El ‘jodido’ y enorme Gus Van Sant

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No es fácil clasificar a este talentoso, tan dispar y entregado cineasta. Tan personales son sus propuestas como eclécticas sus apuestas. Pero no es un autor inclasificable ya que su marca se saborea desde el primer al último fotograma pese a las oscilaciones que sus objetivos activan.

Se podría decir que es un autor todo terreno dentro de las temáticas de la muerte, de los inadaptados (por los más variopintos motivos) y del submundo que la soledad alimenta. Pero lo de ‘todo terreno’ no nos gusta porque simplemente no es hazaña hacer lo que nos pide el cuerpo (aunque podría serlo). Y si da el caso de que te contraten para hacer el remake de un clásico perfecto y tú simplemente decides no arriesgar absolutamente nada porque eso de los remakes es de los ejercicios menos interesantes para alguien habituado a ir dónde nunca nadie ha ido antes, pues qué requetebién, no es hazaña de nuevo (o quizá lo sea por eso mismo).

Vale que ‘Psycho’ (1998) no aporta absolutamente nada aparte de una evidente gran admiración a su antecesora, pero convengamos que en la doble cara de esto se huele una subrepticia exclamación a todo remake. Una crítica para la auto-introspección de quien a ello se vea abocado. Y por supuesto, eso es algo que tampoco se había hecho todavía. Viva al Psycho de Van Sant y viva al Psycho (1960) de Hitchcock, y ya que estamos: Viva a las no hazañas.

En esta ocasión vimos tres de sus películas más destacables -por diferentes motivos- tratando así de abarcar su compleja trama de intereses estéticos, formales y temáticos. Se nos quedaron en la retina pero en el tintero su primera apuesta de bajísimo presupuesto ‘Mala noche’ (1985), su grandioso ‘Cowboy de medianoche’ (1989), su gratamente reconocido éxito ‘Milk’ (2008), o alguno de sus trabajos más famosos como ‘El indomable Will Hunting’ (1997). Sin embargo elegimos su última película ‘The sea of trees’ (2015), el clarísimo clásico inmediato ‘Mi Idaho privado’ (1991), y la que nos parece su mejor película de todas cuantas ha hecho hasta el momento, ‘Gerry’ (2002). La cual forma parte de su trilogía de la violencia junto con la aclamada ‘Elephant’ (2003) y ‘Last Days’ (2005). Pero que aún así, ‘Gerry’ destaca sobre estos dos títulos que son mucho más famosos. La primera por ser el retrato de la masacre del instituto de Columbine y la otra por tratar las vicisitudes del pobre Kurt Cobain justo antes de pegarse el tiro.

‘Gerry’, aparte de ser el nombre común de los dos únicos personajes de la película, es además un término acuñado por Ben y Casey Affleck y su amigo Matt Damon que quiere significar ‘fucked up’, o sea: ‘jodido’. Pero jodido en su acepción más primigenia: hecho polvo, deprimido, hundido, (incluso, lerdo). Por eso hemos titulado esta entrada así para referirnos a un autor que sabe profundizar como pocos en los entresijos de esta tan humana condición -ya sea como afección o como simple rasgo característico-. Evidentemente que aquí también se revertiría en su sabia acepción inversa: ‘¡qué jodido este hombre que sabe retratarnos tan bien cuando nos sentimos tan jodidos!’, algo así…

‘Gerry’ es un agrio poema abstracto que nos conduce a los territorios más deshabitados de nuestro propio inconsciente. Un poema que desde el primer momento facilita al espectador una serie de reflexiones tan íntimas como inmediatamente rechazables, por inhumanas.

Su letárgica y repetitiva secuenciación nos distancia y nos oprime, nos sumerge en nuestro oscuro pozo personal mientras nuestra mirada se va perdiendo en el horizonte. Hasta que nuestros ojos son todo pixel ya, porque ya solo pueden ver microscópicamente en la lejanía. Nuestra mirada apática se va apagando y consumiendo a medida que nos damos cuenta que no concordamos ya con lo creíamos saber de nosotros mismos.

Vidriosos ojos que evocan olores densos y fétidos. Imágenes que hacen brotar ocultos sabores. Fluidos alcalinos insuficientes para tanta acidez -que en principio jamás asumiríamos como propios-. La incómoda sensación de no estar del todo bien con uno mismo. O si lo estamos, encontrarnos de pronto en la senda donde lo ponemos a debate, en nuestro corazón.

Esta película hace aflorar sentimientos que se alejan de todo sentido común. Casi que podríamos decir que es como si se tratase de una letanía al ego menos asumido y asustadoramente revelado, aquí. Y no se va tanto por el instinto como todo lo anterior parece presuponer, sino que se queda en la superficie de interrogantes lógicos/ilógicos. Por eso resulta ser tan personalmente sobrecogedora. No está en causa nuestro yo animal, sino nuestra humanidad más irreconocible.

Su argumento es aparentemente muy básico: dos amigos que deciden dar un paseo por unas rutas salvajes en medio del desierto. Para alejarse de los turistas y tener su propia experiencia dejan atrás los caminos más frecuentados hasta perderse completamente.

Ya al comienzo, cuando salen del coche, tan solo llevan con ellos dos botellitas de agua, una cada uno. Pero a medida que la película transcurre y no hay nada a la vista… cada vez hay menos y cada vez hay más ‘nada’. ¿Pero serán tontos? Se han perdido y no era ese el objetivo ¿verdad?

Gradualmente, entre ellos, se empieza a abrir una extraña fisura -comprensible- pero es que cada vez es más ancha y profunda. Una oquedad que lastra, otro hiato también comprensible. Hasta que las grietas -como el suelo de un desierto otrora bañado- son ya totalmente irreversibles.

Así vista, esta película podrá parecer poca cosa, pero en parte, ello nos remite a toda una serie de ejercicios pictóricos que normalmente -relegados a los museos- no se dejan ver en los circuitos más frecuentados. Su lenguaje abstracto es tan cercano al video-arte que por momentos tenemos la sensación de entrar en estado hipnótico. Aquí son dos actores estrella llevando toda la carga y por eso se nos hace posible visitar este mundo -más bien oculto por nosotros mismos de forma inconsciente-. No obstante, como el espectador es el responsable de rellenar los huecos inmensos que sugiere, eso la transforma en una película difícil, sumamente exigente. Quizá en ello también radique su mayor valor. Queremos creer que sí.

Al final -a modo de guinda- surge una pregunta existencial o anti-existencial que seguramente seguirá transcendiendo en vuestras consciencias mucho después de que la hayáis visto…

‘Mi Idaho privado’, se trata de un indiscutible clásico reciente -perteneciente al género de cine de culto- que entre otras cosas ha extendido la mitológica sombra que cae y recae desde River Phoenix -destacado coprotagonista- junto a Keanu Reeves. Los dos jovencísimos y muy guapos e increíblemente talentosos ambos.

Pero recordando a Phoenix en particular -nos viene inmediatamente su niñez- y ciertamente no está de más explicar que él no fue el caso típico de niño prodigio. Él nunca pisó una escuela de interpretación y además fue él quien pidió a sus padres probar una carrera en el cine. Su modo de actuar completamente natural y sus sinceras interpretaciones nos llegaron al corazón a más de uno. Y todo lo demás es cosa de su eterno centelleo en el firmamento.

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Los más conocidos son sus papeles en ‘Stand by me’ (1986) y en ‘Running on empty’ (1988) -esta última casi le valió un óscar a mejor actor secundario-. Pero además de haber sido el joven Indiana Jones en su ’Última cruzada’ (1989), ya antes había trabajado con Harrison Ford en ‘La costa de los mosquitos’ (1986). Y a modo de curioso apunte, recordamos su última película ‘Dark blood’ (2012), la cual estuvo por terminar durante 19 años debido a la muerte de Phoenix y a una larga enfermedad de su director, el alemán, George Sluizer. Pero el director prometió que la terminaría y lo hizo.

Debido a la falta de las escenas que nunca se llegaron a rodar, se insertaron comentarios explicativos de lo que se suponía que debería haber estado. Dark blood es una excepcional pieza incompleta y como tal ganó el epíteto de obra suficientemente pulida a punto de poder considerarse prácticamente terminada. En ella fue la primera vez que Phoenix interpretó al villano y sus actuaciones son totalmente deslumbrantes.

Originalmente titulada ‘My own private Idaho’ -brillante joya- llevó recientemente James Franco a trabajar con Gus Van Sant en el rescate de las tomas descartadas y no incluidas para: ‘My own private River’ (2012). La cual constituye un bello homenaje al malogrado Phoenix.

Si pensáis que todo esto no pasa de más unos cuantos ejercicios fetichistas para estrujar la gallina de los huevos de oro, recordad también lo necesarios que se nos hacen los mitos.

En la original, Mike -River- sufre narcolepsia, una afección que provoca brotes de sueño espontáneos debido a algún episodio de estrés. Cuando esto ocurre se traslada en sueños a su Idaho privado. Lo cual supone un triste recuerdo por haber sido abandonado por sus padres de pequeño. Scott -Keanu- por otra parte, es el hijo heredero del rico alcalde de la ciudad.

Scott y Mike son muy amigos y trabajan juntos como chaperos. Mike porque no le queda otro remedio y Scott como motivo de rebeldía hacia su padre y a la vida que le espera, puesto que ha decidido que al cumplir 21 cambiará radicalmente y empezará a hacerse cargo de los prestigiosos negocios familiares.

Mike quiere encontrar a sus padres y Scott le ayuda a buscarles -hasta a Roma llega su periplo.

A pesar de contar varias realidades muy terribles, la película no se acoge al tono sentimental que sería de suponer. A fin de cuentas, ellos son jóvenes y viven una vida de gran libertad -rebeldía justificada, incluso victoriosa- que glasea la película de un tono jocoso muy apelativo. Pero hacia el final, Gus Van Sant nos propone una reflexión más peliaguda: Mike y Scott son diferentes porque la sociedad los has tallado a su antojo y por tanto, innegablemente no pueden seguir siendo amigos. Mike y Scott pertenecen a mundos opuestos y el tiempo en el que transcurre la película fue tan solo el momento en que coincidieron, de casualidad.

‘The sea of trees’ -el mar de árboles- es la última propuesta de este director tan dispar. Con el cada vez más denso Matthew McConaughey, Van Sant vuelve sobre sus temas predilectos y les da una nueva pátina. Aquí vuelve a hablar de soledad pero también de culpa. Pone en perspectiva la egocéntrica violencia dentro de una relación de pareja y sobre todo, se pregunta cuales son los más comunes motivos que pudiesen desembocar en suicidio. Y con ‘los más comunes’ queremos decir precisamente eso, los motivos por los cuales más gente lo haría. [Lo remachamos de esta manera por las duras críticas que se le hicieron en Cannes].

Esta película no sería tan especial como sus antecesoras porque su importante contenido se desarrolla con un lenguaje más accesible y ligero. Y por lo tanto, resultaría ser más convencional. Entendemos que estos temas son tan universales que también interesan a las personas que no aguanten, por ejemplo, un ‘Gerry’. Creemos que Van Sant tan solo trató de acercárselo también a aquellos.

‘Gerry’ (2002) está inevitablemente muy presente en el visionado de esta nueva película de Van Sant. Es constante nuestra tendencia a pedirle que nos deje a nosotros masticar también un poco. Pero por otra parte, es como si estuviésemos escuchando un cuento de los hermanos Grimm. Con lo cual, no se hace pesada ni nada por el estilo. A todos nos gusta que nos cuenten un cuento de vez en cuando, ¿o no?

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4 thoughts on “El ‘jodido’ y enorme Gus Van Sant

  1. Cómo hablar, cómo describir, cómo reflexionar, cómo sentir…Gerry, no puedo expresar si no con el corazón. Abre puertas desde la introspección, del lado más humano, sin dejarnos indiferentes en cada plano. Llena y vacía al mismo tiempo. Un nmenso paisaje, salvaje, solitario, agorafóbico si se puede emplear la palabra, idóneo para perderse, lejano, intemporal, y 2 vidas que confluyen allí en la búsqueda de algo. Mi mente no para se hacer numerosas analogías entre tantas y tantas pelis, que como bien deciis, el texto no es sólo el medio conductor, lo es todo, en el mismo ritmo, que suceden las imágenes, como video arte (A. Tarkovsky es mi maestro x ejemplo). Pero es que es muy dificil expresar todo lo que se quiere contar desde esta intimidad personal y es por ello que como un hermosa obra de arte te puede llegar a sugerir y conmover tal inmensidad de cosas. Y aquí Gerry, los Gerrys, me sugieren a nuestro alter ego, y el punto en el que estamos en nuestra vida, en el que a veces en este largo viaje, nuestro compañero y amigo, con el que compartíamos grandes hazañas, batallas ganadas y otras perdidas, tenemos que abandonar, y retomar el camino, quizás para madurar y seguir la carrera solos, o emprender nuevos horizontes. A veces para nacer, algo tiene que morir (cambiar). Tal vez parezca que estamos perdidos, o nos queramos perder para reflexionar. Y quién mejor con el que nos ha estado acompañando. En esta peli, están ambos perdidos, uno denota el aspecto racional, y el otro el emocional, ambos tienen su lógica para sobrevivir. Cuál es la mejor opción? Pero un Gerry está abatido, y quiere morir, siente que se está yendo, aunque tenga 2 botellas de agua en el coche, ya no hay más pasos que dar, salvo despedirte de él…peeero es en el coche, la imagen del niño, el Gerry yacente, la reencarnación, ese niño que todos llevamos dentro y nos acompañará siempre? Es otra vez de nuevo la vida desde la niñez hasta el padre?. Feliz viaje Gerry.
    Sea of trees, me inunda de nuevo en estas reencarnaciones mágicas, que dan un punto de sentido a la vida. Aquí, es otra especie de purgatorio como Gerry, otro Fausto que transmigra a través del sentimiento de culpabilidad. Descubrimos lo que verdadermente importa en nuestras vidas cuando ya no lo tenemos, o vamos a perderlo. El amor es lo que perdura. Su alter ego también le acompaña cuando está perdido y quiere perderse para siempre, (su esposa reencarnada en Takumi). Y con él consigue abrir su corazón para volver a valorar la vida con sus pequeños y maravillosos detalles. Por muy didicil que sea el camino, nuestra humanidad es la que nos hace renacer.
    Películas que no dejan indiferentes a nadie, sentimientos universales plasmados con gran maestría!

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    1. Muchas gracias por tu comentario NAS.
      Tus observaciones son fascinantes. De hecho nos sentimos muy identificados con todo lo que dices a cerca de la vida rehaciéndose en la mirada de un niño. Todo lo que dices nos eleva y nos transporta a esa dimensión en la cual el sueño es más posible todavía. Es un texto muy cuidado el tuyo pero sobre todo es emocionalmente preciso y tan locuaz que muestra tu gran humanidad.
      Qué suerte tan grande tener seguidores que conocen nuestras propuestas y que las sienten de forma tan próxima y apasionada.

      Si hay algo que no llegamos a entender se prende tan solo con tu omisión evidente. ¿No te gustó ‘My own private Idaho’ o aún no pudiste verla?
      Esperamos seguir enseñando películas que sean de tu agrado y responderemos a tus comentarios que para nosotros son como agua de mayo.

      Muchas gracias

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  2. My own private Idaho. My own review
    Después de volver a verla tras largos años, no sé muy bien qué decir, ni por dónde empezar. Así que escribo desde un corta pega para no liarme demasiado.
    Quizás no me parece tan fascinante xq me resulta demasiado fría. Aborda una vasta y áspera realidad sin profundizar, y te lo suelta así, sin más miramientos, y los deja en la superficie. El espectador ya se hace cargo de asimilarla, xq aquí, poca empatía se va a ver. Me asemeja una road movie, con tintes surrealistas a lo David Lynch, o de un histriónico Terry Guilliam, pero sin subjetividades que estén más allá. Son como símbolos de la superstición mundana, del significado patético de la suerte.
    Quizás me falta la catarsis. En esta peli, todo sigue, da igual…
    Ambos personajes, jovencísimos, persiguen su sueño pero son presas de su destino. Un destino marcado por un sistema social imperante e implacable. El lado mágico, onírico, espiritual, lo tiene Mike; Scott es su antagonista. Mike fue abandonado( no tiene nada), Scott es el que abandona ( lo tiene todo). Mike busca a la madre, Scott busca al padre. Y en un mundo tan hostil como en el que se sumerjen, no hay calidez. Es tal y como es. Tan solo los episodios de narcolepsia que sufre Mike son los que transportan a lo ideal, a la calma, la paz, el sol en los campos amarillos de Idaho.
    La rebeldía de Scott es hipócrita, y lo sabe cuando lucha contra esa hipocresía, sabe perfectamente que acabará igual, en el mismo el sitio del que vino, porque es lo que le gusta, sólo que en esos momentos no tiene el poder, pero ya lo tendrá. Y así, con la muerte de su padre, se convierte en el padre, como su padre. Suerte?…En cambio Mike, necesita el amor, de lo que sintió cuando era niño con su madre, y sabe perfectamente lo que es. Su mundo no se lo permite, y sin embargo se lo muestra a Scott (un niño malcriado y perdido), que lo encuentra casualmente y sigue su rumbo aparte (qué suerte!). Los dos se compenetran en el sentido en que uno le aporta al otro, y está claro que sin estar sujetos a compromiso. Suerte tienen en haberse conocido.
    En definitiva no sé si denota la confrontación entre lo que son los sueños de cada uno, de lo que está lleno, y de lo que está vacío. De tener todo lo material y estar vacío y estar lleno en ese vacío inerte; y de no tener nada, a estar lleno en la nada intangible y vital. El entierro de ambos padres, de ambos clanes, me sugiere tal cosa. Unos lo celebran, otros se aislan en la formalidad de los acontecimientos.
    Y todo sigue igual…xo cada uno acepta su verdadero rumbo. A fin de cuentas, si que existe una elección. Así que sí, han tenido suerte…

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    1. Thanks for your own review, Nas
      La tuya, es una excelente mirada sobre una película que amamos y aunque podríamos afirmar haberse quedado en una época tan nihilista, seguimos sintiendo extremadamente viva y de cierta forma sus temas siguen muy vigentes.
      Nuestro amigo Jesús Granados decía recordar ‘Mi Idaho Privado’ como una historia más bien sórdida y no le dieron ganas de volver a verla. Le respondimos que no nos parecía para nada sórdida, que más bien la veíamos como una historia triste contada con una desternillante chispa. No desarrollamos porque tampoco se proporcionó.
      Tu review no obstante, nos hace reflexionar sobre lo parecida que te resulto a ‘Gerry’. O al menos, eso es lo que percibimos cuando cuentas de esa dejadez, ese ‘todo da igual…’ tan propio de unos noventa, tan bien encarnados, por ejemplo, por Kurt Cobain. Sobre el cual -en su línea- vuelve a recaer más tarde la mirada de Van Sant en ‘Last days’.
      Porque como bien dices, aunque vayan persiguiendo sus sueños -River y Keanu- todo se queda igual, o va a peor incluso, en el caso de Scott… pero de todas formas, eso será tan solo lo que nos quiera parecer a nosotros en cuanto espectadores, puesto que es justamente lo que el personaje elije para sí mismo. Mike tiene su mundo narcoleptico en el cual refugiarse y Scott ha elegido vivir en varios mundos porque la ‘suerte’ se lo ha permitido. Menuda suerte de pacotilla.
      Pero también es cierto que aquellas escenas en las que sabiamente Gus Van Sant borra toda sordidez -precisamente- nos resultan muy divertidas (en ciertos casos quizás incluso por vergüenza ajena como cuando Udo Kier se pone a bailar con la lámpara) lo cual no quita para que no sepamos a lo que se refiere Gus y que un escalofrío nos pueda recorrer cada vértebra por momentos. La goma de borrar de Gus no es tan eficaz. Pero tampoco debemos obviar que una obra lo es en todas sus dimensiones, y Van Sant eligió no llorar la leche derramada. Olé Gus.
      Ahí precisamente es dónde se borra toda sordidez y un átomo de esperanza nos alcanza de lleno. Ahí y quizá también en la escena del funeral. Cuando muramos, queremos que nos celebren, please… queremos un funeral como el de Bob, por favor!!! Probablemente el funeral más bonito de todos cuantos hayamos visto en el cine… Pero nótese, que sin su antagónico funeral de etiqueta transcurriendo justo al lado, tal vez este nuestro funeral de elección se hubiese quedado en una anécdota, incluso de mal gusto. Otra esperanza más.

      Son nuestros corazones los que se están formando a través de este tamizado cinematográfico que a veces puede ser demasiado agrio e implacable… mucho más realista a veces de lo que tenemos en suponer cuando el cine se vuelve entretenimiento o mero pasatiempo. Pero este es cine el que cuenta al fin al cabo, porque es el que forma, informa y persistirá.
      Este delicioso Idaho Privado quizá sea realmente muy parecido a ‘Gerry’ después de todo. Mas de lo que podríamos haber supuesto. Porque a fin de cuentas, la vida es muy ‘jodida’ y casi nunca la esperanza se nos sirve en bandeja. Esta es una ‘Gerry’ de vida… en Portugal se le diría “fado de un cabrón”.
      Gus Van Sant se ha especializado en ello y admitimos que nos ha calado muy hondo. Pero el cine es tan extenso que no podemos dejar de entregarte también toda nuestra esperanza, Nas:
      Este viernes trataremos algo radicalmente opuesto y también altamente interesante… a ver si lo adivinas!!!
      Pero sobre todo, muchas gracias por tu introspección Nas.

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