The Get Down – Baz Luhrmann tiene mucho estilo

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Sin duda este estupendo director es uno de los que lleva todo al extremo. Es insaciable. Siempre quiere más. De lo mejor y de lo menos barato. Además, siendo consciente de ello y sabiendo exactamente lo que más nos pone. Y por tanto, que el precio finalmente es lo de menos.

No existen demasiadas referencias que sean tan viscerales y saludablemente tan perfectas como esta serie de la cual acabamos de ver la primera tanda de episodios -‘The get down’ (2016)- los seis que nos ha puesto a disposición Netflix, hasta el momento. Porque los seis que quedan llegaran tan solo en enero. Pero qué malignos ¿Cómo pueden hacernos esperar tanto?

Es cierto que los años setenta fueron cuna de muchas de las expresiones más kitsch y horteras de la historia. Evidentemente, eso se refleja en la serie. No es que sea el rasgo más destacado de esta obra superlativa ni mucho menos, pero en ello se nos antoja subrayar la importancia del estilo.

El estilo puede ser sobrio y puede ser clásico y puede ser bello, pero tan solo al entrar por las puertas de lo arriesgado se le debería atribuir tal calificativo. Porque convengamos que el estilo sobrio no es estilo ni es nada. El clásico más de lo mismo y lo bello… bueno vale, pero para un momento, que luego ya el cuerpo empieza a pedir chicha…

Los años setenta fueron de esas épocas en las que se registraron más extremos estéticos en la escala Richter o en la pasarela del ‘posing’, del ‘voguing’.

Picos nunca antes imaginables. Pero pensemos por un momento… ¿será tan importante esto del estilo? Pues sí.

El estilo define o amolda, explora o estanca. El estilo, en cierta forma, es lo más importante. Porque es el estilo el que dice -en los casos que más aplaudimos- de la singularidad de cada individuo. Es evidente que hablar del estilo de los setenta no se acerca ni mucho menos a esto de qué hablamos, hacia donde nos interesa llevar este carro. Pero ‘the get down’ lo patenta.

Baz Luhrmann es el responsable de pocos títulos pero todos éxitos rotundos. Obras de ese tipo que calificarían muchos como ‘maestras’. Sin duda aprendemos mucho con ellas, y se vuelven -inevitablemente- referentes de muchas otras, pero llamarles ‘obras maestras’ encierra un grave peligro. Puesto que no debería jamás reproducirse su estilo en lo subsecuente. Es decir, crear escuela. Las escuelas, como todos los ‘ismos’, atienden a formas de pensar muy específicas que encuentran manera de vender ideas prefabricadas en las que se generan cánones que finalmente terminan aplastando la creatividad. El estilo de Luhrmann podría generar escuela en muchos sentidos, pero si seguimos al pie de la letra la moraleja sobre la cual insiste ‘the get down’, su única escuela sería la de hacerla nosotros mismos. Y una escuela individual para cada uno pierde el sentido porque eso no es escuela. Eso es puro estilo.

‘Strictly Ballroom’ (1992), ‘Romeo y Julieta de William Shakespeare’ (1996) ‘Moulin Rouge’ (2001), ‘Australia’ (2008), ‘El gran Gatsby’ (2013). Todas ellas son películas grandes, sonantes y contantes. Su estilo por tanto, es grandilocuente. El tema transversal es invariablemente el amor y la música juega -casi en todos sus títulos- un papel fundamental. La fotografía y el montaje, y Leonardo DiCaprio y Nicole Kidman y Hugh Jackman, y la enorme calidad de todo lo que envuelve sus producciones hace de su cine algo realmente caro. Pero definitivamente no podemos llegar a discernir por qué ‘the get down’ fue tan excesivamente cara. Dicen que no es la serie para la tele más cara de la historia pero que se le acerca bastante. Y eso que no cuenta con efectos especiales exagerados ni nada así como escenarios de otro planeta. Y a día de hoy, hay sin duda series que visualmente son mucho más arrolladoras y supuestamente deberían haber costado más. Pero parece ser que el encarecimiento de la serie se prendió mucho a la necesidad de perfección de su creador, productor y máximo responsable, el ‘no mira a medios Luhrmann’. Y gracias Baz. ¿A nosotros qué nos importa qué te haya costado si al final solo podemos aplaudirte? ¿Por qué se tendrá que vender una serie tan buena como la tuya con titulares de tan mal gusto? Será el rap, el hip-hop, el break dance, el grafiti también. La ostentación y la superficialidad. Ah vale, si es por eso… Yeah. Lo cual también es estilo, por supuesto.

Pero a nosotros el estilo que nos interesa es ese que coloca arenilla para que luego desarrollemos la perla. Y el precio de esta perla que es ‘the get down’ es impagable cuando nos fijamos en la arenilla metiéndose hasta lo más hondo de nosotros mismos. Pero adentrémonos ya de una vez en su grandiosidad.

Esos niños que salen en pantalla (en destaque Justin Smith y Jaden Smith, que en realidad ni siquiera son primos lejanos) encarnan a los inventores de algo que transformó el mundo. Lo malo es que fue una invención tan buena que da la impresión que el mundo se quedó prendido a la reverberación de un eco que ni sabemos de lo lejos que viene ya. Pero es que seguimos escuchándolo en unos altavoces tan potentes que parece que no se ha hecho nada más después de esta invención. No somos muy entendidos en música popular, pero al menos a nosotros nos da esa sensación.

Es el grito de las calles agonizantes. Es la solución a todos nuestros males y es la revelación de la revolución que debemos tener muy presente. Por eso lo de las grandes limusinas y todas esas cadenas y dientes de oro que llevan los raperos de hoy día -lo cual tendría que seguir justificado-. Todos ellos cenicientas malotas que deberían emocionarnos porque se hicieron a sí mismos en la mugre y brotaron de los escombros. Pero nos tememos que no sea así exactamente. Confesamos que mucha emoción no nos transmiten, y lo sentimos en el alma.

Quizás los setenta y el advenimiento de los DJ haya sido el último momento real de la historia de la música. Después de ello el desierto infinito es inescrutable.

¿Pero que es ‘the get down’? Eso aún no lo sabemos del todo, quedan 6 capítulos para terminar de definirlo. ¿Agacharse? ¿Agacharse para luego resurgir victorioso? Siendo el Rey –así como quieren proclamarse los protagonistas de este notable y generativo portento visual/sonoro- cuando más bajos no podían estar… ¿Agacharse aún más? Puede que tenga sentido, pero ese aún no lo hemos descubierto del todo. Seguramente tiene que ver con los sapos que hay que tragarse uno para alcanzar las cúspides de nuestros propios sueños. Es probable.

Porque la creación de algo nuevo no es nada fácil. Aparte de ingenio, una juventud inherente y una gran dosis de perseverancia hay que tener muy claro el objetivo que se persigue.

La creación de algo realmente nuevo que sea tan imprescindible al punto de cambiar el mundo es aún más importante que el estilo. Pero una vez más, quizá el estilo siga siendo lo más importante, puesto que el mundo solo cambia si cambiamos nosotros mismos. Crear un nuevo yo. Auténtico. Ese es el reto que propone el ‘get down’. Y sabemos a ciencia cierta que debería ser ese el reto de todo el mundo.

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Los resultados de aquel advenimiento artístico son conocidos -el arte se acercó finalmente a la calle. El grafitero Jean-Michel Basquiat conoció a Andy Warhol y se transformó en el primer hombre negro a entrar en la historia del arte. Y lo demás no quedó en el pasado porque queda muchísimo por hacer todavía… ¿se habrá dado cuenta la historia del arte y sus eruditos que realmente eso pasó? ¿Se habrán fijado ellos en la calle? ¿Nos habremos fijado todos nosotros? ¿De hecho?

Podéis echar un vistazo a esa joya que hizo Julian Schnabel, ‘Basquiat’ (1996), el fantástico Jeffrey Wright y el inmenso David Bowie contándonos una parte fundamental de la historia. Con mucho mimo y conocimiento de causa, Schnabel fue uno de los artistas presentes en la escena artística neoyorquina de los setenta/ochenta, por eso además -es muy de fiar-.

Y la historia sigue… hace unos días salió una teoría que apunta a que el líder de Massive Attack, Robert del Naja, podría ser el misterioso grafitero, Banksy. ¿Pero por qué querríamos saber quién es? ¿Es que ir de incógnito para hacer reflexionar -sobre un montón de cuestiones tan importantes- al ciudadano común, es algo que nos perturba tanto? ¿Quién le paga al periodista que se puso a hacer esta investigación? ¿Cuánto te han pagado? ¿Es el arte de Banksy un crimen o lo es el hecho de que tenga que ir de incógnito?

Seas quien seas Banksy, qué J. K. Rowling te regale una capa de invisibilidad y que nunca nadie descubra quién eres de verdad.

banksi

Su trabajo, su revolución, se puede ver en las películas: ‘Exit through the gift shop’ (2010) y ‘Banksy does New York’ (2014).

 

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