Zhang Yimou nunca se ha ido de casa

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Desde hace tiempo que este director magnifico nos viene regalando sus impresionantes joyas, a cada cual más elaborada y compleja. Suelen ser sugerentes y coloristas. Y aunque tenga alguna que otra más simple, son mayormente de escenarios portentosos plagados de ostentosas iguarias.

Su cine está hecho de retales de la historia, y siempre ahondando en problemas relativos -en cada una de las épocas que decide explorar- a la condición humana y a sus leyes, miserias y grandezas. Y como buen chino, a veces, es puro fuego de artificio.

Se nutre especialmente de su ancestral China para contarnos problemas propios de los dilemas de la realidad humana. Las épicas ‘Hero’ (2002), ‘La casa de las dagas voladoras’ (2004) y otras pertenecientes a este género de artes marciales conocido como wuxia, quizá sea su marca más reconocible y por la cual se ha hecho verdaderamente famoso en occidente. En su país le conocen mucho por el escándalo de haberse pasado por el arco la ley del hijo único. Habiendo las siete comisiones responsables de inspeccionar sus andanzas amorosas descubierto que tenía hasta siete hijos -casi todos varones- de varias mujeres. Finalmente, después de dos años de investigaciones terminó pagando la millonaria multa correspondiente, reconociendo asimismo los hijos que la ley no le permitía reclamar como suyos.

El cine chino, especialmente el de Zhang Yimou, tiene mucho de lejano por todos estos escándalos que aquí nos parecen verdaderas barbaridades. Habituados que estamos en nuestro occidente ‘tan libre de esas aberraciones’ ¡JA! (propósito de carcajada abortada muy irónica).

Lo decimos de todas formas por todo lo que conlleva, porque la condición humana siempre nos induce a mirar nuestros propios prejuicios como siendo menores que los de los demás. Pese a que eso del prejuicio pertenezca a la cadena cultural que mamamos y asimilamos de pequeños, es ejercicio urgente acercar la mano al pecho y efectivamente cavilar sobre si somos nosotros mejores que nadie. Por un segundo pensemos: ¿realmente la libertad de procrear a diestro y siniestro es lo que le conviene a nuestro planeta híper-poblado?

A nosotros las leyes comunistas y las leyes fachas nos resultan muy parecidas. Ambas facciones totalitaristas y por eso fuera de la realidad humana. Diametralmente antinaturales e inhumanas, ambas. Pero es cierto que -por nuestra parte- la presentación de soluciones sociales a esta problemática estaría aún demasiado alejada en el tiempo como para ser recibida e idealmente aceptada por cualquiera de las naciones del mundo. Los ombligos están demasiado hinchados y como única solución -la radical- habría que operar. Operar significaría tener consentimiento del propio y el propio no lo consentiría. En estas estamos todavía. Por eso es difícil divisar la revolución verdadera, porque solo muy pocos entran al quirófano por su propio pie.

Y ‘la revolución verdadera siempre es una cuestión del propio’ que diría Artaud.

El tema que nos trae -el cine de Zang Yimou- es polémico, pero en la mayor parte de sus títulos no en su apariencia más inmediata. No obstante, es imposible pasar por alto las cuestiones políticas en torno a él cuando se trata del mismísimo máximo exponente del cine chino y ha tenido que vérselas toda su vida con la censura. Con todas sus reglas de anti-expresión fruto de una revolución cultural que tan solo permite escribirse a sí misma a través de la insinuación y el acto de retracción como habito particularmente recurrente asignado por los mismos órganos de gobierno. Y sin embargo, estos mismos órganos que antes habían censurado a Zhang y le pidieron cuentas y prohibieron la exhibición de sus películas en el país -al ver crecer exponencialmente el número de turistas a causa de sus fabulosos retratos de China (enseñados en prestigiosos festivales por todo el mundo sobre todo)- fueron quienes le permitieron por primera vez realizar una coproducción con Estados Unidos, en una película que veremos este año, ‘La gran muralla’ (2016).

Acción a borbotones, que le pone mucho -ha dicho en más de una entrevista- cine de mayorías que pese a que la crítica le empuje más hacia al otro lado de su amplio espectro de títulos, no aparta por motivos claramente políticos. Porque aparte de ponerle mucho, claro, Yimou sabe que los dividendos de un mercado cerrado -para lo que le conviene- le convierte en el primer interesado en su cine. ¿Y ahora qué? ¿Dónde se ha ido el tan ilustre y bien intencionado ismo?

Porque realmente cuando le preguntan a Zhang por la situación política de su país, dice que la política no le interesa y se cierra en banda -en todo su derecho- con todo su saber hacer. Porque político es el que actúa y no el que va reivindicando y gritando protestas. Hay que saber muy bien cómo funciona tu adversario en el juego y hacer que deje de serlo es de sabios. Y políticos verdaderos son estos sabios, quienes realmente quieren cambiar la realidad. Porque la mayoría de ellos nos tememos que son mucho gaznate, poco empaque y más bien ningún arranque.

Es increíble que después de lo dicho, este sea precisamente el título -de todos sobre cuántos hayamos hablado hasta el momento- sea el más lacrimógeno de todos. ‘Volviendo a casa’ (2014) por fin ha llegado a España después de dos años. Seguramente debe de haberse quedado retenido en aduanas.

Y no es que ‘Volviendo a casa’ (en España, ‘Regreso a casa’) sea una película para llorar, así, a secas… o mejor, a mojadas. Porque es una película en la que lloras de principio a fin. Incluso a medio y solo porque te lo pide el cuerpo. Lloras también en momentos que ni siquiera están escritos para producirte tal emoción… simplemente lloras todo el tiempo porque es bellísima.

De contenido altamente humano y por tanto muy cercano, la película cuenta la historia de una familia -padre/madre/hija- víctima de la revolución cultural. El padre era un proscrito de la revolución y por eso se lo llevaron preso. La hija, sin conocer los motivos exactos de su ausencia y siendo víctima de las decisiones políticas de su padre, desarrolla un odio tácito hacia él -quién no llegó a conocer por ser demasiado pequeña cuando se lo llevaron-. Su odio va en crescendo (y desde el punto de vista de una niña, diríamos que motivos no le faltan) pero tan solo podemos anunciar a modo de indicio que llega a cortar todas las caras de todas las fotos en dónde sale su padre.

La madre sigue esperando a que regrese a casa… habla poco de él porque el dolor es demasiado intenso para sacarlo afuera. Y cuando ya es eminente el final de la revolución y todos los presos políticos serán devueltos a su hogar, un rayito de esperanza ilumina su mirada. Pero ya el mayor daño ha sido hecho. Ya todo es irreparable. Pero el amor en su corazón y la luz de su esperanza le hacen seguir esperándole… Y así, hasta el infinito.

Quizá aquí, el dedo en la llaga sangrante de la política de su país, sea un poco más explicito que en otras películas de Zhang, aunque por momentos hacia el final de la película, también dé la impresión de estar retractándose de la evidente realidad contada. Parece ir a los reductos de lo ‘yo quería decir que…’ (excusas para la censura) pero claramente lo hace ya después de haberlo dejado todo demasiado claro para cualquier tipo de amago. Lo cual intensifica aún más el nudo en la garganta, el cual constante, es tan arrebatador e hiriente que no podemos dejar de garantizar un dedo apuntando al culpable.

Ai Weywey, por otra parte, es el famoso artista plástico/activista que se ha jugado mucho en el tablero de la denuncia de este país. Quizá mucho más controvertido que Zhang Yimou por hacerlo todo sin cualquier tipo de subterfugios. De todas formas, ambos son hombres de acción. Hombres que no gritan el cambio urgente, sino que lo ilustran, lo viven y lo hacen constar al mundo entero de una u otra manera.
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Sobre Ai Weywey hemos podido ver el documental ‘Ai Weywey: never sorry’ (2012), de Alison Klayman. Fantástico esclarecimiento a cerca de los crímenes llevados a cabo en este lejano país.

Y si Ai Weywey nunca pide perdón, de Zhang Yimou dejamos constancia de esta increíble “Volviendo a casa”. Lo cierto es que ni uno ni otro dejo jamás su casa. Algo de loar de forma expresa en estos tiempos en los cuales queremos creer -en nuestras mentes de ciencia-ficción- que se desdibujan más que nunca todas las fronteras.

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2 thoughts on “Zhang Yimou nunca se ha ido de casa

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