Pero estamos casi seguros que lo que haya visto por su lente será de nuevo hermoso.

Crucemos los dedos.

 

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