Sokurov, reflejo de una reflexión

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¿Cómo se habla de alguien que sientes que llevas tan dentro que confundes contigo mismo?

Me reflejo en ti, como en un espejo.

Encuentro lo propio en ti cuando te miro porque encuentro tu mirada puesta en mí.

¿Cómo puedes verme?

Con tacto rodeo tu esfera, mi aliento distorsionado empañándote.

Esbozo un camino que recorrer sin dejarme ver del todo.

Allá al fondo veo el reflejo de Tarkovsky saludándome a mí también, un pálpito.

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Y cuando ya se me ve del todo…

…estoy tan próximo de ti que me confundo con tu propio susurro, íntimo e inexpresable.

Como cuando te quedas solo en casa y hablas contigo mismo de eso que ni a las paredes confiesas.

Las cosquillas en la barriga.

Ese remanso de libertad intrínseca, esa inabarcable tranquilidad que solo es posible en plena soledad.

Porque a veces lo que más te puede emocionar es ser anacoreta.

Cuando ya no hay ego porque no hay nadie sobre quien ser consciente y te transformas en tu propia reflexión.

Así aprendes toda la humanidad que en ti se contiene.

Y Alexandr, sé que nos ofreces tiempo para que reflexionemos sobre nosotros mismos.

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Como cirujano tengo que operar con los instrumentos que están a mi disposición. A veces hago lo posible por no utilizar los instrumentos normales, el bisturí, las agujas, los hilos… Tal vez eso explique la diferencia entre aquello que yo hago y lo que hacen otros cineastas. (…) Al contrario de la ciencia, el arte existe a partir del principio de la síntesis, y no del análisis. La ciencia tiende al análisis; para entender el conjunto descompone las cosas en partes autónomas y mira cada una de ellas separadamente. El arte existe de una manera completamente diferente; une todo, creando una imagen. (…) Una de las dificultades del arte es que muchos intentan entenderlo de un modo fragmentario, no comprenden una obra de arte como un ser único: entran en la imagen y la analizan y la matan… y después no perciben nada (A. Sokurov, 2003).

Pero al espectador de cine no se le pueden exigir ciertas cosas. Esta necesidad de reconocerse a uno mismo en la complejidad de una obra -aparentemente ajena- parece propia de tan solo unos pocos. El más común de los espectadores se lo tomaría como una necia e innecesaria exigencia, habituado a consumir lo más fácil y lo más barato -que a la postre suelen ser superproducciones muy costosas-. Pero que quede bien claro que: lo realmente caro es conocerse a uno mismo.

La gente que referencia y hace reseñas a las películas de Sokurov, suelen ser personas habituadas a leer, y que escriben muy bien. Y que claramente se han dejado llevar sin importarles mucho más aparte de sus propios sentimientos, tan personales. Entre ellos, hay personas que por primera vez -viendo una película suya- se percataron que los libros realmente no pueden llegar a dar cuenta de fenómenos tan inenarrables como lo que estas sugieren. Porque el tiempo que nos regala Sokurov para que nos sumerjamos en el profundo lago de nuestro ser no es un tiempo al que tengamos acceso la mayoría de los mortales. Resulta demasiado valioso. Un auténtico lujo.

Podríamos hablar de su técnica tan peculiar, de la extrañeza de los textos o de la fotografía y sus majestuosas imágenes. Podríamos hablar de los gestos hiperrealistas de sus actores o del tempo tan especial de su metraje, pero creemos que lo más importante es el resultado de todo ello. ¡Qué provoca en el espectador! Y radicalmente no pensamos que exista un espectador mejor que otro. Porque Sokurov tiene la rara capacidad de producir pequeños y fascinantes diamantes en dónde cualquiera siempre se verá reflejado.

  1. Si los textos en sus películas son difíciles de entender debe de ser porque aún no nos entendemos a nosotros mismos. ¿Pero por qué esta manía de querer entenderlo todo?
  2. Si sus planos son extremadamente largos es porque debemos de estarnos quietos un momento y atender. No cuesta nada hacerlo si nos interesa que no nos regañen y no queremos estropearle el visionado a quién tenemos al lado.
  3. Si su tema es ínfimo y él lo extiende hasta el infinito es porque su caleidoscopio está en acción. Fijémonos en su alcance.
  4. No critiquemos tan a la ligera porque lo estaremos haciendo hacia un espejo.
  5. La experiencia será única si nos dejamos embarcar. Será nuestra propia experiencia personal.
  6. Y no nos esperemos un final a modo de conclusión, sino un principio básico -pero tan básico- que llevaremos por siempre en nuestros corazones. Y ojo, aunque sea un verdadero artículo de lujo nunca lo podremos encontrar en rebajas.

‘Madre e hijo’ (1997). Hace unos días, Carlos y yo la hemos vuelto a ver y el impacto ha vuelto a ser brutal. Uff.

Hay cosas de las que no podemos hablar porque no sabríamos cómo, no hay palabras. Pero hay otras cosas para las cuales ni siquiera un gesto, una mirada o una caricia podrían contar de eso que en nuestro interior se comunica más allá de todas nuestras esferas simbólicas reconocibles. Las palabras dejan siempre tanto que desear… pero también todos los demás artefactos comunicativos de qué disponemos.

Solo podemos afirmar: ¿Cómo que si no puede nombrarse no existe?

Además de ‘Madre e hijo’, vimos ‘Padre e hijo’ (2003), las cuales forman parte de la trilogía de las relaciones humanas, y cuya tercera parte aún no ha llegado… se llamaría ‘Dos hermanos y una hermana’. Después no pudimos resistirnos y nos sumergimos igualmente en sus elegías japonesas. ‘Elegía Oriental’ (1996) y ‘Una vida humilde’ (1997).

Sokurov es el heredero directo de Tarkovsky y ha sabido innovar desde el primer instante siguiendo la estela de su maestro, a quién tildaban como el escultor del tiempo.

Ha hecho muchos documentales (siempre de carácter experimental). Sus visitas al museo del Hermitage en el ‘Arca rusa’ (2002) y al Louvre en ‘Francofonía’ (2015) fueron altamente alabadas. Tiene muchas películas cortas y medio metrajes como las pequeñas elegías japonesas. Su trilogía de los dictadores del mundo es probablemente por lo que más se le conoce, pero todas y cada una de sus películas llevan una marca tan personal que por eso mismo, no nos cabe la menor duda de que hablamos de uno de los directores más universales.

A mucha gente le cuesta darse el capricho de desconectar. Siempre se exigen más y más. Y si el facebook, el ordenador, y ahora leer este post, luego mirar el video de estos dos hablando de la película de esta semana… Hoy quedé con mi amiga pero tengo que llamar a mamá antes. Que no se me olvide la merienda de los niños y poner la lavadora. Y ahora, a ver si mientras me tomo el café puedo leer esto con calma, pero casi seguro que va a venir el cartero a distraerme.

Desde el comienzo -el germen de este blog- fue el de proporcionar un espacio de comunicación para expresar nuestra pasión por el cine. De hecho, nuestra intensión nunca ha sido la de hacer crítica, entre otros motivos porque elegiríamos las películas que nos gustaría emular -a modo de referentes formadores-. Tratando por ello, de comentar películas que nos compusiesen de tal manera que nos sintiéramos parte de ellas. Ilustrando las directrices vitales que son para nosotros. Pero como en este caso tratamos un autor que sentimos tan dentro, solo podemos mencionarle y poco más. Porque en nosotros se refleja -y como el indio en la montaña- apuntando este reflejo hacia vosotros estamos.

El doble reverso del blog actúa ahora desde ese lado del espejo. Porque no podemos más que pediros que os acerquéis a nuestras recomendaciones y que nos digáis cuánto de vosotros mismos encontrasteis en ellas. Cuán grande era ese espejo/pantalla en el cual reflejarse ha sido todo un lujo.

Se trata de NUESTRA pasión por el cine. Y con NUESTRA queremos decir también…

…la VUESTRA.

Cita: Aleksandr Sokurov (2003). Padre e hijo. Madrid: DVD intermedia.

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5 thoughts on “Sokurov, reflejo de una reflexión

  1. Madre e hijo
    Sokurov!Foi o mais especial que me foi dado ver até hoje!… Obrigada por nos darem a conhecer estas joias do cinema.
    Parece magia como autor nos deixa em suspenso durante toda a película!!! É Fantástico. E depois é tão terno e ao mesmo tempo tão doloroso?! E as imagens que quase parecem pintura, o tal desfocado de que vocês falam, a luz tb tão especial!!! Os sons que ajudam a criar toda aquela mágica atmosfera.
    E o tempo que nos deixa para entrar e para entrarmos na nossa alma!!!
    Obrigada Sokurov, mt Obrigada Carloss.

    Me gusta

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