Yo también soy una selkie

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Eso nos decía nuestra invitada especial de esta semana, Míriam Lorenzo. Encantada con este cuento de hadas para adultos de Neil Jordan que es ‘Ondine’ (2009).

Míriam Lorenzo es artista multidisciplinar pero está enamorada del barro. Sus cerámicas son auténticas maravillas. Su relación con la tierra es profunda, sin embargo el mar -su Cádiz natal- lo lleva tan dentro del alma que le resulta inevitable plasmarlo en su arte.

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Aunque haya mamado más sol y menos bruma -a diferencia de las densas atmósferas de Jordan- siente que tiene una selkie dentro de ella. Un cuento de hadas y toda la imaginación de la infancia que jamás dejará que le abandone. Por otra parte -a diferencia de Carlos- las cejas de Colin Farrell le tienen fascinada, y como no -ella también es una selkie-.

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Ondine, cuenta la historia de un pescador, Farrell, quien un buen día pesca una mujer en su red. En realidad él no se lo cree demasiado pese a que -nada más empezar la película- resulte bastante obvio que la pobre estuvo a punto de ahogarse. Pero las leyendas… esas, pueden arraigar bien hondo y entonces resulta mucho más complicado que uno se crea lo que de verdad está ocurriendo…

Colin vive solo y tiene una hija de unos diez añitos, la cual va en silla de ruedas por padecer una fuerte insuficiencia renal. En el pasado quedaron sus desventuradas y bochornosas borracheras que hacían que todos en el pueblo le apodasen ‘circo’ (por lo parecido con el nombre original del personaje -Siracuse/Circus- en ese acento tan cerrado que nos acerca profundamente a la densa Irlanda en dónde transcurre la película). Atrás quedó su relación con la mamá de la niña, la cual habrá rehecho su vida. Además, Siracuse recuerda su propia madre, la cual hace muy poco que desapareció también. Pese a todo ello, no se siente solo porque ama a su hijita, a quién suele acompañar a las duras sesiones de diálisis. No se siente solo pero la desdicha le persigue como una sombra que le arropa y le define.

Es durante esas horas de hospital compartidas con su hijita que se desarrolla gran parte de la trama en la voz de pura inocencia y deliciosa imaginación de esa niña tan inquieta y peculiar. Ella no duda en ponerse a investigar las selkies cuando su papá le cuenta -a modo de cuento- que erase una vez un pescador que pesca una selkie en sus redes. La niña extraña enormemente este hecho puesto que su papá no es dado a la fantasía ni suele contarle historias. Se le figura enseguida que algo de real habrá en su “cuento”.

Por eso, de su investigación concluye y le explica a su papá que las selkies son seres mitológicos que acuden a las redes de los pescadores que necesitan compañía. Siempre y cuando las selkies logren esconder su piel de foca serán hermosas. Y podrán decidir dejar el mar y casarse, entregando su amor incondicional. Le dice que la mágica criatura atrapada en sus redes en realidad ha venido para estar con él. Además la niña va a visitarla a ella y también a ella la entrevista para asegurarse de toda su magia. La cual esclarece favorablemente.

La historia se desarrolla con los tintes descritos de la fantasía y su lección es esencial para nuestra realidad más cercana. Adecuada a todo el mundo.

En la película también se visitan los derroteros de la cruda realidad y quizá ni todo ello se pueda insertar en la magnífica leyenda que se desarrolla con excelencia en fríos y húmedos paseos de barca. Pero no nos equivoquemos porque lo esencial de su moraleja retumba y grita como la ola que estalla contra el acantilado primordial de la necesidad. De la necesidad de cualquiera.

De hecho, ¿a quién no le gustaría volver por momentos a meterse en su propia cabecita de niño y espiar las fabulaciones de los tiernos sueños de su añorada inocencia? Aiii si fuese tan simple mantener los recuerdos a mano y no dejar que se perdiesen en la distancia…

Este es el ejercicio que nos propone Neil Jordan en esta mágica película -enamorado de esa época que inevitablemente dejamos atrás y a la cual cuesta tanto volver. Enamorado de su Irlanda natal. Enamorado de los cuentos infantiles que le constituyeron y de aquellos que evocan un lejano pasado plagado de sueños y atávicas adoraciones.

De adultos parece que nos cuesta seguir creyendo en todo aquello. Y estúpidos, más que estúpidos seremos si no nos fijamos en la grandeza que encierran sus enseñanzas.

Colin Farrell pesca su salvación -y como en un cualquier buen cuento- no se lo cree. Pero además, después de unos días -gratamente embriagado de incredulidad- termina auto-engañándose como un palurdo. Aiii los adultos que dejan de ver más allá… Hasta llega a tener que emborracharse (después de haber logrado estar sobrio durante dos años) para ganar fuerza y poder rechazar a su bellísima selkie. Para pedirle que se marche. Se lee –que no quiere que ella le siga aturdiendo con esperanzas fuera de la realidad-. Sin tan siquiera darse cuenta que es justo en ese instante que logra admitir plenamente y de forma más explícita su existencia, al grito de no me merezco todo lo que me ofreces. Ciegamente negando el regalo que le está haciendo la vida.

Y eso es lo que muchos de nosotros hacemos cuando dejamos de creer. Cuando negamos la posibilidad de toda magia. Tan presente en cada resquicio de nuestras existencias. Y eso pasa porque a menudo solo podemos ver una parte de la realidad -como diría Antonin Artaud- olvidamos mirar su doble. El doble de todas las cosas.

Quizá ‘Ondine’ sea una película para creérsela con nuestro corazón de niño en las manos a pesar de ser para adultos, porque también logra herirnos con la cruda realidad, la cual soberbiamente fotografía Christopher Doyle. Porque la parte más dura de la película se trata de una realidad alimentada a base de colores intensos y brillantes, con una cámara en fuga totalmente desbocada y orgánica, tan viva. Movimientos y colores de los cuales carece casi toda la película envuelta en su espesa y fría bruma. Quizá por ello, la parte más dura sea también la más bella y luminosa. Porque seguramente -su parte más mágica- sea a fin de cuentas, la más real.

Neil Jordan es uno de nuestros directores de elección. No podemos dejar de evocar su prodigiosa ‘Entrevista con el vampiro’ (1994), su sorprendente ‘Juego de lágrimas’ (1992), la excelente ‘Mona Lisa’ (1986), la onírica marginal ‘Breakfast on Pluto’ (2005) o su última y estilizada cinta de vampiros ‘Byzantium’ (2012).

Pero una vez más, de entre su extensa e inmejorable filmografía echamos mano de este cuento tradicional para constatar la enorme necesidad de seguir siendo niños -y sino de altos vuelos peterpanescos- que al menos nuestro asombro se reavive con todo lo que la vida nos tiene reservado.

El también irlandés Tomm Moore, muy conocido por su película de animación ‘The secret of Kells’ (2009), estrenó ‘Song of the sea’ (2014) que versa igualmente sobre la vida de una pequeña selkie. Su aproximación más infantil es ideal para ver en familia.

A nuestra amiga Míriam le fascinan las frondosas y tristes cejas de Colin Farrell y ella también es una selkie, pero ¿habrán sido sus cejas ‘únicas’ las que enamoraron primero a su hermosa selkie de película?

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Alicja Bacheleda es la coprotagonista de Ondine y en la época era también la novia de Farrell.

A veces el amor en el cine también es un amor de cine.

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